junio 23, 2017

Backtone

Había gente que pagaba para que los demás escucháramos Eu si te pego mientras esperábamos a que contestaran el teléfono. De entre todos ellos, hay algunos que, si los llamamos hoy, todavía nos ofrecen alguna bachata o canción pegajosa mientras se les antoja contestar el teléfono -porque no hay cómo desactivar esa opción; ya nadie la usa-. Era la época en la que configurar el teléfono era ponerle al teléfono móvil un ringtone diferente a los preinstalados y una carcaza pintada con algo con lo que nos identificáramos.

La búsqueda de la originalidad en cada uno está llena de anacronismos. Qué contrariedad. 

junio 03, 2017

Ranthought - 20170603

Las fotos me están quedando feas. Los posts me quedan escritos con las patas. Sepa usted perdonar pero es que no siempre está el palo pa cucharas. O pa pluma y tintero.

junio 02, 2017

Overran

Dicen por ahí que a las redes sociales les quedan grandes las noticias falsas. Que a las redes sociales les queda grande el odio. A las redes sociales les queda grande controlar lo que en ellas pasa. Yo es que no tengo muy claro cómo es que un problema de las personas ha de ser controlado por el canal. De la misma forma que no entiendo cómo es que los robos y los asesinatos son un problema que atañe principalmente al Alcalde o a la Policía.

Lo que hacen las personas es su responsabilidad y su comportamiento es el que abre el camino para unos espacios más sanos, sin odio, sin noticias falsas y sin muertos. Las personas no se tratan como la mierda porque Twitter o Facebook sean muy permisivos. Eso es sólo un canal más para dejar ir el mismo mensaje de siempre. El que cada quien comparte todos los días. Así como las personas no roban o matan porque la Policía sea, no sea, haga o no haga. El probema es otro y lo que hacemos es atenderlo con lo único que se nos ocurre: balas y cámaras de vigilancia que nadie revisa aparte de los noticieros.

SIgan creyendo que filtrando Facebook y Twitter se arreglan los problemas de las personas.

mayo 30, 2017

Amague

Si me preguntan, el momento más extraño y satisfactorio que uno tiene jugando fútbol -quitando el hacer un gol- es aquel en el que uno hace un drible y sale bien. Te enfrentas a un rival, haces algo y el resultado es que sigues avanzando con el balón mientras tu rival se recompone o se queda maldiciendo su suerte.

El fútbol es un juego simple. Uno patea un balón de un lado a otro y trata de ponerlo dentro de un arco. Lo difícil es intentar ponerlo allá mientras otros tantos tratan de quitártelo (o de tirarte al piso para detenerte). El reto está precisamente en encontrar un camino, ver el espacio, el lugar descubierto, el compañero que podría patear ese balón hacia la portería. Y dentro de esa búsqueda constante de caminos siempre habrá una o varias secciones de superar un rival que bloquea el camino.

El jugador rival espera que uno intente avanzar. Sabe que uno mueve el balón de alguna forma y que es ahí donde puede intentar recuperarlo. Es esa suposición la que hace posible que uno haga un drible. Hacer un lance como un mago, ofrecer algo creible que el rival asuma como cierto, alargarlo tanto como sea posible para hacer después algo inesperado que convierta todo en confusión (excepto para quien dribla). Y es ahí cuando la confusión se vuelve fluir y escapar. Se es agua y se fluye como un río cuando encuentra el camino más simple. Se parece un poco a las fases del Texas hold'em: Flush, Turn, River.

Driblar conlleva riesgos: patadas que sólo encuentran aire y pueden ir a dar al tobillo o más arriba, brazos que tratan de aferrarse a algo en medio de su desesperación, codos que buscan cerrar el cauce abierto por el amague, faltas cínicas de quien vuelve apresurado y sólo intenta prevenir el gol. Algo de dolor puede haber en el driblar pero siempre será poco comparado con la satisfacción del engaño bien ejecutado.

Lo más extraño de un drible es que no siempre es consciente. No sé si los futbolistas de élite harán todo muy consciente pero para mí suele ser un fluir y un no pensar demasiado. Pasar por una situación conocida y, casi como un acto reflejo, elegir entre dar un paso en una dirección o dejar caer un poco el hombro derecho para luego dar el paso en la dirección contraria, frenar o girar hacia el hombro que no se dejó caer hace un momento. Cuando termina el partido me gusta recordar esas jugadas y tratar de encontrar el instante en el que decidí hacer algo en particular. Siempre pasa tan rápido que hasta ahora no he logrado aislar esa decisión. Sólo pasa y la única constancia de su existencia es el suspiro de mis compañeros (y de los rivales) que, al unísono, comentan la jugada con un ¡Ooooooooof!, delatando al pobre infeliz que quedó en el camino.

Qué bonito es engañar gente jugando fútbol. Y después dicen que exageran cuando se equipara con la magia.

mayo 26, 2017

Go

Todavía recuerdo los numerosos posts de Javier y de otros blogueros en los que hablaban de sus partidas de Go. De cómo jugar GO, dónde aprender a jugarlo y de cómo el juego se hacía lugar en sus rutinas. Cada post me llevaba a la misma colección de artículos, tutoriales y juegos en línea de Go, en los que finalmente nunca aprendí demasiado sobre las estrategias y las jugadas.

Como todo juego complejo, se vuelve algo ofuscado y de difícil acceso para los no iniciados. Esa misma penumbra lo hace fuente de orgullo para quienes creen en cosas como el patriotismo y la superioridad moral que pueda dar el ganar en un juego. En este caso es China la cuna del juego y la poseedora de la superioridad moral que da tener al mejor jugador del mundo.

Pues bien. Resulta que, al igual que con Deep blue y el ajedrez hace ya unos años, hay ahora un jugador artificial de Go que derrotó contundentemente al mejor jugador de Go, resquebrajando el orgullo patriótico y la inspiración que pueda dar el perfeccionamiento de una habilidad humana como símbolo de pertenencia a una comunidad o la filiación a una bandera determinada.

No tardará mucho el documental, lleno de rincones oscuros y sospechas variopintas, en el que nos cuenten cómo el campeón humano lo dio todo y no le quedó más que sospechar de aquella máquina traída de occidente.

mayo 25, 2017

(hat) gelebt

No sé si a ustedes les pasa pero más de una vez me encuentro a mí mismo recordando sueños viejos. Cosas que he soñado despierto, quiero decir. El equivalente a lo que hace quien compra la lotería y se ve a sí mismo acostado en una cama llena de billetes o sentado en un automóvil muy lujoso y veloz.

Mis sueños han pasado más de una vez por lugares en los que me veo a mí mismo viviendo, aprendiendo cosas y haciendo cosas nuevas. Desde Madrid hasta Estocolmo, pasando por Dresden, Kaiserlslautern y Amsterdam, Rotterdam, Delft, Bonn, Berlin y Barcelona. Cambridge, Londres, Manchester. Vancouver, Austin, Chicago, Nueva York o Washington D. C. Todos son sitios que me he detenido a mirar, sobre los que he averiguado cómo se vive, qué se come, qué tan frío es el frío y qué tanto se sufre con el calor, qué se hace en el tiempo libre y cómo se transporta la gente. Me he visto a mí mismo tratando de ir entre la gente con mi propia rutina de vida.

Qué cansado es haber vivido en tantos lugares dentro de mi cabeza. Lo bueno es que en ninguno tuve que pagar alquiler. Lo malo es que en ninguno hice amigos ni comí helado. Todo eso le pertenece ahora al Nelson del pasado que ya no existe en ninguno de mis futuros probables.

mayo 04, 2017

Ninja

Una de las partes más importantes del entrenamiento para ser ninja es el ser uno con la lluvia. Ser parte de la lluvia. Fluir, llegar de repente, caer y avanzar a pesar de la resistencia presentada por parasoles, toldos y paraguas. Caer, rodar y seguir de largo para mojar a alguien más, fluir y empaparlo todo, zapatos porosos y pantalones de algodón, sacarle provecho a la capilaridad y ascender hilo a hilo. Arrastrar la mugre, la mierda y las hojas a su paso, discurrir y perderse de vista en un instante.

Mi entrenamiento básico pasa por caminar bajo la lluvia. Aunque suene simple, está lleno de retos propios de un ninja entrenado. Evito los pozos de agua que no fluyen para no delatarme. Esquivo sombrillas y paraguas con sus mortales brazos de aluminio que se mueven a baja altura y sin un orden claro, pasan justo a la altura de los ojos y rozan las sienes goteando agua. Preveo el paso de los autos que intentan salpicar a quienes caminan por la calle. Abordo buses sin que me caigan goteras que se derraman desde algún resquicio de la puerta. Paso bajo claraboyas viejas y llenas de goteras que buscan sorprender a los pasajeros desprevenidos.

-Be water, my friend- dijo el maestro. Be like the rain, debió añadir.

abril 24, 2017

Ranthought - 20170421

No entiendo por qué en Colombia no se puede llamar a líneas gratuitas (01-800-alguna-cosa) desde un teléfono celular. Qué clase de chambonada en la interconexión es esa.

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Comencé las clases de alemán, lo que duplica mi recorrido diario en Margaret. También aumenta el recorrido que hago por la calzada de las vías. ¿Lo bueno? Es divertido ir y volver. ¿Lo malo? El tráfico y los andenes estrechos hacen difícil llegar. ¿Lo feo? Que en los últimos tres meses las historias de robos en diferentes partes de mi recorrido han aumentado y ya uno no sabe por dónde irse. Que unos tipos en moto lo bajan a uno de la bicicleta, que unos tipos en moto te quitan el celular a cuchillo y pistola. Y así. La ilusión de burbuja no es tal y uno trata de hacerse a la idea que sólo es cuestión de tiempo para que le toque a uno ser la víctima de robo.

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Pocas cosas demandan más esfuerzo que el reto de hacer que una aplicación escale horizontalmente. Qué desgaste, parce.

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No sean el ser que fastidia a los demás en la oficina al llevar el ritmo de la canción pateando los cajones.

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Si hay gente que se desentiende de uno, ¿por qué habría uno de usar calorías en ellos? Que forma tan triste de desperdiciar el aumento en la entropía del universo.

abril 11, 2017

Subtle

Hay pocas cosas que me rayen más el coco que una sequía de goles. Que pasen semanas enteras en las que voy, juego y salgo pensando en todas las oportunidades que tuve y que desperdicié. Ojalá en un partido que haya perdido por uno o dos goles.

La más reciente duró casi dos meses y se acabó el domingo pasado. Casi que tuve que engañar al balón para hacer el gol. Recibí un pase desde la izquierda que me llegó al borde del área con el arquero acercándose rápidamente. ¿La solución que se me ocurrió? Mirar el balón, mirar de reojo al arquero, mirar al infinito y tocar el balón de primera con el borde externo del pie derecho. Con cara de estar pensando en la factura del gas. Casi que con indiferencia: balón, no me importa lo que pase ni lo que decidas hacer. Yo voy a seguir con mi vida después de esta jugada.

El balón pasó sutilmente entre las piernas del arquero y se fue al fondo de la red. Me gustan estos toques sutiles que resuelven todo fácil y rápido.

abril 06, 2017

Fucó

El domingo tuve mi sesión anual de ir a leer en la Asamblea de copropietarios. Ese espacio en el que se comprueba cómo las personas están dispuestas a renunciar a cualquier cosa con tal de sentirse seguras, aisladas de los malhechores y de sus vecinos.
Siempre hay un numeral, el último, en el que se da vía libre a los vecinos para hacer proposiciones y quejas varias (a ver si así sí les atienden). Es el favorito de quienes no quieren compartir ascensor con los perros, de los que denuncian a los vecinos que fuman marihuana y hacen rituales satánicos, de los que quieren que se cree un nuevo comité de alguna cosa. Lo de los rituales satánicos es en serio: hace dos años añadieron al Manual de Convivencia que estaba prohibido el consumo de sustancias alucinógenas y la realización de ritos satánicos en el conjunto.

El momento particularmente surreal de la asamblea del domingo pasado fue protagonizado por Foucault. Justo en el momento en el que la administradora informaba sobre la instalación de nuevas cámaras de seguridad, mi vecina de asiento comenzó a leer sus fotocopias de Foucault. El clásico Vigilar y castigar. Todo esto en el mismo conjunto que ya ha pedido registrar las huellas digitales y dar un montón de datos personales para saber quiénes entran a los edificios. Y son las mismas personas las que proponen y pagan para hacer realidad todas estas implementaciones de cosas que les mantendrán a salvo. A costa de su dinero y su privacidad, claro.

Que para qué quieren los vecinos que los vean todo el tiempo, se pregunta uno. Pues para castigar al que daña los botones del ascensor, para castigar al que raya la pared con el escudo de millos, para señalar al que saca la basura a la hora que no es y para el que la deja botada en el ascensor durante la noche. Para culpar a los demás sin lugar a duda. Ya hay un poco de sistemas de acceso que han reducido los hurtos a cero, por lo que ahora todos quieren que la vigilancia les resuelva sus problemas de convivencia.

Porque, una vez se sacan los ladrones de la historia, los problemas siempre pasan por ver que todos los demás son unos hijueputas. Ellos.