diciembre 26, 2013

Abandono

La depresión es una enfermedad. Como tal, requiere tratamiento.

Es difícil de diagnosticar. Es difícil saber que necesitas ayuda.

La misma persona me dejó dos veces porque yo estaba deprimido. Una como pareja, otra como amiga. En ambas, eligió siempre su bienestar a hacer parte de este proceso. Eligió además herir porque cualquier otra opción daba miedo.

Es apenas normal. Nadie está obligado a acompañar a otra persona mientras se recupera de una enfermedad. Un amigo de mi hermano tuvo una pareja por 12 años y ella dejó de estar a su lado cuando no pudo seguir acompañando su lucha diaria contra los síntomas del Parkinson.

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Yo comencé a sentirme falto de motivación hace unos dos años. Perdí interés en el trabajo, las negativas de ingreso a programas de maestría llegaron y los problemas de pareja eran frecuentes. La falta de interés fue entendida como falta de interés sin más y me cambiaron por alguien más.
Una noche me dijeron "este muchacho que trabaja conmigo me regala cosas y tiene detalles bonitos". Otra, me dijeron "me di un beso con ese muchacho que trabaja conmigo". La última, "creo que ese muchacho me gusta porque me da lo que añoro tener". Ahí se acabó.
Después se arrepintió porque había seguridades que aún no encontraba al otro lado y le temía a despedirse después de cuatro años. Ya era tarde; me mató la confianza en la pareja. Yo terminé todo para cumplir con los trámites de rigor, así ella lo hubiese matado antes.

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Dos años después, cuando ya entendí que yo necesitaba ayuda profesional y apoyo de todas las personas cercanas, acudí a todos incluyéndola a ella. Se suponía que habíamos seguido siendo amigos, pero lo profundo del pozo en el que caí pareció abrumarla.
Decirle que las cosas que los demás -y ella misma- decían no tenían el efecto esperado porque no creía que todo fuese a estar bien, le hizo creer que lo que ella hacía no servía para nada. Le dije que era una conclusión estúpida. Me gritó que no me merecía a nadie y me iba a quedar solo. Le dije que se bajara del carro e hizo pataleta, se negó y me obligó a soportarla media hora más. De paso, menospreció o ridiculizó las cosas que yo había encontrado en mi camino (tratamiento) y lo que mis otros amigos me habían compartido de sus vidas. Me preguntó si me creía importante y por eso no me entendían. Parte de mi enfermedad ha sido creer precísamente que no soy nada importante. Ahí vi que nada de lo que yo decía le importaba realmente.

La busqué días más tarde para decirle que me había hecho mucho daño. Me habló de lo mejor que era alejarnos porque qué haríamos cuando ella se casara. Que debió luchar más por mí. Que lo bueno es que yo haría las paces con todo y que no me perdería por siempre. Que yo no podía irme cuando yo quería de ese lugar en el que me hacía daño porque a ella no le gustaba almorzar sola. No dijo nada de mí o de mi enfermedad. O de lo que me gritó aquella vez. No tuvo el coraje para decirme que eso era lo que pensaba y que no se iba a disculpar.

Ahora sé que escribe sobre mí por ahí, suponiendo y diciendo que alejo a la gente porque la alejé a ella, porque me enfermé. Yo sólo veo que me dejó dos veces la misma persona porque eligió salvarse, mientras mis amigos confabulan para sacarme de mis creencias erróneas. Veo que me merezco a mis amigos y así apago el incendio de sus palabras hirientes. Eligió creer que es fuerte y que demanda lo bueno de los demás, cuando en realidad sólo les vomita su lado más egoista mientras sigue llenando su cabeza con suposiciones mediocres.

Dice que estoy muerto pero nunca había estado tan cerca de conseguir un triunfo real -que no permanente, ya lo sé- sobre la muerte, a la que me acerqué tanto este año que termina.

diciembre 12, 2013

diciembre 09, 2013

Expendable

Yo interactúo con las personas pensando siempre en ser prescindible. En no generar dependencia.

No hago las cosas por los demás. Les explico cómo funciona algo y cómo podrían hacerlo. Para que no necesiten mi ayuda la próxima vez.

No ofrezco ayuda esperando una recompensa. Sólo hago las cosas un poco más fáciles para que sigan con su vida.

No quiero a alguien esperando que se quede por el resto de la vida. Sólo lo hago porque me nace hacerlo y confiando en que ofrezco cosas de las que los otros aprendan y mejoren. Para que sigan con su vida después y sientan que son mejores que antes de compartir conmigo, no peores.

No espero ser un mal recuerdo para nadie. Esencialmente hago todo pensando en que los demás estén mejor.

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De un tiempo para acá, me da tanto miedo caer en el gaslighting que me demoro más en decir cosas relacionadas con lo que siento.

diciembre 06, 2013

Day one

Pocas cosas más teratológicas que el mar cerca a las Bahamas. Son pinceladas de azul y verde en medio del mar. Puro azar. Es perfecto.

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Una gran imagen. Casi una coreografía. Una rigidez solemne a la distancia.

Buses escolares perfectamente alineados, uno junto al otro. Los veo salir, uno tras otro en perfecto orden, todos iguales. Bosques de muchos colores, todos ellos tonos entre el verde y el ocre.

El Potomac se ve bonito. Las casas, dispuestas alrededor de caminos sin un diseño coherente, forman suburbios que se antojan artificiales a metros por encima. Si se viesen desde la Luna, seguro se verían igual de extraños.

Campo de béisbol, campo de football. Compañeros inseparables aquí. Veo pasar varios, siempre juntos.

Aterrizamos.

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El mismo cielo azul contrastando con los edificios blancos. Ni una nube en el horizonte. El miedo disfrazado de detalles decorativos en las entradas del aeropuerto, en forma de enormes bloques de concreto bloqueando el acceso de cualquier vehículo a las entradas.

Un aire frío y cómodo. Un acento al que no termino de habituarme. Supongo que aún no me hago a la idea. Aún así, aquí estoy.

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Ahora todo gira alrededor de cuatro frases.