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mayo 27, 2024

Divergence

 ¿Y si alguien te dijera que todos esos hábitos tuyos son realmente señales de neurodivergencia?

Y si no fuese simplemente un conjunto de cosas que haces mal sino representaciones del cómo funciona tu cerebro.

Y si todas esas situaciones que se te quedaron como recuerdos emotivos fuesen realmente ejemplos claves de aquello que te hace particular (y no simplemente defectuoso o falto de disciplina/carácter/foco).


De pronto eso es lo que explica que haya terminado viviendo con el gato más disperso del mundo mundial.

abril 15, 2020

Decease

Leer las cosas que la gente publica estos días va entre el desánimo y la genuina curiosidad. Como antes y como siempre, suele ser sano el elegir a qué responder o si es necesario hacerlo. En general, la opinión que uno tenga no es relevante para el resto del mundo y uno puede ahorrarse la respuesta. Alguna diferencia hay al leer esta columna de Pascual Gaviria en la que se pregunta, no sin razón, cuáles son los daños que deberíamos buscar prevenir y cómo evitar lo que se antoja inevitable. Se pregunta por qué el enfoque ha de ser necesariamente el evitar que la gente se muera de una enfermedad específica, mientras las medidas en ejercicio para evitarlo matan gente de hambre o las condenan a la pobreza (y a todas las formas de morirse asociadas). Uno queda dándole vueltas y hablándose a sí mismo. La pregunta ofrece varios casos, meandros por los que corre la misma idea y que van al mismo lugar.

¿Cómo decidimos quién se muere? ¿A quién ponemos a elegir? Ya dirán algunos con algo de razón que, de todas formas, el Estado ya deja morir un montón de gente de condiciones asociadas a la pobreza, la violencia que genera, la falta de oportunidades y todo lo que mata la gente en este país. Un pecado de omisión histórico, podrían llamarlo. Y bueno, ¿queremos cambiar la decisión o quién decide? De pronto queremos votar para ver quién debe elegir. O tal vez queramos resignarnos y dejar que la naturaleza haga lo suyo pero que los que queden (o quedemos, no se sabe) no caigan en la pobreza. Es posible que algunos estén pensando en hacer islas de leprosos para los enfermos y enviar allí casas, calles o barrios completos cuando alberguen enfermos. O algo más simple y que nos es más familiar: dejar morir la gente a la entrada de los hospitales, buscando reducir el gasto de recursos en los enfermos y dirigirlos a los vivos y -con suerte- sanos.

Esta pregunta lleva un montón de tiempo tratando de resolverse usando ejercicios mentales para hacer evidente el dilema ético. El MIT lanzó un sitio hace varios meses, en donde las personas podían enfrentarse ellas mismas a diferentes situaciones en las que un vehículo autónomo debía decidir, en un caso extremo, a quién debería dejar morir en un accidente. No hay una única respuesta y, al menos hasta ahora, no hay una respuesta que todos aceptemos sin chistar. No hay un consenso sobre a quién es preferible decir que deje morir a la gente, a los médicos o al presidente, a los periodistas o al alcalde, a los científicos o a los maestros. Súmenle que no hay certeza del resultado. No es una forma escandalosa de quedarnos sin ancianos; el gobernante que emita la orden puede terminar en la misma fosa colectiva junto a un montón de desconocidos.

Todo esto tan gaseoso para decir que nadie tiene una respuesta, que todos los muertos duelen, cuando menos a los que son solidarios, empáticos y tal. Veníamos de quejarnos por tener buses más limpios para tener menos muertos por la contaminación, de quejarnos por los líderes muertos -que se siguen muriendo abaleados-, de quejarnos por los que no han querido que se acabe la balacera en este país por puro odio y rencor. Los muertos van a seguir doliendo tanto como antes. A los que no les dolía la avaricia no les va a cambiar la vida ahora (a menos que su capital no les garantice la salud). Igual, el regreso de la gente al rebusque en la calle, que Pascual describe como inatajable, silenciosamente condena a muchos de esos que plantea cuidar a morirse en la calle, de una u otra forma.

Ya que Pascual sólo pinta esa aparente "otra mitad de las cosas", habrá que estar pendientes para enterarnos cuando se encuentre la respuesta que no hemos podido ver todavía como comunidad global que somos. O para , como lo dice el comienzo de su columna, cuando encontremos la pregunta correcta. Por ahora sólo seguimos estrellándonos contra caminos sin salida y meandros que se secan antes de volver a su cauce.

diciembre 18, 2019

Antique

¿Hasta dónde llegar con la definición de anticuado?

La última vez que me hice esta pregunta fue cuando vi este artículo en el que muestran cómo una parte de los canales públicos comienzan a ser emitidos por YouTube TV a partir de hoy en EUA. Todos estos canales buscan ampliar su audiencia y entienden que a través del televisor no lo van a lograr -sobre todo ahora que hay una tendencia en varios países a dejar de pagar por servicios de cable y reemplazarlos por servicios de streaming-.

Mientras tanto, por acá todavía están discutiendo si es relevante conectar los 1102 municipios a la Internet, si los computadores para educar deben dar acceso a YouTube o sólo a word y excel, si hay que licitar o no un tercer canal privado de TV.


*

Parece que usar MatLab o Mathematica también será anticuado pronto. Ya hay máquinas que aprenden a resolver integrales mejor que cualquiera de esos programas. Ni hablar de las calculadoras. Pronto sera una app en el celular que le mandará la integral a resolver al servidor lejano.

diciembre 17, 2019

Adulting

Es rara la adultez del programador. Ver que algún plugin o paquete no funciona, bajar los fuentes, ajustar y compilar todo, probar y luego ver si eventualmente se podría enviar algún pull request.

Hace quince años estaría muerto de miedo de tan siquiera pensar en meterle mano a lo que otros hicieron. Véanme acá, abriendo proyectos ajenos y viendo cómo quitarles la mugre para que funcionen ahora, cinco años después del último commit.

diciembre 13, 2019

N.W.A.

Creo con firmeza que ahora cada uno vive aún más ahogado en su propio mundo de ideas si lo comparamos con alguien de hace treinta años.
Hoy es fácil dejarse inundar la cabeza, el corazón y las tripas con todo aquello con lo que se está de acuerdo, día a día y minuto a minuto, notificación tras notificación. Hace treinta años había que esperar al noticiero de las siete, al periódico de la mañana, al nuevo libro, al programa de radio en la tarde.

Tal vez, el único caso que ha sido constante a través de los años es el ahogo que trae nuestro quehacer, el oficio que paga la comida. Vean nada más al comandante de Policía de Bogotá. El pobre hombre recién descubre que las personas de a pie no confiamos en ellos, en los policías, y nos pide que no creamos que no todo lo que hacen tiene una intención oscura. Que matar gente, meter gente en carros sin marcar o patear gente desarmada no obedece a nada más que a su quehacer diario.

Ese ahogo del quehacer ha perdurado en el tiempo. Ese oficio de defender la propiedad (que a duquecito se le salió inocentemente en su discurso sin sonrojo) que los lleva a matar gente con tal de preservar los ventanales intactos, ese oficio es constante a través de la historia y los hace olvidarse del lugar en el que trabajan. Olvidan que no son soldados y no combaten en una guerra. Que trabajan en medio de los pueblos y ciudades. Que el mundillo de los ideales los crea diciendo que están para servir a la comunidad, a todos. Que no están para desahogar su ira pateando gente ni es un hecho menor el que terminen matando a alguien, así sea porque había detrás del alguien un grupo de gente al que sí le apuntaban (otra gente que tampoco se debe morir).

Los policías creen que viven en medio de una película y su oficio los ahoga. Se entrenan para odiar a las mismas personas que dicen servir. Al final, no terminan por ser nada diferente a perros rabiosos con un amo sádico que los empuja a pelear y a morir. Por unos ventanales, por dinero. Creen tener poder pero sólo tienen rabia, sevicia y miedo a su superior inmediato. Obediencia a unos generales que ascienden sin ganar batallas y que se transforman sin ambages en un político más. En otro bozal o en otra correa que estrangula a los perros rabiosos.

A mí que me hable de rabia un policía de Corinto, Cauca. Uno que haya pasado noches en vela vigilando que la guerra no le cayera encima en medio de la noche, a él y al resto del pueblo. Pero que un pobre diablo que patrulla los buses en una ciudad, de repente elija patear gente indefensa a la entrada de una universidad, eso habla a gritos de lo que los policías creen que son. Entre las personas que no son policías, todos se preguntan por el líder que les habrá dicho salgan a acabar con la gente que ande jodiendo, pero nunca lo van a encontrar porque es el mando medio, el que quiere escalar posiciones mostrando cifras, el que quiere ser aplaudido y ascendido. Ese don nadie es el que azota a la jauría con promesas y castigos y por eso es que nada va a cambiar. No hay una orden clara, sólo hay hijos del resentimiento específico de cada quien.

A mí no me cuida la Policía, ¿a ustedes sí?


septiembre 30, 2019

Free (lunch)

Es difícil recordar cómo eran las cosas en 2013. De hecho, muchos no recuerdan cómo era antes de 2007, que es la época en la que Facebook aparece como sitio de juegos Flash.

Ahora que salió publicado un libro de Edward Snowden, es raro pensar que han pasado ya seis años desde que supimos que había gobiernos viéndolo todo y tratando de hacer que todo fuese visible, incluso si nosotros no lo deseábamos. Los expertos en criptografía y seguridad informática andan revisando, poniendo todo en perspectiva, pensando en qué es lo que hemos mejorado desde entonces y qué nos falta por hacer.

No estamos todavía en un lugar deseable. Siguen existiendo rincones ocultos de la tecnología que usamos (como el IME de Intel) que recurren a la seguridad por ofuscación, la misma que ha probado ser inútil antes porque eventualmente todo se sabe. Nada hay oculto entre el cielo y la tierra, dice el dicho. Siguen apareciendo los debates entre los proveedores de servicios informáticos y las naciones que quieren estándares de seguridad inseguros para los usuarios y seguros para las fuerzas de seguridad.

En algún momento, Twitter dejó de ser un lugar de usuarios para ser un lugar de mercadeo (de productos, de ideas, de basura). Igual pasa ahora con Facebook. En general, la Internet es un espacio en el que los poderes reales interactúan y nosotros, los de a pie, quedamos en medio, como siempre. Hagan de cuenta que comparten espacio con todos los congresistas del país en un mismo restaurante; imaginen cuál será el servicio para ustedes y cuál será el servicio para ellos. Imaginen que no todos son uribistas, que no todos son del Polo, que no todos son Armando Benedetti, que es de todos y de ninguno. Igual, ustedes siempre irán últimos y recibirán lo que quede.

Por eso es que cada discusión técnica es legítima y por eso es que se debe ser un consumidor informado en lo tecnológico. Se deben reducir los lugares oscuros y los procesos mágicos para elegir al que cuida y desincentivar al que usa nuestros datos como un bulto de cebollas.

Sí, ya borré la cuenta de Facebook for good. Por si se lo preguntan, Tinder es de los que avisa cuando, dos años después del último login, agenda el borrado definitivo de sus datos si ustedes no lo han pedido. Esas son las pequeñas cosas. Elijan, decidan.

**

PD. Tengan cuidado con los permisos que le dan a las apps para usar Bluetooth. Ahora resulta que nos rastrean, cuando vamos a locales o cuando estamos en nuestra casa. Sé de Apple y Amazon, seguro que las apps en Android lo hacen igual.

agosto 12, 2016

Cuentas

Lo que ando pensando, en forma de lista, es que:

a.) La discusión que se dio alrededor de las cartillas del Ministerio es un acto político qure crea una coyuntura donde no la había, aprovechando una publicación cualquiera que resultó ser falsa (lo que no importó, igual) y que ni sabemos con qué intención se hizo.

b.) El resultado -como pronunciamientos- es un conjunto de cálculos políticos que minimizan las pérdidas.

c.) Por ahi derecho, el Procurador comenzó a hacer campaña sin hacerla.

d) La negociación de La Habana no nos representa por principio, sí por forma. La negociación es entre la facción de la élite que cede privilegios para terminar la guerra, y las FARC que buscaba poder político. Otra cosa es que, en promedio, a los ciudadanos de a pie nos va mejor con eso porque los términos del acuerdo nos incluyen.

e) Hay otra facción de la élite que no quiere ceder. Ya hemos visto el poder que tienen para movilizar personas de a pie usando discursos fáciles, simples y efectivos. Y lo seguirán haciendo porque también se puede detener un proceso por inanición, sin el No directo.

f) Esa distancia entre personas con poder real (económico y político) garantiza que el fin del conflicto llevará a otra etapa diferente, como la que vivimos ahora, en la que no habrá grandes hechos de violencia pero seguiremos sin ser incluyentes y convivir en el día a día. Una interacción con microagresiones, tratos solapados y problemas de fondo. Con suerte, después de la negociación seremos más los que busquemos construir.


Sigo sin creer en ustedes los colombianos.

agosto 11, 2016

Ideología

Cuan conveniente, políticamente calculado y revisado se ve todo este ejercicio de protesta. Qué rápido salen las pancartas impresas a todo color defendiendo el diseño de dios. Qué conveniente resulta para los mismos de siempre el que surjan nuevos motivos de discusión y división. De repente, el proceso de negociación con las FARC quedó en medio de una coyuntura que no existía porque
  • El fallo de la Corte Constitucional estaba ahí hace rato.
  • La circular del Ministerio diciendo qué hacer y cómo, también estaba.
  • La constitución ya decía que no nos debemos discriminar.
El comunismo, la familia tradicional y la ideología de género tienen en común que no existen. Y sin embargo, ya hemos visto cómo han logrado mover gente como si de enormes máquinas se tratara, todos apredreándolas. Falsas banderas desplegadas por los mismos de siempre, discursos viejos que han debido quedar enterrados con Laureano pero que reviven, que los viejos entregan a otros más jóvenes para comunicar la ignorancia, replicarla y hacer de ella un ecosistema. Curiosamente, además, el comunismo y la familia tradicional se venden igual: exhaltados como visiones ideales dignas de ser perseguidas.

El problema, sin embargo, no parece estar en la fe sino en la fe no educada -y no sólo aplica para la vida religiosa de las personas-. Si uno lo revisa bien, uno no tiene mayor certeza de su origen más allá de lo que afirman el notario y los que se dicen padres. Uno cree que la mamá es la mamá porque uno elige creer, tener fe, pero la relación entre los padres y el hijo, como cualquier otro vínculo, siempre estará mediada por la confianza y el respeto. ¿Dónde están las marchas exigiendo que mi papá se disculpe y me repare por todos los daños causados? Porque todas esas cosas que desdicen de la familia tradicional, esas sí son del ámbito privado y no se discuten. Para qué discutir aquello que nos complica las ideas, claro. En fin, la fe es la misma siempre y es sólo una educación real la que la hace consciente y le da sentido en medio de la comunidad.

¿Por qué es tan difícil entonces, aceptar que otros decidan no ser como yo? ¿Cuál sera el camino más enriquecedor para que aquellos que hablan desde el privilegio entiendan a los discriminados?

Ese falso respeto y esa fingida tolerancia que parten del asco y la vergüenza no son más que eso, asco y vergüenza. No son más que un silencio cómplice ante el abuso y la discriminación, que viven con la conciencia tranquila y la rutina intacta hasta que algo del problema aparece allí, en su cotidianidad. Eres libre de ser quien quieras mientras no te aparezcas en mi vida, dicen. O en la de cualquiera como yo porque qué impresión imaginar que soy yo quien te da la mano. O te abraza.

Qué bueno es ver que aquello oculto en medio del afán y la costumbre, se hace visible y se vuelve palabras. Porque es en las palabras donde la contradicción se hace más evidente y los intereses se leen entre líneas.

agosto 07, 2016

Advantage

Cada vez que pienso en los últimos cinco años, me asusta la idea de olvidar y de no ser lo suficientemente fuerte para recordar, preservar, no repetir errores, no reparar lo dañado. Nada lo hace a uno más vulnerable al daño que no quererse lo suficiente porque otros sacarán provecho de ello.

agosto 01, 2016

Patter

Once I found this quote attirbuted to Bruce Lee saying that The meaning of life is that it is to be lived, and it is not to be traded and conceptualized and squeezed into a pattern of systems.

 Sometimes I feel, football has the same meaning. Football is meant to be lived rather than conceptualized in endless shows filled with dissonant voices; football is meant to be lived instead of being traded, captured in briefcases. You should never patter football but let it flow, flow with it, be part of it.

Go play some football. Live it.

julio 06, 2015

Digitalism

Playing with electrical charges

¿A qué hora se volvió hábito desmenuzar la ficción porque no muestra una realidad ideal, correcta o completa?

Es cierto que estamos en una época en la que nos dedicamos esencialmente al entretenimiento. Siempre hay algo buenazo por hacer o por probar pero al final es una cura para el ocio y poco más. Deportes, tendencias, actividades, todo discurre entre las personas y sus interacciones como entretención pasajera. La ciencia sigue trabajando por mejorar la calidad de vida, claro que sí. Enviamos aparatos llenos de transistores y relés a sitios recónditos, buscamos vivir mejor y más tiempo. Todo eso está ahí pero nada hace parte de una lucha por la supervivencia; sólo estamos haciendo de nuestro nicho un espacio más cómodo y mejor decorado.

Parte de la entretención pasajera está en discutir sobre cada forma o intento de entretenimiento. Elaborar juicios de valor y compararlos con los de otros que se dan a la misma tarea. Un nutrido pánel de expertos ad-hoc por cada serie, película, partido de fútbol o proyecto aeroespacial que surge. Debates que duran horas y días sobre la naturaleza del show y sus posibilidades de mejora. Porque siempre le falta algo que lo haría aún mejor.

Hace un siglo y algo más se mostraba el viaje a la luna y todos exclamaban sorprendidos, Melier soñaba y le compartía su sueño a otros, Soñaban juntos y nadie juzgaba la ignorancia de la que nacía todo. Se asumía que no se sabía y se usaba ese vacío para soñar y jugar juntos. Alguien en una conversación me mostró el término pacto de ficción y es un gran nombre para ese viaje colectivo. Sin embargo, este metaentretenimiento que comentamos arriba lleva a que -por ejemplo- sea exhibida Interstellar y aparezca un grupo de personas inconforme con los detalles científicos o técnicos de la película, criticando la libertad que se toma quien cuenta la historia para hacerla menos real durante algún pasaje (incluso si fuese toda la película, ¿qué más da?).

Hace un tiempo, el debate giraba alrededor de lo necesario o innecesario que era el sufrimiento de un personaje de ficción. ¿Por qué violan a una mujer en un seriado televisivo? La pregunta deja ver claramente que se espera una relación directa entre la correctitud del contenido en el entretenimiento y  el funcionamiento de la realidad. ¿Lo que se muestra en un show es ejemplo de comportamiento para la audiencia? Es más útil caminar por la distopia y las ficciones impregnadas de realidad para mostrar preguntas legítimas de formas ingeniosas. Inundar los sentidos con versiones calcadas del Truman show no cambia nada y sólo prolonga el imperio de la correctitud política, tan peligrosa como conformista.

A veces siento que es una forma de matar el entretenimiento, criticándolo como si eso fuese equivalente a criticar la realidad para mejorarla. La ficción fenece cuando las luces se encienden y los problemas reales están esperando en la puerta. ¿Qué otra crítica puede dirigirse a un espectáculo más allá de la respuesta que genera en cada uno?

febrero 11, 2015

Carta a Uldarico Peña

Saludos,

espero que esté usted bien. Que el día sin carro haya sido un buen día. Es importante que lo haya sido, pues todas las personas a las que representa estaban sirviendo a una ciudad que los necesitaba más de lo habitual.
Es en días como ese, en los que cobran más protagonismo en la vida de la ciudad, que se hace más importante revisar las cosas que podrían mejorar. Porque, como todos aquí, usted y el gremio al que representa también pueden mejorar muchas cosas.

Sería bueno que comenzaran por respetar las normas de tránsito. Esas que están consignadas en el Código de Tránsito. Usted sabe bien de qué hablo: no ir en contravía, no hacer doble fila en un giro a la izquierda (porque obstruye el tráfico que no va a girar), no volarse semáforos en rojo, no transitar por las bermas y ciclorrutas. Algo básico. Equivale a comenzar aceptando ese acuerdo colectivo que hicimos para definir cómo vamos a comportarnos cuando vamos por la calle.
Que los conductores de taxis sólo se rían cuando se les señalan sus infracciones da cuenta del desdén que tienen por quienes comparten las calles con ellos. Muchas veces es mejor llegar a salvo que ahorrarse dos minutos. Es más, estoy seguro que el dinero gastado en reparaciones por choques y comparendos supera lo que teóricamente ganan "ahorrando tiempo" al saltarse normas de forma sistemática. Porque ellos, ustedes, justifican su comportamiento en los quinientos kilómetros que recorren al día; suponen que la experiencia les permite hacer las cosas a su antojo. Es un empirismo peligroso.

Y ya que estamos en acuerdos colectivos, también sería muy útil que sus agremiados no sean violentos. No ejerzan violencia. Usted me dirá que sólo responden a lo que una ciudad violenta les ofrece. Yo le responderé que ese comportamiento no resuelve nada, no cambia a la ciudad, los hace más vulnerables (porque evadir la confrontación inútil siempre será más sabio que encararla) y además atemoriza a quienes sólo queremos usar su servicio. El gremio de taxistas no debe ser una fuerza paramilitar que anda por ahí impartiendo justicia. Dejen de romper espejos, de cerrar a otros carros, de llamarse por la frecuencia de radio como si de una mafia se tratase.

(En este punto estoy seguro que usted, don Uldarico, me traerá datos sobre cuánto han ayudado a la Policía como gremio. Se lo agradezco pero prefiero que se ocupen primero en ofrecer un servicio respetuoso de sus usuarios. Después vemos lo de ayudarnos a estar seguros entre todos)

Entiendo, entendemos que ser conductor de taxi en esta ciudad es muchas veces un escampadero, una salida casi que informal a la falta de oportunidades. No hace falta conocer la ciudad (para elegir la mejor ruta) ni presentar prueba alguna para ser conductor de taxi. Muchas veces, lo que se ve es que las empresas que agrupan taxis sólo están interesadas en recibir sus pagos mensuales, sin que importe mucho cómo hace cada taxista para recoger el dinero correspondiente. Más de una vez nos hemos topado con un conductor al que se le apaga el carro cada tres o cuatro cuadras (¿tendrá al menos la licencia? ¿ustedes revisan esto?) o el que no conoce la ciudad y no sabe cómo llevarnos. Parte de ofrecer un mejor servicio sería entonces capacitar a los nuevos taxistas, ayudarles a ser mejores en lo que hacen. Las empresas de taxis deberían hacer algo más que ocupar una frecuencia del espectro y tener un conmutador telefónico.

Como estamos hablando de lo que podrían hacer las empresas, se me ocurre que podrían pensar en usar carros que sean seguros para los conductores y los pasajeros. Más de una vez, los resultados de un accidente son peores de lo esperado porque, pensando en reducir costos antes que en prestar un buen servicio, los dueños de los taxis y las empresas que los agrupan han elegido carros baratos. Vehículos que carecen de muchas de las medidas de seguridad activas y pasivas que vienen de fábrica en cualquier otro carro. Los importadores han aprovechado esto y han alimentado esa necesidad trayendo vehículos nimios, que seguramente son muy económicos en el mantenimiento pero que le aseguran a todos sus pasajeros heridas graves en cualquier colisión. Aún así, la responsabilidad es de quienes compran y usan estos carros. De nuevo, los usuarios entendemos que tampoco les importa nada diferente al producido.
El Estado carece de voluntad suficiente, pero yo esperaría que algún día esto sea regulado y sólo se permita prestar este servicio en vehículos que garanticen la seguridad de quienes los usan.

Cada cierto tiempo, usted don Uldarico, sale en televisión y radio pidiendo que el Gobierno distrital fije una tarifa justa para el cobro del servicio de taxi. En la última década han acudido varias veces a bloqueos y demás protestas que, de nuevo, ignoran las necesidades de quienes vivimos con ustedes en la ciudad. Han puesto a otro montón de asalariados a caminar por horas para llegar a su casa. Eventualmente consiguen lo que buscan porque entienden que tienen poder suficiente para presionar a los demás. De nuevo, pasa por la forma que tienen ustedes de ejercer violencia sobre otros, creyendo que tienen el derecho de hacerlo.
Sin embargo, son incapaces de respetar esos mismos acuerdos; a diario muchos lidian con taxímetros adulterados, con conductores creativos que usan aplicaciones de taxímetros en el celular o que simplemente cobran lo que les parece. ¿Para qué discutir tanto por una tarifa que al final no usan? ¿Por qué las empresas de taxis no controlan los taxis y los taxímetros? ¿Por qué nos toca usar a la Policía para eso? ¿Por qué roban? Porque cobrar de más es robar y muchos conocemos de cerca casos en los que el taxista termina golpeando a alguien que no le paga completo argumentando que les está robando su trabajo (y estaría de acuerdo en la premisa mas no en la golpiza). Entonces, ¿importan las tarifas o no?

Puede que para usted, don Uldarico, lo que es más visible son las negociaciones con el Gobierno y con los negocios de otros mercados como autopartes y combustibles, relacionados con su gremio. Pero lo que ve cada uno de nosotros, cada día, es la actitud y el comportamiento de un taxista anónimo (así la placa en la silla tenga un nombre) que sólo nos deja pensando cómo ustedes han sido incapaces de hacer algo mejor de sí mismos.
Así pues, espero que algún día no muy lejano nosotros, ciudadanos como ustedes, podamos definir cómo deben los taxistas hacer su trabajo. Porque estoy seguro que así debe ser y no al revés, como ahora.

Que tenga un buen día.

diciembre 10, 2014

Canvas

Boeing 307 Stratoliner Clipper Flying Cloud

Postulado: Los aviones dibujan en el cielo. Cortan el telón de fondo, marcan el horizonte, crean una retícula que guía la mirada.

Los aviones cambian el clima

Los aviones cambian el estado de ánimo.

Los aviones reducen el uso de whatsapp. Reducen la incidencia del síndrome de túnel carpiano en los adultos.

Los aviones aumentan la frecuencia de los abrazos.

Usemos aviones. Más aviones y menos whatsapp.

noviembre 27, 2014

Ranthought - 20141127

La idea no es dejar de ser vulnerable; es estar preparado, más fuerte, para la próxima vez que los miedos ajenos hagan daño.

julio 10, 2014

Ranthought - 20140710

Me dijeron alguna vez que no era el más brillante. "Pero así te quiero"

También me dijeron que estaba muerto. Me dieron por muerto.

Ya he sido una persona horrible para alguien más.

Ya le he quebrado el corazón a alguien.

Ya me dijeron que "buscara algo pequeño para hacer". Que dejara de apuntar alto.

Ya fui demasiado dolor para alguien.

Puedo recordar mis propios pensamientos, hace diez o doce años, en los que me sentía excluído de muchas experiencias por estar tantos años aislado. Por decisión propia. Jamás imaginé que pasaría por tantas cosas. Recuerdo que soñaba con poder vivir todo eso que desconocía. Eso sólo me lleva a una idea: Why regret what you once wanted?

Ya recordé cómo es lo de soñar con cosas felices para uno mismo, so fuck off.


"It doesn't matter if the water is cold or warm if you're going to have to wade through it anyway"
- Teilard de Chardin

julio 02, 2014

Legacy code

Beauty

Asumir algo es fácil, no requiere mayor esfuerzo. La vida sólo sucede. Revisarlo demanda disposición y atención.

Recuerdo la conversación con Olavia Kite. Comenzó como una queja por algo que yo dije. Si revisamos, aquí es muy común referirse a alguien flojo o temeroso como "una nenita". Claro, la revisión que uno hizo de la queja comenzó por la intención del comentario. Seguro, seguro, la intención no era molestar a nadie. Es que «no entiendes el sentido o la intención». Pero va uno luego al diccionario y a leer cosas por ahí. Porque queda la idea rondando la cabeza.

¿Y si el problema no es la intención sino lo que estás usando para darlas a entender?

Comienzan a aparecer en las lecturas términos como heteronormativo. Vas a ver y sí, la queja es fundada y Olavia tiene todo el derecho a quejarse. Años y años de niños hablando con otros niños, de niños hablando con los papás, han dejado como legado esas herencias en el lenguaje. Puede que no lo creas conscientemente pero involuntariamente lo aceptas sin pensarlo cada vez que usas ese mismo símil.

Si uno va y revisa la memoria (y los libros), las mujeres normalmente comienzan a crecer primero. Debe ser durante la adolescencia que los patrones viejos e innecesarios anidan y se multiplican en la cabeza de muchos de nosotros. Cuando la ilusión de poder patriarcal encaja en los roles de género que los anunciantes y la moral religiosa usan con eficiencia. Cuando se mezclan las expectativas profesionales y los futuros probables en «una familia normal», con todo lo que dicen que esa idea abarca: Hijos, casa, carro, deudas, mascotas. La normalidad.

Es aún más extraño que esas ideas perduren en un entorno en el que las mujeres cabeza de hogar construyen su vida y la de sus hijos con entereza y sin dependencia, luchando contra todos los demás obstáculos que la falta de privilegios les pone por delante. Más de una mamá es ejemplo de tesón, constancia, inteligencia, disciplina, talento, dedicación y tantas otras cosas; nada parece ser suficiente para erradicar la idea de debilidad implícita. De dependencia.

Un antiguo maestro me decía que el idioma de un pueblo es su cultura. Va uno a ver y sí. La forma en la que decimos las cosas deja ver mucho de cómo vivimos la vida. El cambio, eso sí, debería comenzar en las ideas y las interacciones para que se vea reflejado sin esfuerzo, en las palabras.

Yo todavía ando aprendiendo y revisando qué tanto legacy code tengo corriendo en la cabeza. A ver cuándo logramos mejorar las cosas.

junio 20, 2014

La censura, el asco

Leía hoy este artículo sobre el pudor y la censura alrededor de la menstruación y pensaba en lo que lleva a las personas a mantener en la oscuridad todo lo que tiene que ver con la forma como funcionan sus cuerpos. La saliva, los mocos, los orines, la mierda, la sangre. Todo está ahí o aparece periódicamente como resultado de nuestra existencia. No seríamos como somos si no fuese por estas cosas que creemos poco dignas o simplemente odiosas. Nos da asco aquello que debería resultar más natural.

Es normal que nuestros sentidos nos indiquen que es mala idea comernos un bocado de mierda. Nos podemos enfermar. Hacen lo mismo con la comida rancia o podrida. Llevamos muchas generaciones en estas como para que el cuerpo de nuestra especie falle con algo tan simple. Sin embargo, es poco menos que infantil la sorna y la desaprobación que surge cuando alguien se limpia la nariz o cuando a una muchacha se le mancha el pantalón en la entrepierna, siendo que uno esperaría una identificación básica con esa persona si se parte de la premisa según la cual TODOS compartimos esos mínimos vitales. Todos tenemos nariz y mocos, todos los seres humanos con órganos sexuales femeninos menstrúan durante un período de su vida.
En pocas situaciones es más evidente el disgusto y el asco por lo que hace el propio cuerpo que durante el sexo. Los olores, los fluídos, el sudor, todo eso choca con la pulcritud que más de uno busca diariamente. No hay gel desinfectante que valga.
Es más frecuente que se interrumpa el sexo por el pudor de dejar ver y tocar la sangre durante la menstruación que por el problema real que puede significar el manchar las sábanas (y tener que lavarlas). Creo incluso que las parejas de estas mujeres coexisten y dan cabida a este pudor porque a todos nos inculcan ese mismo temor y la necesidad de no involucrarnos con esas «cosas sucias». Los chistes replican esa cotidianidad cuando usan la situación de la mujer que no puede tener sexo vaginal durante la menstruación. Es «lo normal».

¿Es usted un fascista de la salud? ¿Se preocupa constantemente por llenar sus manos de gel antibacterial? Piense en esto: La colonia de microorganismos que habita allí vuelve a su población habitual unos treinta o cuarenta minutos después de lavarse las manos, con o sin piedra pómez, con el jabón de avena o con el que dice acabar el 99.9% de los gérmenes. Son las especies poco habituales las que requieren que nos lavemos las manos después de defecar o tirar la basura, pero las que viven allí regularmente coexisten pacíficamente con nosotros.

Pienso que las mujeres deberían estar en la libertad de vivir y convivir con su cuerpo a plenitud. Sí, lo sé, los hombres también. Aceptémonos como somos, que harto trabajo le llevó al azar llegar a semejante construcción. Sudamos, producimos algo viscoso dentro de la nariz, sangramos, desechamos lo que no nos sirve. Así somos. Sudemos más, reconozcamos nuestra propia humanidad reflejada en el semejante que se come un moco despreocupadamente. Y bueno, dejen la bobada con el sexo durante la menstruación. Ofrézcanle ese nuevo espacio de libertad a su pareja. Liberación de la censura y el pudor innecesario.

octubre 17, 2013

Ranthought - 20131017

Ayer me decían que uno no es según lo que hace, sino que uno hace de acuerdo a lo que es.

¿Cómo interpretar eso?

Lo más fresco

Convenience (store)

La ropa en tallas, en tiendas, exhibida para pasar a comprarla, es un invento de unos cien años. Antes de eso, cada quien se hacía su ropa o...