mayo 04, 2017

Ninja

Una de las partes más importantes del entrenamiento para ser ninja es el ser uno con la lluvia. Ser parte de la lluvia. Fluir, llegar de repente, caer y avanzar a pesar de la resistencia presentada por parasoles, toldos y paraguas. Caer, rodar y seguir de largo para mojar a alguien más, fluir y empaparlo todo, zapatos porosos y pantalones de algodón, sacarle provecho a la capilaridad y ascender hilo a hilo. Arrastrar la mugre, la mierda y las hojas a su paso, discurrir y perderse de vista en un instante.

Mi entrenamiento básico pasa por caminar bajo la lluvia. Aunque suene simple, está lleno de retos propios de un ninja entrenado. Evito los pozos de agua que no fluyen para no delatarme. Esquivo sombrillas y paraguas con sus mortales brazos de aluminio que se mueven a baja altura y sin un orden claro, pasan justo a la altura de los ojos y rozan las sienes goteando agua. Preveo el paso de los autos que intentan salpicar a quienes caminan por la calle. Abordo buses sin que me caigan goteras que se derraman desde algún resquicio de la puerta. Paso bajo claraboyas viejas y llenas de goteras que buscan sorprender a los pasajeros desprevenidos.

-Be water, my friend- dijo el maestro. Be like the rain, debió añadir.

abril 24, 2017

Ranthought - 20170421

No entiendo por qué en Colombia no se puede llamar a líneas gratuitas (01-800-alguna-cosa) desde un teléfono celular. Qué clase de chambonada en la interconexión es esa.

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Comencé las clases de alemán, lo que duplica mi recorrido diario en Margaret. También aumenta el recorrido que hago por la calzada de las vías. ¿Lo bueno? Es divertido ir y volver. ¿Lo malo? El tráfico y los andenes estrechos hacen difícil llegar. ¿Lo feo? Que en los últimos tres meses las historias de robos en diferentes partes de mi recorrido han aumentado y ya uno no sabe por dónde irse. Que unos tipos en moto lo bajan a uno de la bicicleta, que unos tipos en moto te quitan el celular a cuchillo y pistola. Y así. La ilusión de burbuja no es tal y uno trata de hacerse a la idea que sólo es cuestión de tiempo para que le toque a uno ser la víctima de robo.

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Pocas cosas demandan más esfuerzo que el reto de hacer que una aplicación escale horizontalmente. Qué desgaste, parce.

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No sean el ser que fastidia a los demás en la oficina al llevar el ritmo de la canción pateando los cajones.

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Si hay gente que se desentiende de uno, ¿por qué habría uno de usar calorías en ellos? Que forma tan triste de desperdiciar el aumento en la entropía del universo.

abril 11, 2017

Subtle

Hay pocas cosas que me rayen más el coco que una sequía de goles. Que pasen semanas enteras en las que voy, juego y salgo pensando en todas las oportunidades que tuve y que desperdicié. Ojalá en un partido que haya perdido por uno o dos goles.

La más reciente duró casi dos meses y se acabó el domingo pasado. Casi que tuve que engañar al balón para hacer el gol. Recibí un pase desde la izquierda que me llegó al borde del área con el arquero acercándose rápidamente. ¿La solución que se me ocurrió? Mirar el balón, mirar de reojo al arquero, mirar al infinito y tocar el balón de primera con el borde externo del pie derecho. Con cara de estar pensando en la factura del gas. Casi que con indiferencia: balón, no me importa lo que pase ni lo que decidas hacer. Yo voy a seguir con mi vida después de esta jugada.

El balón pasó sutilmente entre las piernas del arquero y se fue al fondo de la red. Me gustan estos toques sutiles que resuelven todo fácil y rápido.

abril 06, 2017

Fucó

El domingo tuve mi sesión anual de ir a leer en la Asamblea de copropietarios. Ese espacio en el que se comprueba cómo las personas están dispuestas a renunciar a cualquier cosa con tal de sentirse seguras, aisladas de los malhechores y de sus vecinos.
Siempre hay un numeral, el último, en el que se da vía libre a los vecinos para hacer proposiciones y quejas varias (a ver si así sí les atienden). Es el favorito de quienes no quieren compartir ascensor con los perros, de los que denuncian a los vecinos que fuman marihuana y hacen rituales satánicos, de los que quieren que se cree un nuevo comité de alguna cosa. Lo de los rituales satánicos es en serio: hace dos años añadieron al Manual de Convivencia que estaba prohibido el consumo de sustancias alucinógenas y la realización de ritos satánicos en el conjunto.

El momento particularmente surreal de la asamblea del domingo pasado fue protagonizado por Foucault. Justo en el momento en el que la administradora informaba sobre la instalación de nuevas cámaras de seguridad, mi vecina de asiento comenzó a leer sus fotocopias de Foucault. El clásico Vigilar y castigar. Todo esto en el mismo conjunto que ya ha pedido registrar las huellas digitales y dar un montón de datos personales para saber quiénes entran a los edificios. Y son las mismas personas las que proponen y pagan para hacer realidad todas estas implementaciones de cosas que les mantendrán a salvo. A costa de su dinero y su privacidad, claro.

Que para qué quieren los vecinos que los vean todo el tiempo, se pregunta uno. Pues para castigar al que daña los botones del ascensor, para castigar al que raya la pared con el escudo de millos, para señalar al que saca la basura a la hora que no es y para el que la deja botada en el ascensor durante la noche. Para culpar a los demás sin lugar a duda. Ya hay un poco de sistemas de acceso que han reducido los hurtos a cero, por lo que ahora todos quieren que la vigilancia les resuelva sus problemas de convivencia.

Porque, una vez se sacan los ladrones de la historia, los problemas siempre pasan por ver que todos los demás son unos hijueputas. Ellos.

marzo 30, 2017

Bebop

Tengo una vida que discurre entre ascensores sin espejo y escaleras con un número impar de escalones. ¿El piso se cuenta como un escalón? Como los ascensores no tienen espejo, terminó viéndome a mí mismo en las videoconferencias, me quedo mirando mi imagen hecha pixeles, con el mismo pelo muy negro y los brazos largos.

Cuando uso pantalones que quedan más ceñidos me siento como Spike Spiegel y salgo a buscar algo para ganarme una recompensa. Termino comprándome algo rico de comer y me siento a ver pasar la gente.

Como en los buses. Como en los restaurantes. Recorro las caras y me quedo viendo un poco al tipo que le habla a alguien de la orden de embargo y de la orden de secuestro de bienes, un poco a la muchacha que habla con su vecino de mesa sobre las protestas que hubo ayer.

Porque andar en bicicleta me ha aislado de los grandes problemas que aquejan a la mayoría. No supe que los buses estaban detenidos hasta que una compañera de oficina llegó pasadas las diez treinta, agotada y frustrada. Me entero de las cosas por las historias que cuentan otros.

Porque mi historia vive en el blog y en la memoria que no me abandona. Además, yo hice curso rápido de nostalgia desde bien pequeño.

marzo 26, 2017

Dogs

Hay un delicado equilibrio en Bogotá entre la población de perros callejeros y el clima.

Sólo la pertinaz lluvia que cae periódicamente en Bogotá nos permite vivir sin pisar mierda de perro callejero cada treinta segundos. Un bodegón de mierda, pacífico e inexpresivo, se diluye antes del amanecer con una noche de lluvia bogotana y desaparece entre las rendijas de alguna alcantarilla o del arbusto más cercano.

No es una ciudad en la que el clima extremo mate animales sin hogar, así que la tasa de monolitos de mierda que aparecen por los andenes y los parques puede asumirse como constante en el tiempo. Las fundaciones, zoonosis, la gente que pone veneno en los parques y los atropellamientos cumplen su función en el ciclo del nitrógeno.

Uno no alcanza a imaginarse lo cercanos que son la mierda y la lluvia.

marzo 21, 2017

Segregation

What the state of Israel does and enforces through its policies and regulations is racial segregation towards Palestinian people. That has a name in international law: Apartheid.

marzo 19, 2017

Nein

Sólo cuando uno se permite cuestionar las cosas que tiene por hábitos, sólo ahí, es posible revisar y rehacer cosas que se pueden hacer mejor.

Uno lee que más de uno elige hacer las cosas al revés, con las patas, saltándose el consentimiento de los otros con tal de evitar que le digan que no. Todos andamos con el miedo a que nos digan que no y eso nos impulsa a la ilegalidad, el acoso, pasarnos por la faja que el otro nos dé su consentimiento. Ya decían por ahí que mentir es buscar algo con miedo a que nos digan que no, a que no nos permitan obtenerlo. La cosa es entonces, revisar qué es lo que nos da miedo, cuál es el no por el que estamos justificando la forma en la que hacemos las cosas. Igual, recibir un No por respuesta no nos invalida y sólo estamos permitiendo que el otro decida de la misma forma que nosotros decidimos arriesgarnos.

Todo tan simple y tan adolescente en el caso de la noticia que cito: ¡Pídale el teléfono, huevón! Arriésguese a que le digan que no pero en igualdad de términos y sin invadir los espacios ajenos sólo porque sus sentimientos son sinceros.

marzo 18, 2017

Restorán

La gentrificación no es un proceso gradual que pase frente a los ojos de la gente. Es repentino que una calle se llene de restaurantes cuyos vecinos no pueden pagar y a los que sus comensales llegan en camionetas (sí, varias, con escoltas). Una puerta conspícua, un cartelito de Valet parking y ya está, ha nacido un nuevo restaurante que cobra por la experiencia.

Yo sigo preocupado por el precio al que llegaron el arroz con pollo y el arroz chino. Es inaceptable.

marzo 17, 2017

Untrusted

Yo pongo papelito para tapar la cámara web desde que tengo cámara web.

Yo uso autenticación de dos factores en los sitios que me importan.

Yo cifro el contenido de mi móvil y del disco duro en el portátil.

Yo dejo las tarjetas de crédito en un sitio seguro y sólo cargo una, que está llena de restricciones y notificaciones.

Lleno mis productos bancarios de notificaciones por todos los canales.

Yo procuro usar software sobre el que no hay reportes constantes de vulnerabilidades.

Yo procuro usar DuckDuckGo como buscador en todos mis dispositivos.

Yo uso la opción Do Not Track en todos los navegadores.

Mis contraseñas son passphrases de al menos veinticinco caracteres (excepto con Microsoft que no deja usar más de quince).

Uso contraseñas de menor complejidad en sitios que no tienen información importante y que no dan acceso a otros perfiles míos en otros sitios.

Uso autenticación a través de los sitios más seguros (los de contraseñas más complejas y varios factores de autenticación, como Google o Facebook) cuando creo perfiles en otros sitios siempre y cuando no pidan ver más información de la necesaria en mi perfil. No necesitas acceso a publicar por mi cuenta en mi perfil para autenticarme.

No instalo software de fuentes no conocidas a menos que lo pruebe primero en un ambiente controlado (una máquina virtual, un computador sobre Linux que no va a ejecutar un .exe ni va a cargar una .dll ni tiene un registro que se pueda modificar).

Borro mis datos de sitios que ya no use y procuro revisar que sus políticas especifiquen el que mis datos serán borrados permanentemente. Si no es así, les escribo pidiendo que lo hagan.

La combinación de mi nombre y mi número de documento es información valiosa. Como tal, procuro cuidarla y no dejar que viaje por ahí desatendida.

Constantemente procuro revisar qué aplicaciones tienen acceso a mis datos y revoco los permisos de las que ya no uso o no quiero usar.

Reviso cada vez que voy a hacer clic, para ver si la dirección puede tener alguna relación con lo que espero ver (www.eltiempo.com/noticia/lo-mataron-por-no-dar-para-el-guaro es diciente, www.xyz:8080/davivienda parece inseguro porque no sé a dónde me va a llevar).

No creo en anuncios de ofertas a menos que quien ofrece esté haciendo esa misma campaña por otro medio. ¿Me llaman a darme un premio? Hago memoria para ver si participé o les di mis datos, además de buscar algún anuncio en Facebook o en el sitio web de quien me premia.


Pero eso soy yo. No sé ustedes y no les voy a decir qué hacer.