febrero 15, 2018

Pecueca

Poco a poco he ido desechando la idea en la que debo bañarme todos los días, meticulosa y rutinariamente. Ya sé bien que nuestros antepasados valoraban la limpieza, tanto los indios como los moros. Con seguridad, parte de los problemas en la Edad Media pasaban por la falta de higiene. Definitivamente, Pasteur aumentó la expectativa de vida.

Aún así, tanto talco, crema, champú y jabón se sienten un poco demasiado. El pelo no debe necesitar más de un par de lavados por semana (al menos para mí que ando en bicicleta y juego fútbol), mientras que el cuerpo no pide más que enjabonar las zonas más problemáticas (piés, axilas), day in, day out. ¿El resultado? Duchas significativamente más cortas, una piel menos reseca, un pelo más brillante y que se cae menos. Y no, eso no incluye cargar malos olores. Si acaso hay un poco más de olor a uno mismo, que no necesariamente es pecueca u olor a nalgas sin limpiar. Lo interesante es encontrar en otros una aproximación similar.

Lo anterior no se cruza con la necesidad de lavarse las manos después de cagar (por aquello de los retrovirus) y no justifica la epidemia de gel antibacterial con el que andan todos en el bolsillo (la colonia de bichos en las manos vuelve a su población habitual en una o dos horas máximo; es una simbiosis hasta bonita con la que cargamos queriéndolo o no). Todo sea por no premiar más esa vagabundería de las cremas que devuelven las axilas a su color natural, los champús sin sal y extracto de gusano de seda, los talcos para los piés y tantas cosas que viven de negarnos el derecho a ser animales andando sobre esta tierra.

febrero 07, 2018

Cliente

Ayer paré en el camino de regreso a casa para tomarme un café con M. Quedamos de vernos en un Café Quindío que queda junto a un supermercado y busqué dónde dejar la bicicleta mientras tanto. El único lugar diferente a un poste era el estacionamiento del supermercado, así que bajé al sótano y pregunté si había lugar para bicicletas. Una señora era la vigilante del lugar y me miró con seriedad durante varios segundos antes de responder. "Si viene a comprar, sí". Tras decirle tres veces que sí iba a comprar algo en el supermercado (que también era cierto), accedió a abrir el bicicletero, que estaba vacío.

Subí al supermercado y compré arena para los gatos. Sólo después fui al café a verme con M. por más o menos una hora. Al regreso, fui con mi factura al estacionamiento y la señora me recibió con que "esto es sólo para clientes", pues "esto no es para que lo use mas que mientras está en el supermercado". Eso sí, "no le digo que no sea cliente", me siguió diciendo mientras rayaba mi factura, "sino que esto es para que lo use 10 o 15 minutos, mientras está en el supermercado".  Me siguió diciendo mientras abría el bicicletero, que sólo tenía mi bicicleta, "usted se demoró lo que quiso y sólo necesitaba el parqueadero".

Y sí, necesitaba hacer más cosas además de comprar en el supermercado. Me pregunto, eso sí, qué gana la señora con cuidar que el bicicletero vacío sea usado sólo por 10 o 15 minutos, que es el tiempo que debe tardar uno en el supermercado. Regla que obviamente no se aplica a los carros.

País santanderista en el que todo aquello que no es negocio es además despreciable.

febrero 02, 2018

Sacol

Hay días en los que no siento nada diferente a que esta vuelta no tiene ningún sentido.

Hace unos días iba caminando hacia la oficina después de ir a hacer un pago al banco. Junto a la oficina discurre una calle estrecha, llena de huecos y muy transitada durante el día. Iba junto a esa calle cuando vi que, en la misma dirección que yo caminaba, iba un hombre de los que se dedican a recuperar desechos reciclables de entre la basura que todos disponen a diario. El hombre iba con su carreta llena de cartón, chatarra y desechos varios, halándola por la calle, pasando cada bache con cuidado de no voltear la carreta y con fuerza suficiente para salir de cada bache.

Caminé un poco más rápido y lo vi mirando al frente, mirada perdida, y parecía que dejaba salir un quejido agudo, un lamento constante mientras halaba y que salía como un murmullo amortiguado por el tarro de pegante que lleva agarrado entre los dientes. Salió del bache y siguió andando sin que le importara la fila de carros que estaba justo a su izquierda, a centímetros de su carreta. Siguiente bache, otro quejido, sale del bache, sigue andando.

Entré al edificio de la oficina pasando por la puerta automática y sólo pensaba en lo inútil que es todo. Ir, escribir código, compilar, pagar impuestos, andar en bicicleta o en bus. Nada de lo que haga o deje de hacer va a cambiar la vida de ese man. Ir y ofrecerle algo de comer tampoco cambiará nada e igual tendrá que seguir su faena, apaciguada por el sacol. Si le doy dinero sólo detendré la rutina un par de días. No sé de una vacante que no demande una persona altamente calificada, así que tampoco puedo sacarlo de su rutina para capacitarlo y que deje de ganar el dinero que necesita a diario. Igual, con los eventos recientes me alcanza la paga para cubrir todo y sobra muy poco. No tengo poder político o económico para cambiar permanentemente el destino del tipo que ya iba a un par de calles, o de cualquier otra persona. No hay camino pa ninguna parte.

La ruta simple para sobrevivir a esa falta de sentido de todo parece ser el gastar dinero. Rodearse de artefactos que amortiguen el murmullo de quejidos. Ya que no puedo hacer nada significativo, al menos vivamos una buena vida.

La ruta sensata pareciera ser el crear. Dejar salir todo el tiempo lo que uno tiene en la cabeza. Un dibujo, una fotografía, un escrito, un proyecto, un plan, un sueño. Crear como la única revolución posible.

enero 24, 2018

Ranthought - 20180124

Mi día se ilumina cuando Arsenal le gana al Chelsea. Así sea jugando por la gaseosa, en el ponyfútbol, como sea. Hinchada londinense racista por descarte, equipo que antes de 2003 no era nada, petrochico despreciable, el origen de todo el mal.

Cómo odio al Chelsea, parce.

enero 19, 2018

Frustration - encore

Como una adenda al post sobre la frustración y los juegos de video, un recuerdo que reapareció esta mañana mientras rumiaba la idea.

Era sobre otro de los juegos a los que dediqué bastante tiempo, que fue Resident Evil (a toda la saga de juegos, que ya va por 7 si la memoria no me falla). El que más recuerdo es RE3, subtitulado Nemesis porque a lo largo del juego hay numerosos encuentros con un antanogista que hace de jefe de zona y jefe final, apareciendo de forma sorpresiva varias veces y obligando al jugador a elegir entre correr por su vida y desperdiciar municiones (sin lograr matarlo hasta el final del juego con algún artilugio de mil millones de gigavatios).

El juego no tenía componente online, por lo que todo lo que había por hacer se hacía en soledad. Desbloquear artefactos, trajes para la protagonista, juegos ocultos con sus propios retos. Cada vez que se pasaba el juego, se obtenía una calificación de A a F (todo muy gringo). Esa calificación dependía de:
  • Cuánto tiempo se había tardado en pasar el juego.
  • Cuantas veces se había muerto.
  • Cuántas veces se había guardado el avance en el juego.
  • Cuántas veces se había usado un spray para recuperar la salud del personaje.
Para obtener una calificación A, era necesario:
  • Pasar el juego en menos de 1:30h
  • No morirse
  • No guardar más de una vez
  • No usar ni un solo spray. Curarse a punta de maticas.
Imaginen el terror de encontrarse con el Némesis y tener que salir corriendo, esquivar zombies sin quedarse a disparar, aprenderse las rutas de una puerta a otra y así no tener que detenerse nunca ni disparar (se pierde tiempo y se corre riesgo de ser herido). Terror aumentado por la posibilidad de morirse y tener que comenzar de cero (o desde la mitad). Yo guardaba una sola vez, en el pequeño pasaje comercial cerca a la redacción del periódico en llamas. Y creo que mi marca fue 1:15h o 1:20h, algo así. Obvio con calificación A. Con más putazos de los permitidos socialmente para un cadete en tiempos de paz.

Ese esquema de demandar perfección (o algo por el estilo) ya no es consistente con la oferta actual de videojuegos. No hay castigo, no hay dolor, no hay miedo. Por algo las películas de terror son tan sosas ahora.

enero 17, 2018

Commuter

Ir y volver en la bicicleta ya es todo un hábito. Se siente raro no ir por la ruta de siempre, viendo los negocios de siempre. Casi como ir caminando pero con un mejor equilibrio entre llegar rápido a destino y decidir más fácil cuándo detenerse.

El costo de la bicicleta hace rato que se equilibró con el costo de los pasajes de bus que dejé de pagar. Incluso ahora que trabajo desde casa un par de días a la semana, casa recorrido es un poco más de dinero ahorrado. Justo de eso hablaba hoy con quien me atendió en el estacionamiendo donde la dejé mientras iba a comer (porque es en sitios concurridos de muchos restaurantes en los que más roban bicicletas). Es bonita esa alegría compartida de los que saben cuánta contentura trae el salir de un lado, camino al otro, y hacer algo para llegar a donde se va.

La lluvia, que en este comienzo de año ha desterrado los cielos azules de antaño, tampoco hace mucha mella porque siempre prefiero los piés mojados a los buses llenos y olorosos. La chaqueta Uni-qlo que compré en Tokio ha funcionado perfectamente hasta ahora y siempre voy con la barriga seca. El impermeable para la maleta es bueno y las salpicaderas para las llantas hacen soportable el transitar entre charcos y escorrentías (que en Chapinero son numerosas). Me hice también a un chaleco reflectivo que complementa bien la banda del tobillo con luces rojas y la potente luz blanca que me deja ver adelante y hace que los otros vean que voy hacia ellos. Fui con M. a comprar un par de guantes para que las palmas de las manos sufran menos con el andar; hoy los usé y definitivamente han sido una gran compra.

Salvo los períodos de vacaciones, la vías de bicicletas ya son transitadas por numerosos ciclistas que, como en cualquier aglomeración de individuos en este país, hacen lo que se les canta y les importa un culo cualquier cosa diferente a registrar un buen tiempo en Strava. En bicicleta también se puede hacer doble fila, ir en contravía, hablar por celular mientras se anda con una mano en el manubrio, botarle encima la bicicleta a los demás. Lo bueno es que normalmente resuelvo mi desazón dejando atrás a los que motivan mi fastidio.

Y los dejo atrás porque, en general, siento que mi condición física ha mejorado sustancialmente desde que comencé a andar en bicicleta. Hoy, mientras hacía un segmento de mi recorrido que va por calles comunes y corrientes, tuve el placer de arrancar junto a dos motos y mostrarles que arrancaba tan rápido como ellos. El que iba a la izquierda se quedó mirando. Veo mis piernas y me gusta como se ven ahora. Cómo funcionan.

Me preocupa el aire que me toca en turno. Ir en rutas por las que van buses y carros (como es el caso de todas las ciclorrutas) deja sentir lo pesado del aire cuando me da por ir un poco más rápido. Ya más de uno habla de lo contaminado que es el aire en Bogotá (link) y el par de pescuezos que uso claramente no tienen cómo lidiar con eso. Si alguien tiene alguna recomendación de máscara o dispositivo para no tragar tanto humo, la recibo con gusto.

Una conocida me dijo mientras tomábamos una cerveza, que la bicicleta era la mejor perspectiva que se podía tener de la vida. Ir en bicicleta a alguna parte demanda de nosotros el hacer algo al respecto. Alistarnos, salir e impulsarnos a nosotros mismos, cosa que ningún carro, tren o avión nos ofrece. No se puede ser pasajero de la bicicleta -que sí del bicitaxi, así los estén volviendo todos vehículos a motor de dos tiempos-. Salgo en bicicleta como recordatorio permanente de todo lo que quiero hacer por mí mismo y por mi gente, todo lo que me demanda acción y abandono de la inactividad.

enero 16, 2018

Imagination

Los videos musicales para mí fueron un acompañante tardío. Por muchos años no los vi más allá de algunos eventos en el colegio, donde los estudiantes de undécimo grado ponían algunos videos como intermedio. La radio, en cambio, era la presencia permanente y el canal para llegar a la novedad. Al descubrimiento.Ya les he contado sobre los cassettes que mis hermanos grabaron, esos con New Order y The Cure. Pero no les he contado mucho sobre lo que mi propia niñez y adolescencia noventeras encontraron por su cuenta.

Como vinimos a entender después, la época del glam fue una época muy llena de Los Angeles y Hollywood, de mucha producción y preproducción, de mucha chica hecha objeto y hecha mierda, nada, un par de piernas, una cuca que se dejaba decir cherry pie. Y contra todo eso, Cyndi Lauper y Madonna mostrando que todo lo podían y todo lo superaban. Porque uno ya conocía La Isla Bonita pero la primera afirmación cada vez que el noticiero de las siete mostraba su nuevo video, era sobre lo promiscuas o exhibicionistas que eran. Porque el noticiero de las siete iba después del Minuto de Dios, patrocinado por azúcar Manuelita. Ni queriendo logra uno una combinación más reaccionaria (y más proclive a cautivar chicas jóvenes).

En los años noventa la cosa fue cambiando. Por necesidad, por pura rebeldía terminamos encontrando mujeres líderes, caras visibles de la música que escuchábamos. Estaba Courtney, claro. Siempre estaba Courtney para romperlo todo, a la garcha y me compro otro. Estuvo Nina Persson dándole vida a un rock raro que se hizo sinónimo de cómo suena lo sueco, yendo y viniendo entre los sonidos elaborados sacados de aparatos y las canciones a-la-Shirley Bassey. Esas que en español habrían pasado por el Show de las Estrellas. Estaba también Shirley Manson, esa que vino de Escocia creyendo que era fea y no lograría mucho, que comenzó con un Garbage con quejas reales y sentimientos, pasando luego a un Garbage moderno, de videos que invitaban a imaginar historias y sonidos pesados (con la mano de Butch Vig, yo sé).

Y estaba Dolores O'Riordan. Esa que el desprevenido confundía con Sinead O'Connor (sobre todo en la época de pelo rapado). La que cantó el lado menos jipi de esa tierra de la que venía Bono. La que era capaz de quejarse y dejar saber que estaba molesta. Muy. Tan. Verraca. Que algo no le gustaba. Que no no se iba mucho por lo agudo y tampoco por lo muy grave. Que te acompañaba al hacer las tareas y al parchar con los amigos. Que quien la escuchaba demostraba carácter sin dejar de escuchar canciones sobre desamor y sobre amor. Que tenía un pasito timorato cuando cantaba -tan europeo- y que igual no necesitaba más porque era pura melodía.

A Dolores también le tocó sufrir el 9/11 y dejar que el video de Analyze, que era el primer sencillo del Wake up and smell the coffee, se fuese castigado a un rincón hasta que la gente no se sintiese triste al ver un avión pasar sobre edificios. E igual, ese álbum era otra cosa, era otra emoción y por eso lo recuerdo como una presencia rara en mi walkman mientras iba en bus a mis primeras clases en la universidad. Y era raro porque, como se lo expliqué a Iván (sí, ese Iván, Ivancito) durante el viaje a Salento, Dolores cambió la inspiración en las composiciones al ser mamá. El tono y el estado de ánimo predominante cambió y el amor le salía de otra forma. Era una pasión diferente, una contentura bonita. El adjetivo en inglés sería mellow y era eso lo que no había en Bury the hatchet o Everybody else... Era la vida de Dolores plasmada en las canciones y eso era definitivamente algo muy personal. Era un privilegio recibir todo ese amor tan sencillo y tan poderoso.

Luego vino esa época rara a mediados de la década pasada, en la que Cranberries puso pausa y nos dejó a todos con lo que pudimos recibir. Ahora tengo en la cabeza Not my imagination, esa que en el conteo de MTV de 1999 quedó un puesto por debajo de No leaf clover de Metallica. Esa del CD con mariposas que salían volando, como los recuerdos de los viernes en la noche. Esa que justo hoy me dice que no fue mi imaginación y que Dolores, como las otras chicas llenas de poder y talento, estuvo ahí conmigo cuando pensaba en A., cuando escribía en los comienzos de este blog, cuando trataba de encontrarle la vuelta a este cuento de vivir.

Uno siempre se pregunta qué harán los héroes de la juventud cuando lleguen a la vejez. Vean no más lo que nos dejó Bowie antes de irse por allá lejos. Me quedé sin saber qué haría Dolores con sus parceros. Me quedé sin quien le provea más melodías al amor bonito y me tocó buscarlas por otro lado. Pienso en ese amor que transmitió desde la esperanza en la familia y sólo puedo pensar en que su familia ya no la tiene al lado. ¡Todo fue tan repentino!

Supongo que ya estamos lo suficientemente viejos para que los héroes se vayan a ese rincón oscuro que Saramago describió en Todos los nombres, ese donde dejan a los muertos. Yo sólo trato de ponerle luz y música, de no olvidar el camino a ellos para no necesitar un hilo atado al cinto para volver después de visitarlos.

¡Chau, Dolores!

enero 11, 2018

Frustration

Hace ya un rato que estoy jugando Gran Turismo Sport, la última entrega de la saga de juegos en los que se conducen carros reales en pistas reales y en condiciones reales. Un simulador. Lo compré el día que salió a la venta; en la misma compra pedimos dos ejemplares, uno para mí y otro para mi roomie. A ambos nos trae muchísimos recuerdos de cómo disfrutamos jugar -hasta el cansancio- las entregas anteriores, así que era apenas obvio que íbamos a seguir con la ahora tradición.

Gran Turismo se distinguía de otros juegos para PlayStation 1 por el nivel de detalle en los carros, las pistas y la banda sonora (Garbage, Foo fighters). El sonido de los motores era similar al real (después sabríamos que grababan el sonido de cada motor), el comportamiento variaba de una pista a otra, los ajustes a los componentes modificaban el comportamiento del carro en pista, las pruebas eran retadoras (comenzando por las licencias de conducción). El juego era, todo él, un enorme reto al jugador consumado, demandando horas y horas de juego.

Las siguientes versiones del juego mantendrían esa idea, añadiendo más carros para elegir, posibilidades de personalización y precisión en los detalles (v. gr. ahora grabarían los sonidos del motor cada 1000 rpm para ofrecer un sonido más fiel a la realidad). No era un juego para pasar las pruebas sin más: el jugador estándar mostraría con orgullo que superaba las pruebas con excelencia, en menos de cierto tiempo. Que su garage contenía este carro y aquel, ajustados de esta forma y aquella. Lograr esas cosas implicaba comenzar de forma humilde: comprar un carro viejo/usado y practicar en carreras cortas/pistas más simples que daban unos pocos créditos por vez; ganar las mismas carreras cortas una y otra vez hasta que se recogían los créditos necesarios para comprar una parte o hacer una mejora al carro viejo/usado. Reducción de peso, un ECU nuevo, un exhosto a la medida, mejores neumáticos, un intercooler, una suspensión para competencia. Luego venía ajustar cada parte nueva en las mismas carreras cortas hasta entender cuál era la mejor puesta a punto y, ahí sí, intentar alguna carrera un poco más difícil. Perder y perder, recoger los créditos que da quedar segundo o tercero o cuarto, una y otra vez, ganar al fin y poder comprar un carro nuevo. Uno no tan bueno, no tan reciente. Comenzar el mismo ciclo de recoger créditos para mejoras, mejorar el segundo carro hasta que se pueda ganar la carrera un poco más difícil (y que ojalá dé un carro de premio). Ganarse el premio varias veces y vender el/los carros.

Llegué a tener 80 carros en el garage, todos ajustados y afinados para competir en pistas de carrera o rally. Tuve todas las licencias de conducción de los juegos, (C, B, A, Superlicencia de piloto) con las pruebas superadas con trofeo de Oro (es decir, con tiempo de sobra siempre). Si algo sé es que se requería ser paciente, obstinado y resistente a la frustración. Resistente al ver cómo los tres primeros se alejaban de a un segundo por vuelta; que ya los alcanzaría en otra carrera, dentro de cincuenta carreras. Cuando tenga el motor en Stage 3, van a ver. Por ahora seamos el mejor del resto, aprendámonos la pista, mejoremos mi propio mejor tiempo. Corramos otra vez. Otras diez veces. Veinte. Cincuenta.

Pues bien: algo de esto en el nuevo Gran Turismo Sport era más o menos así, retador y demandante. Hasta que, en una actualización que se instaló en línea al mes de liberar el juego, cambiaron la dificultad de muchas pruebas y todo se hizo más fácil. Con menos penalidades y penalizaciones. Además, el juego regala un carro cada vez que se corre más de ciertos kilómetros (42) en un mismo día, así que se puede tener un garage lleno de opciones sin ganar nada. Sin esfuerzo. El juego simplemente quiere que la gente corra carreras en línea y que esté lista para hacerlo sin más. Sólo con comprar el juego y jugar unos días ya tendrán carros con los que podrán ir a jugar contra otros seres. Los ajustes son menos precisos y las mejoras son más rápidas, más fáciles de obtener. Todo tan a la mano. Sin cansancio, sin esfuerzo, sin perder muchas veces para llegar a ganar. Sin frustración.

*

Qué triste resulta ver que todo en el mundo actual protege a los adolescentes y jóvenes adultos de la frustración. Porque, además, es a ellos a quienes les quieren vender cosas, así que es necesario respetar el que no les interese comprometerse con nada, que asuman la frustración como algo personal, que asuman la realimentación de cualquier tipo como algo personal y elijan siempre salir corriendo. Que el mundo sea algo personal y nunca salgan de esa etapa que solemos abandonar a los seis o siete años, esa en la que el mundo existe en tanto está alrededor mío y todos saben o deben saber lo que estoy pensando. Esa que abandonamos al aprender que los demás piensan de otra forma y no saben lo que yo pienso, en la que aprendemos a decir mentiras porque podemos.

Qué triste y qué frustrante es el mundo en el que todo es posible, todos tus sueños se harán realidad y el universo conspira para que suceda. Y todos (los godos) preocupados dizque por el rayo marica.

enero 02, 2018

Gatos - 20180102

Bitácora del capitán.

Los gatos volvieron a asaltar la alacena que está sobre la estufa. Los pelos blancos junto al aceite indican que usan el rollo de papel cocina para pararse más cerca y abrir la puerta de la alacena. Esta vez yo reí de último, pues lo que encontraron fue pan integral y avena en hojuelas.

Creo que no les gusta el pan integral ni la avena en hojuelas porque encontré los paquetes con muchas mordidas, una abertura y su contenido intacto.

noviembre 28, 2017

Ranthought - 20171128

Pocas cosas tan anunciadas e igualmente molestas como la introducción de WebExtensions en la versión 57 de Firefox. Todo el año sabíamos que llegaría noviembre con su alegría y con este release, pero igual no era fácil aceptar que más de una extensión dejaría de funcionar porque el modelo de funciobnamiento del navegador cambiaría radicalmente y algunos desarrolladores simplemente se rehusan a cambiar todo de nuevo.

Me quedé sin grupos de pestañas, primero porque Firefox mató Panorama y después porque este cambio mató las ganas del desarrollador de TabGroups, que ya había hecho un refactor extenso de su código y encontró que, menos de un año después, debía cambiar todo de ceros porque nada iba a funcionar.

Extraño tener grupos de pestañas. Odio tener más de diez o quince abiertas por ahí y no poder agruparlas por temas me complica la vida. Elegir si hoy estaba en el grupo de "Fotografía", en el de "stream processing" o en el de "gonzo porno".

Extraño la vida con grupos de pestañas.