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Mostrando las entradas de agosto, 2013

Diary - 20130826

Esta semana, la sesión fue un día no convencional (el miércoles). También fue inesperada porque esta vez confrontó cosas y al salir no estaba tranquilo sino lleno de desazón. Sintiendo que me engañé durante mucho tiempo (persiguiendo un duende que no existe) y a la vez, que la única forma que tenía de sobrevivir era haciendo las cosas como las hice. Es difícil lidiar con ello en la medida en que entiendes que perseguir un imposible te costó todo lo que alguna vez has querido o buscado. Es otra forma de desarraigo, desprendimiento. Otra vez lo perdí todo.
Me dice que debo considerar la idea de creer que tengo valor más allá de lo que hago. Todo se hizo tan doloroso que la sesión terminó con ella diciéndome que la buscara si la necesitaba. Vi su cara de preocupación. Me hace suponer que entre lo que he sentido y lo que dejo ver, no me vi muy bien esta vez. Un gran contraste comparado con la semana anterior pero supongo que es necesario.
Me volví a ver con el exjefe. Fue extraño. Volver a …

Been there, blah blah blah

Hace un par de semanas me pasaron el enlace a un video que, según decían, me ayudaría a mejorar el ánimo y a encontrar ideas para lo de lidiar con la tristeza.



Después de varios intentos fallidos, hoy vi el video completo. Sí, siempre lo interrumpía por algo pero bueh, ya lo vi.
¿Saben qué me hizo pensar? Que lo vulnerable como el camino correcto a la convivencia de acuerdo a lo que uno cree... eso ya lo había tenido en la cabeza cuando decidí exponerme en vez de esconderme, hace ya como diez años. Diez. Cuando revalué el usar máscaras y el dividir la vida como un rompecabezas, dándole dos piezas a cada persona en el camino. Sí, yo hacía esopor miedo a exponerme. Pues muy bien, ya lo había pensado. Ajá. ¿Si es así, yo por qué sigo sintiendo que no merezco cosas? ¿Por qué la facilidad para ayudar a otros no se traduce en «oiga, yo sí merezco que los demás se acerquen y compartan conmigo»? Bueno, al menos ya había pensado lo mismo que una señora de esas que estudian mucho y hacen cosas impo…

Smiling

Hoy en consulta, quien me acompaña en este proceso sonreía más de lo normal mientras conversamos. Se lo hice saber y al final de la sesión me explicó que se debía a que hoy me veía sonreir más. A que había una o dos cosas que yo pensaba diferente y lo hacía saber con mis respuestas durante la conversación.

Tal vez lo racional esté ayudando aquí. Para algo debía servir «ser un robot». Me toca ser uno de los que se arregla a sí mismo «la programada».

En general fue un buen día. Me ofrecí un buen día.

Letting you know

Un cómic ñoño decía que uno debería vivir más como un niño de tres años e incluía entre los quehaceres propios de esa edad, el hacer saber cuando se estaba triste.

¿Hasta dónde es uno el que arrastra a otros al foso en el que uno está de huésped? ¿Hasta dónde otros deciden y aceptan, conscientemente o no, bajar y sentarse ahí en un rincón?

Pareciese que la tristeza es tabú y uno es un completo irresponsable al dejar que se derrame por ahí en la calle o en cualquier parte. Y sobre todo, que si alguien se siente mal al interactuar con esa tristeza, la culpa es de uno por dejar que fuese visible.

«Use su tristeza con precaución»

PD. El cómic ñoño del que hablo es este aunque sea complemento de este otro.

Ranthought - 20130807

Hay preguntas que duran años en responderse. Lo triste es que pase tanto tiempo y al final lo único que queda es una sensación profunda de fracaso.

Reject

Entre el jueves y el viernes, pasé dos veces por dos momentos en los que me quedé sin palabras. En los que no pude ofrecer argumento alguno más que quedarme en silencio.

El jueves, en consulta, una discusión terminó en un argumento recibido para el que aún no tengo respuesta y ahora, cuatro días después, sigo pensando. Creo que no recuerdo bien los últimos diez minutos de esa conversación por estar dándole vueltas al dichoso argumento contra un pensamiento repetitivo que tengo. Me gusta que me digan cosas que me lleven a revaluar lo que pienso.

El viernes descubrí por casualidad que quien era mi jefa en El Sistema tenía por hermana a quien fue mi psicóloga hace trece años. TRECE años. Fue a El Sistema el viernes en la tarde y nos encontramos mientras yo entregaba mi puesto.
Ella, la psicóloga, sin que yo dijera una palabra, me dijo que se acordaba de mí, del libro que yo le había regalado y que aún conservaba, del libro que había procurado no perder a pesar de las cosas que había vivi…