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Mostrando las entradas de mayo, 2017

Amague

Si me preguntan, el momento más extraño y satisfactorio que uno tiene jugando fútbol -quitando el hacer un gol- es aquel en el que uno hace un drible y sale bien. Te enfrentas a un rival, haces algo y el resultado es que sigues avanzando con el balón mientras tu rival se recompone o se queda maldiciendo su suerte.

El fútbol es un juego simple. Uno patea un balón de un lado a otro y trata de ponerlo dentro de un arco. Lo difícil es intentar ponerlo allá mientras otros tantos tratan de quitártelo (o de tirarte al piso para detenerte). El reto está precisamente en encontrar un camino, ver el espacio, el lugar descubierto, el compañero que podría patear ese balón hacia la portería. Y dentro de esa búsqueda constante de caminos siempre habrá una o varias secciones de superar un rival que bloquea el camino.

El jugador rival espera que uno intente avanzar. Sabe que uno mueve el balón de alguna forma y que es ahí donde puede intentar recuperarlo. Es esa suposición la que hace posible que uno …

Go

Todavía recuerdo los numerosos posts de Javier y de otros blogueros en los que hablaban de sus partidas de Go. De cómo jugar GO, dónde aprender a jugarlo y de cómo el juego se hacía lugar en sus rutinas. Cada post me llevaba a la misma colección de artículos, tutoriales y juegos en línea de Go, en los que finalmente nunca aprendí demasiado sobre las estrategias y las jugadas.

Como todo juego complejo, se vuelve algo ofuscado y de difícil acceso para los no iniciados. Esa misma penumbra lo hace fuente de orgullo para quienes creen en cosas como el patriotismo y la superioridad moral que pueda dar el ganar en un juego. En este caso es China la cuna del juego y la poseedora de la superioridad moral que da tener al mejor jugador del mundo.

Pues bien. Resulta que, al igual que con Deep blue y el ajedrez hace ya unos años, hay ahora un jugador artificial de Go que derrotó contundentemente al mejor jugador de Go, resquebrajando el orgullo patriótico y la inspiración que pueda dar el perfecci…

(hat) gelebt

No sé si a ustedes les pasa pero más de una vez me encuentro a mí mismo recordando sueños viejos. Cosas que he soñado despierto, quiero decir. El equivalente a lo que hace quien compra la lotería y se ve a sí mismo acostado en una cama llena de billetes o sentado en un automóvil muy lujoso y veloz.

Mis sueños han pasado más de una vez por lugares en los que me veo a mí mismo viviendo, aprendiendo cosas y haciendo cosas nuevas. Desde Madrid hasta Estocolmo, pasando por Dresden, Kaiserlslautern y Amsterdam, Rotterdam, Delft, Bonn, Berlin y Barcelona. Cambridge, Londres, Manchester. Vancouver, Austin, Chicago, Nueva York o Washington D. C. Todos son sitios que me he detenido a mirar, sobre los que he averiguado cómo se vive, qué se come, qué tan frío es el frío y qué tanto se sufre con el calor, qué se hace en el tiempo libre y cómo se transporta la gente. Me he visto a mí mismo tratando de ir entre la gente con mi propia rutina de vida.

Qué cansado es haber vivido en tantos lugares dent…

Ninja

Una de las partes más importantes del entrenamiento para ser ninja es el ser uno con la lluvia. Ser parte de la lluvia. Fluir, llegar de repente, caer y avanzar a pesar de la resistencia presentada por parasoles, toldos y paraguas. Caer, rodar y seguir de largo para mojar a alguien más, fluir y empaparlo todo, zapatos porosos y pantalones de algodón, sacarle provecho a la capilaridad y ascender hilo a hilo. Arrastrar la mugre, la mierda y las hojas a su paso, discurrir y perderse de vista en un instante.

Mi entrenamiento básico pasa por caminar bajo la lluvia. Aunque suene simple, está lleno de retos propios de un ninja entrenado. Evito los pozos de agua que no fluyen para no delatarme. Esquivo sombrillas y paraguas con sus mortales brazos de aluminio que se mueven a baja altura y sin un orden claro, pasan justo a la altura de los ojos y rozan las sienes goteando agua. Preveo el paso de los autos que intentan salpicar a quienes caminan por la calle. Abordo buses sin que me caigan gote…