mayo 15, 2019

Legs

Ahora mismo ya perdí la cuenta de los meses que llevo yendo al gimnasio. Han sido ya numerosas semanas en las que voy dos o tres veces a hacer diversas rutinas de ejercicios y puedo decir que ya echo de menos el ir cuando el cuerpo no me da.

La primera pregunta suele ser el motivo para comenzar a ir. La respuesta pasa por las cosas que ya hacía cada semana para mover un poco el cuerpo. Eso es, jugar fúþbol una o dos veces por semana, normalmente fútbol 5 (en equipos de cinco, seis o siete). Como ya lo hemos discutido anteriormente, aquellos contra los que juego suelen llevar ventaja en peso y estatura, por lo que cada golpe que me daban terminaba en una o dos semanas adolorido o cojo. Después de un rato de ver esta rutina, M. se ocupó de mis moretones y me animó a pensar en lo difícil que sería seguir jugando en el futuro si seguía así.

Porque ya no soy tan joven como antes, ya no es tan fácil sobreponerme a los golpes y las magulladuras.

El pensar en no poder jugar o en quedarme sin poder volverlo a hacer en unos pocos años me motivó a moverme más. A hacer algo al respecto. A fortalecer lo que pudiera para aguantar el embate del tiempo y de los hijueputas que me pegan.

Lo siguiente que preguntan es el motivo para seguir yendo. Esa es fácil: Voy con M. Ir solo me daría una pereza infinita y me daría espacio para echar globos y sentirme observado. Ir acompañado me distrae y hago mientras paso tiempo con alguien. Charlo las series. De paso, el entrenador de M. hace todo más fácil (¿o más difícil? no lo sé). Enseña, explica y acompaña las rutinas, así que siento que realmente estoy aprendiendo a hacer algo nuevo.
Aparte de eso, debo decir que me siento mejor y veo que estoy mejor. Efectivamente soy más fuerte y me va mucho mejor al jugar. Salvo algún pisotón en una uña, nada más ha pasado y esa es una gran señal, un gran cambio. Como efectos secundarios: estoy un poco más rápido, me recupero mejor durante y después de cada partido, le pego más duro al balón, ando más rápido en la bicicleta y me veo mejor.

Sí, parce. Creo firmemente que me veo mejor y es algo que no esperaba. Suena tonto pero es real; no pensé en el cambio de imagen que traería el ir a levantar cuatrocientos cincuenta libras con las patas.

*

Verme en el espejo y creer que me veo mejor me ha traído nuevas inquietudes a la cabeza. Pienso en los ejercicios de empoderamiento que vienen con el dejarse ver en una foto. Pero también pienso en lo mucho o poco que se necesita ese refuerzo externo y lo que dice del interno. Si para mí está bien, qué más da que me vean o no, podría decir. Y bueno, también está el que no dejo de pensar en que habría halagos y juicios (reproches, desaprobaciones) en igual medida si me dejo ver en una foto con menos ropa de lo acostumbrado. Igual, quisiera sentir que tengo ese poder de elegir dejarme ver y celebrar el sentirme mejor con mi imagen.

Parece que ya aprendí a sentirme cómodo entre los infinitos espejos de los gimnasios. El ver a los mismos en las mismas (en medio de las oleadas de gente que viene y va a medida que la culpa los empuja y la pereza los detiene) me tranquiliza porque ya sé que cada quien anda en su cuento. Una repetición a la vez, un minuto más a la vez.

En el fondo, creo firmemente que el autocuidado tiene mucho que ver con el arraigo. Tanto tiempo sintiéndome ajeno y en tránsito también me quitó la preocupación por el bienestar. Eso y los beneficios de un cuerpo amable que funciona bien. El mínimo bastaba para hacer todo, siempre.
Establecerme en un lugar, aceptarme en él y vivirlo junto a alguien me hace querer estar mejor por más tiempo. Prolongar la existencia tanto como sea posible con tal de seguirlo compartiendo. Nada de esto pasaría si no quisiera seguir caminando la vida junto a M. y, de paso, descubrir que se puede estar aún mejor.

abril 30, 2019

Abourtuit - 20190430

Últimamente me sabe un poco a mierda el encontrarme con los discursos que pregonan el que "con disciplina todo se puede". No, no es sólo cuestión de disciplina y dedicación. Siempre hay un componente de privilegio ahí metido, sin el que no se llega a ninguna parte.

*

La idea de los abortuits es de M. Si algo, ella tiene la culpa (y todo es gracias a ella).

abril 29, 2019

Abourtuit - 20190429

Pues nada, ya volvimos a los días en los que aparecía la gente con el corte franela o con el pipí en la boca. Todo muy accidental. Todo muy sin querer queriendo, no crean que perdimos el control de algo, ni más faltaba.

Los días de las amenazas, de la degradación pública y de los peores criminales representados o representándose a sí mismos en el Congreso.

Tal vez esos días nunca se han terminado. Muy seguramente debido a los de siempre que procuran mantener todo tal y como está. Las tierras en las mismas manos, el poder en las mismas cabezas.

*

Ya estoy planeando el siguiente tatuaje. A ver si encuentro quién convierta mi idea en un diseño chévere.

*

La Policía ya está llevándose patinetas eléctricas a los patios por invasión del espacio público. ¿En qué momento dejarán a alguien sin su silla de ruedas?

abril 23, 2019

Abourtuits - 20190423

¿Qué tan perezosos son los que escriben código y usan Stack Overflow en español? ¿Por qué creo que son más perezosos que los que usan SO en inglés?

Pues...


***

La única certeza que tengo al ir por la calle es que la Policía no trabaja por mi bienestar ni para protegerme de nada.

abril 17, 2019

Abourtuit - 20190417

Es bonito ver cómo Facebook, otrora servidor de juegos en Flash tan populares como la cocinita y la granja, va convirtiéndose poco a poco en un 9gag glorificado. Con opción para usar GIF animados como respuestas, con likes y corazones, con recordatorios para los momazos más buenos.

Ese es el destino que se merece. Estar lleno de información falsa.

abril 16, 2019

Fire

Es como muy normal que algo de 900 años se queme o se dañe. Que le pasen cosas. No dejo de creer que las personas logran lidiar con la historia de las cosas mientras no les toque vivirla. Mientras no les afecte el apego de turno y la costumbre.

Las cosas cambian, están y dejan de estar. Chicago y Londres fueron alguna vez una enorme hoguera y no dejaron de ser sólo porque les pasó algo que involucró fuego.

Fuego, el cambio permanente por excelencia.

En el fondo, el incendio en Notre Dame es una lección sobre los apegos inútiles y sobre cómo un montón de gente transforma cualquier hecho en algo sobre sí mismos. Como los noticieros colombianos, que buscan la forma de mostrar que hubo colombianos involucrados en cualquier cosa.

E igual, para eternas las montañas y las estrellas, pero no veo a nadie enviando sus oraciones cuando hay una supernova o cuando el temblor hace y deshace los cerros. Y si algo mostraban los 900 años de historia de ese templo es que los católicos son tercos; seguro la reharán.

Seguro la terminan de reconstruir antes que terminen en Colonia y Barcelona -risas pregrabadas-.

abril 09, 2019

Gonorreas

Ahora que no hay un conflicto como el que hubo en este país, las discusiones dejaron de tener máscaras y son ahora evidentes: los dueños del poder real, representado en tierras y en las pocas fábricas que hay, disputan los despojos con los desposeídos y los desplazados por las balas y las amenazas. Los primeros justifican el uso de la fuerza y la muerte con tal de conservar lo ganado.

Pero bueno, al menos tenemos ya un escenario menos opaco, menos diluido entre la niebla de las noticias, el miedo derivado de ellas y los programas de concurso que desconectan la indignación antes de dormir.

*

Microsoft publica oficialmente sus primeras versiones del nuevo navegador web basado en Chromium. Es decir, deja de hacer uno propio y reusa el que ya está construyendo Google (sí, sí, en el proyecto abierto. Igual es de ellos, parce).

Dicen en su sitio web
"Back in December, we announced our intention to adopt the Chromium open source project in the development of Microsoft Edge on the desktop to create better web compatibility for our customers, and less fragmentation of the web for all web developers. Now we're ready to show you what we've been working on, and invite you to come along on our journey." 
Esencialmente, es una declaración de abandono, donde aceptan que el negocio está es en que les compren servicios de Azure y licencias de Windows (que ahora se roba todos los datos y hace negocio con ellos como todos los demás).

Siguen pagando por haber detenido el desarrollo del entorno web unos diez años, por haber liquidado la competencia y por haberse quedado vendiendo Office de escritorio. Segundones en todo menos en el puto Office, que sigue fallando como siempre, sólo que ahora ya no se detiene inesperadamente sino que pierde todos los cambios y guarda el resultado en la nube para que no haya ya ni siquiera un archivo temporal a rescatar. Hijueputas.

abril 08, 2019

Abortuits - 20190408

Hay cosas que pasan por la cabeza y no dan para un post. Son como un tuit pero, como no hay twitter, no llegan a nacer.

* Debe ser más difícil hacer las pizzas por metro porque son líneas rectas y los pizzeros seguro la tienen más fácil girando las masas o amasándolas como esferas.

* Es muy curioso ver cómo la matanza ruandés se vende -exitosamente- como un conflicto étnico. La parte en la que los belgas dividieron el país entre pobres y menos-pobres se omite exitosamente para no hablar de cómo se puede construir un odio que antes no existía. Un caso más de Europa se caga en África. Una historia más que se vuelve "historias de pobres siendo violentos".

* Venezuela hoy ya va en el tercer segmento de las noticias del mediodía, en cortos de tres o cuatro minutos, muy por detrás de las noticias regionales. Seguro comenzará el ruido con la copa América para compensar la falta de emoción.

abril 04, 2019

Choice

Cada vez estoy más convencido de que la vejez es el camino a la pérdida de opciones. Perder la posibilidad de elegir sobre cada vez más y más cosas. Menos control, menos facultades, menos poder de decisión sobre lo voluntario e involuntario. Menos control sobre el irse del sitio en el que ya no se quiere estar, menos control sobre el lugar en el que sí se quiere estar.

Control. Elección. Libertad.

Los cumpleaños de los abuelos eran siempre, sin planearlo, una celebración de la libertad como parte esencial de la vida. Dejarles elegir qué hacer, dónde comer, cuándo salir, cuándo volver, dónde sentarnos, qué postre comer. Era un escape de la rutina que normalmente los limitaba y una suerte de regreso a un pasado más sonriente, con más picardía y alegría genuina. Ahí están los recuerdos de
los abuelos comiéndose el pescado que normalmente no probaban el resto del año, en el restaurante que normalmente les quedaba muy lejos, en un día en el que normalmente estaban con los nietos o tomando el sol en el parque junto a la casa. No importaba si no podían comerse todo o si era un poco más caro de lo que se compraba en el mercado; sólo importaba ser felices.

Este año, el cumpleaños de mi má fue una celebración de la libertad. De poder elegir de nuevo y de no estar limitados por las medicinas, por la rutina y por los malestares. Este año no hubo sorpresas ni decisiones mías; mamá eligió qué comer y dónde, si salir o no en la noche. Me limité a ser el facilitador de sus gustos -más que lo acostumbrado-.

Feliz día, má.

marzo 12, 2019

Pics

Picasa era un servicio novedoso que recién en estos días se está terminando de morir, al fin.

Picasa nació como una aplicación de escritorio que permitía editar fotos de forma intuitiva, cargándolas rápidamente en álbumes en línea para poderlas compartir. La interfaz se parecía un poco a la de Google Earth, si me preguntan. No era Photoshop ni pretendía serlo; era una opción más sencilla para quienes no sabían realmente cómo hacer que una foto se viese mejor.

Picasa fue una opción viable que ayudó a poblar miles de blogs y sitios web con contenido propio sin mucho esfuerzo. Alrededor de 2016, Google siguió con su rutina de acabar con las cosas que ya no le interesan o no le permiten generar ingresos por publicidad, acabando con Picasa (link pago) y redirigiendo todo a Google Photos en Google+.

Esta semana que comienza se supone que es una de las últimas para Google+. Todos los contenidos que estaban allí, incluyendo por supuesto las fotos, quedarán disponibles para sus dueños a través de alguna aplicación específica pero ya no servirán para publicar contenido. Es decir que miles de vínculos se romperán y de repente, llegaremos una que otra vez a enlaces rotos o páginas sin imagenes.

Pongamos como ejemplo este blog: no sé qué imágenes desaparecerán y ciertamente me da un poco de sopor el pensar en que debo ir a través de más de mil posts y ver qué fue lo que se perdió (porque ya una vez había pasado todo de un ftp en lycos.fr a google porque era más confiable).

La confiabilidad en tecnología definitivamente no depende del tamaño ni de la presencia en línea de alguien.

marzo 08, 2019

Guidance

En los últimos ocho meses he tenido el desafío de guiar un grupo de personas y hacerles creer que es buena idea hacer una cosa u otra. Creer que vale la pena seguir haciendo lo que estamos haciendo. Hacer cosas nuevas alrededor de lo que YA estábamos haciendo.

Siempre es más fácil dar órdenes que convencer y motivar. Sembrar esa semilla de interés que termina en ideas y en quehaceres valiosos. En fallos espectaculares que dejan algo aprendido. Y a mí me da mucha pereza dar órdenes desde que jugaba con carritos y el estralandia. Siempre prefiero un acuerdo en el que todos los involucrados entiendan por qué se elige un camino u otro (sobre todo si se supone que todos somos mano de obra altamente calificada).

Por ahora me dicen que lo he hecho muy bien. Todo indica que los sigo teniendo engañados: ellos creen que soy bueno y yo sigo siendo yo. Bueh, es verdad que he crecido un poco pero sigo sin ser eso que pintan como un programador senior.

marzo 01, 2019

Push

De unas semanas para acá, la Policía en Colombia se ha dado a la tarea de convertir las infracciones al Código de Policía en sanciones económicas.

La Policía los quiere con miedo. No tengan miedo. Puede que elijan no chocar con ellos pero no les tengan miedo. ¿Se supone que la gente va a hacer las cosas mejor si tiene miedo? La delincuencia organizada, que es grande y poderosa acá, esa no le teme a estos idiotas. Sólo el de a pie le va a tener miedo a la arbitrariedad. De paso, son un montón de comparendos que sólo atascarán más los lugares a los que deben comparecer los multados. Pero sobre todo es el miedo a hacer cualquier cosa, ese que buscan los que tienen poder a través de las armas y obedecen a los que quieren calles vacías y gente caminando sin mirar al frente.

También son estos patiños del Patiño mayor, el sub presidente, que van cada uno haciendo lo que cree conveniente sin alguna política que defina lo que sí se debe hacer. Como el inepto ministro de justicia, aquel que cree que lidiar con la flora y fauna de un país equivale a lidiar con las plagas en su finca. El que cree que jartarse un galón de glifosato es una buena prueba científica de lo bueno o malo que puede ser para la salud pública. Ese mismo homúnculo defiende las actuaciones ridículas de la Policía porque cree que así tendrá resultados por mostrar.

Es un inepto sin preparación ni carácter, rodeado de un circo muy malo que hace de forma individual lo primero que se le cruza por la cabeza, algo que suele ser una mala idea y que no suele tener mucha competencia en esas pequeñas y vacías mentes.

Es una suma de estupideces que, para el ojo no entrenado o la mente muy ávida, bien puede parecer un plan muy organizado. No es nada diferente a una profunda incompetencia y a una sed de poder llena de maldad.

febrero 06, 2019

Ranthought - 20190206

En algún momento, muchos comenzaron a preguntarse si el modelo de Amazon para vender libros digitales tenía sentido. Específicamente, comentaban cómola propiedad del bien adquirido se diluía hasta volverse puro éter. Se compraba un libro pero el libro no existía. Se compraba el libro pero el libro dejaba de existir si la cuenta en Amazon se cerraba.

Se vendía el acceso a algo que podía estar disponible hasta el fin del los días, del usuario o de Amazon. Pocas cosas más intangibles que esa. Todo depende, entonces, de que el usuario quiera tener o simplemente poder ver el libro en cuestión.

Ahora mismo el software, arquetipo de lo intangible desde su origen, recorre exactamente el mismo camino. Resulta que el software por el que pagamos ya no nos pertenece. Es una forma extraña de ir en contra de todo lo que el movimiento Open Source nos ha dicho hasta el cansancio. Las licencias para compartir y redistribuir el software. Todo eso se vuelve humo y ahora los proveedores nos ofrecen sus productos por una (no tan) módica cuota mensual. Así como el libro se convirtió en un pago por poderlo ver, el software se volvió un pago por el servicio, por el uso del software durante el período de tiempo autorizado. Puedes utilizar los archivos que generas con este software siempre y cuando pagues por nuestro servicio.

A la mierda se fue todo el discurso de la tecnología como factor de igualdad. Como para quitarle las alas (de cera) a la cháchara de la economía naranja.

Supone uno que, con cosas como el bloqueo completo de un río mayor en las noticias, lo siguiente será cobrar por no morirse deshidratado como siguiente etapa del cobrar por el agua potable.

febrero 02, 2019

Driver

Los adolescentes hacen muchas cosas mientras pasan tiempo con los amigos del colegio. Sobre todo si son esos colegios estúpidos en los que sólo hay gente del mismo sexo biológico. La gente se compara el pipí, comparte pornografía y todas esas cosas.

Y bueno, a mí lo de la comparación nunca me pareció divertido ni relevante, así que ese tiempo lo gasté jugando videojuegos. Hubo uno en particular al que le boté muchas horas junto a un par de amigos: Driver. Era un juego de PlayStation en el que se hacía de chofer (policía infiltrado) para llevar y traer ladrones y mafiosos. Misiones y misiones cruzando las calles de varias ciudades gringas a toda velocidad, esquivando policías en medio del tráfico habitual. Un juego particularmente entretenido y con alto grado de dificultad en varias misiones; de ahí que le haya dedicado tanto tiempo con los amigos.

Pues bien, recién hoy encontré la película que seguramente inspiró la historia del juego. The Driver (1978) ofrece una historia medio neo-noir con persecuciones buenísimas (¿mejores que en Bullit?) y una red de engaños y trampas. Con los mismos carros que usa el juego (la misma época) e incluso una secuencia que resultó ser la prueba inicial del videojuego.

Si les gusta el cine noir, la gente persiguiéndose en carros a toda velocidad o creen que les dará nostalgia del videojuego como a mí, deberían ver esta película. DIcen que a Tarantino le gusta, si es que eso tiene algún valor para ustedes.

enero 16, 2019

Coordination

Ser jefe es cansado. Por encima de todo, es un quehacer cansado.

Hace meses que no me siento a escribir líneas de código y a veces extraño la tranquilidad que trae el sentarse a resolver cosas con líneas de código. La simplicidad casi ascética de la vida dedicada al cuidado del código base. A duras penas me siento a hacer pruebas de concepto y revisión de las ideas que pueden terminar en el producto. O de los casos de soporte que la gente de Soporte no logra resolver. O de los bugs que se encuentra uno por ahí.

Añádale un poco de LidiarConMuchachosSinInterés. Y la dosis normal de PelearConGenteQueTienePoder.

Eso sí, mis habilidades para hacer uso de todo Office 365 han aumentado significativamente. Ya tenía cinturón negro en Excel; ahora puedo lidiar con la suite completa y ser dizque-productivo.

No dejo de pensar que preferiría volver a hacer algo simple, algo que me permita trabajar de forma remota todo el tiempo.

enero 15, 2019

Margaret

No han pasado más de una pocas semanas desde que subí a Patios por primera vez en mi bicicleta de todos los días y todavía me sorprende haber podido hacerlo.

Seis kilómetros y medio de un sufrimiento físico y mental que se prolongó por 32 minutos (o algo así, porque no lo puse en Strava para no andar buscando su aprobación). Un reto que salió de una propuesta casual en la oficina, donde alguno del equipo sugirió subir un domingo temprano. La sugerencia rápidamente se convirtió en un plan y así fue como terminé el domingo a las 6:30 esperando gente en el puente Belisario (que de repente pasó a tener el nombre de una persona muerta).

Lo primero que debo decir es que fue otro escenario en el que pude refrescar la idea del colombiano como un ser esnob siempre y en cada escenario de la vida. Es imposible para muchos compartir el gusto y el disfrute de algo sin pordebajear a otros y enrostrarles su inexperiencia. No se pare ahí, no se vaya para allá, no haga esto o aquello. Mil cosas que todos saben y le enrostran al bisoño cuando lo creen conveniente.

Una vez estábamos todos y salimos cuesta arriba, la siguiente tarea fue encontrar el ritmo ideal. No es la bicicleta más liviana y tampoco salgo en la bicicleta más allá de los ires y venires oficiniles (y los desvíos a sitios aledaños cuando es necesario). Así pues, encontrar qué tan rapido podía y debía ir en la subida era la diferencia entre la sensación de tener los muslos en llamas y un ascenso ininterrumpido. No tardé más de un par de curvas en encontrar el ritmo; el siguiente reto era mantenerlo a pesar de todos los que, no sé cómo, iban más lento que yo. Yo iba en el plato lento, en un cambio lento. De alguna forma, había gente que iba más lento que yo.

Una vez encontré el ritmo y me sentí cómodo, lo siguiente fue pensar que podía llegar arriba. Que no faltaba mucho para llegar al segundo kilómetro. Luego estaba el tercero y eso era prácticamente la mitad. Una izquierda, una derecha y llego al repecho. No debo olvidar que después del CAI viene una cuesta dura. Efectivamente, uno llega al CAI y viene una pendiente más pronunciada que prueba la cabeza más que las piernas. El subir y subir, el no dejar de subir una pendiente a pesar de todo lo que se ha pedaleado, es tal vez una de las pruebas más grandes a la paciencia que uno puede tener. No hay más que hacer aparte de seguir subiendo. Ya llegará el repecho prometido, posiblemente en la siguiente curva a la izquierda. O a la derecha. Pasa un señor en su bicicleta y me anima: "vamos, vamos, hay que darle". Y le doy. Voy.

Hay algunos que pasan raudos en sus modernísimas bicicletas y trajes ligeros. La mayoría va a un paso cancino. Ir temprano garantiza que el tráfico de carros es mínimo y es fácil adelantar en doble y triple línea si el ritmo lo permite. Miro el asfalto que se queda atrás bajo la rueda, las líneas que pasan y se mueven al ritmo del pedaleo. Veo la siguiente curva y logro llegar a un puente peatonal, a partir del cual se supone que hay un repecho salvador. Y lo hay. Hago un cambio al fin y logro dar pedalazos más sueltos para aliviar las piernas. Avanzo y veo llegar el marcador del sexto kilómetro. Sólo queda la subida al peaje, un par de curvas, y todo se habrá terminado. Subo con el doble de ahínco y casi creo que podría haber subido más rápido. Descubro aquí, al final del recorrido, que me guardé todo el tiempo para tener la certeza de poder llegar, pero que posiblemente podría haberme esforzado un poco más. La próxima, me digo con confianza.

Llego y me encuentro con el que iba en la bicicleta más moderna del grupo. Me dice que llegó hace poco menos de cinco minutos, lo cual lleva a concluir que me tomó poco más de media hora. Sólo cinco minutos de diferencia con el que iba en su moderna bicicleta en marco de fibra de carbono, ruedas delgadas y pedales de esos que llaman choclos. Y yo, yo sólo iba con Margaret, mi Margaret.
Lo demás llegaron entre diez y quince minutos después. Tomamos un respiro y nos alistamos para bajar. Otro recorrido frío y cansado, esta vez en las manos que frenaban con fuerza aquí y allá. Otro ejercicio de paciencia en el que uno quiere dejar de frenar. Y el frío en el pecho, tanto frío.

Llegamos abajo y nos despedimos, contentos de haber subido. Yo volví raudo a casa para ver un partido de fútbol importante. Todo parecía simple y fácil a comparación. Subía y bajaba calles como si fueran andenes de la ciclorruta; ya había pasado por lo más cansado del día, así que podía ir a toda velocidad por un recorrido que suele ser mucho más cansado. Ese tercer aire llegó lleno de energía y de satisfacción. Como si hubiese bajado de allá con una camiseta nueva que le decía a todos lo bien que lo había hecho. Y bueno, también está el que nunca estuve cansado porque de algo debía servir el ir al gimnasio tres veces a la semana. Había sido doloroso pero nunca me quedé sin aire o sin piernas.

Qué feliz es ir por ahí en mi bicicleta y llegar a nuevos lugares, parce. Y qué feliz es que el cuerpo pueda ir a donde la cabeza sólo imagina llegar.

enero 11, 2019

Pattern

¿No les pasa que se quedan mirando las baldosas (azulejos) del baño o la cocina y comienzan a ver patrones en el veteado? A mí me pasa y he encontrado ya dibujos diversos, animales corriendo y escenas propias de una historia de Tolkien.

Es casi como detenerse a ver las nubes pasar, sólo que se puede hacer desde la comodidad del sanitario. Además, depende de cómo haya dispuesto las baldosas el maestro de obra, pues al poner una baldosa rotada ciento ochenta grados, el patrón resultante cambia por completo.

Creo que por eso es que no me gustan los diseños planos y limpios; disfruto encontrar patrones en las cosas aparentemente aleatorias. De pronto todos somos un poco así, sólo que algunos lo disfrutamos de forma consciente, mientras que el resto se queda con la parte automática del asunto. A la larga, todo lo que hacemos al interactuar con el entorno parte de identificar un patrón en medio de ese todo que nos rodea.

No lo he probado con las baldosas de antaño, esas hechas a mano y cocidas con amor, sin recubrimientos brillantes. Al menos con las que no tienen diseños pintados en el centro, tal vez pueda hacerse algo similar.

Dame un patrón y describiré el mundo.

enero 07, 2019

Birds

Anoche vi Pájaros de Verano junto a M. Debo decir que me gustó la historia, al igual que el contexto y el final. Algunos rieron en el cine durante los primeros quince minutos y ya después sólo hubo silencio (excepto por el primer muerto, que alguien recibió con un sonoro Ay, maaarica).

Uno de los detalles en los que me dejó pensando fue en la presencia de las pistolas y los revólveres. La pistola junto al chinchorro, la pistola al cinto, la pistola en la mano, la pistola en el carro. Y recordé el hábito más raro que di por normal durante mucho tiempo: mi papá dormía siempre con su revólver bajo la almohada y un machete bajo la cama.

Siempre estuvo esa presencia ahí, las advertencias del no tocar y no mover. Las cajitas con balas por ahí guardadas. Y es recién ahora que me pregunto si uno realmente necesita estar listo para defenderse de... algo. Si algo les causara temor, ¿vivirían igual?

Hay que recordar también que mi papá es un hombre que creció en el campo durante La Violencia. Así pues, nada habría de raro en que siguiera cuidando de sí y de su familia como lo hizo por tanto tiempo. Aún así, mi temor reverencial a las armas y a los machetes perdura hasta hoy. Pocas cosas más destructivas que un machete. No jueguen con machetes, parce, que las historias de dedos colgando de un hilito de piel son numerosas. Es como la uña de un gato, pero cien veces más grande. Como un velocirraptor pero sin dientes.

enero 05, 2019

Traveller

Las fiestas de fin de año que acaban de pasar me enseñaron lo mucho que cambia todo según donde uno viva. De acuerdo al espacio que uno habite.

Siempre he vivido en un apartamento, en la ciudad. En medio del altiplano, acá arriba en la cordillera. Las fiestas son tranquilas, de cenar en familia y escuchar la música de diciembre. Este año me correspondió pasar el año nuevo en la casa de M. y su familia y hubo ajiaco como siempre tuve, pero esta vez le añadí la rutina de salir a saludar. La gente en casas sale a saludar a los vecinos.

¿No les parece muy raro? Se entiende que uno ve a menudo a los vecinos pero, al menos en los edificios de apartamentos, uno rara vez sale a saludar vecinos del piso o de otros pisos. ¿Qué es lo que cambia de un edificio a una casas para que la gente aplace la cena de año nuevo un rato y elija salir a saludar a doña Pepita o a los Ramírez que viven en frente?

Sea lo que fuere, salimos a saludar a unos y otros. Mientras tanto, vimos pasar a los que salen arrastrando alguna maleta y todos les desean Feliz viaje. Me imagino que antes era más incómodo, cuando las maletas no tenían ruedas. Las personas que no me conocían igual me deseaban muchas cosas bonitas y felices.

¿Será que vivir en una casa hace a la gente más amable? ¿O será que no hay correlación?