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Mostrando las entradas de marzo, 2013

Sword

Tráiganme sus imposibles que con gusto yo peleo a muerte contra ellos.

Es un gusto adquirido, dicen mis amigos. Una motivación. Competir contra lo imposible.

Anónimo

Desde que existe la posibilidad de interactuar con otras personas en línea, existe una tendencia a crear  espacios para compartir información personal que normalmente no se comentaría con extraños. El equivalente a sentarse en un lugar poco concurrido para poder hablar de las situaciones y pensamientos que persisten como situaciones irresolutas o como «curiosidades que no encajan en lo que la gene conoce de uno».

Comienzo por decir que mi interacción con Usenet fue muy reducida. Y como uno no habla de lo que no conoce, pues le dejo esa tarea a quien quiera comentar al respecto.
Lo que sí sé es que seguramente en los canales de IRC, estos espacios para el coqueteo o para las conversaciones aparentemente triviales ya existieron y tal vez aún existan. Más adelante surgieron las salas de chat, interfaces amigables para los mismos canales IRC (al punto que yo mismo usé un cliente para IRC con configuraciones iniciales listas para conectarse a ciertas salas como LatinChat). Se convirtieron …

Ranthought - 20130320

La única vez que pensé en no esperar a tener que morirme, deseché la idea pensando que le haría daño a otras personas. Es una forma peculiar de decir que la gente me salvó la vida.

Porque a veces, en verdad, uno llega a creer que eso es lo único que sabe hacer medianamente bien. Pensar en los demás.

Delinear

Cuando hablaba con amigos ñoños, me decían que una persona normalmente elegía un personaje en juegos de rol o juegos de PC como Diablo, de acuerdo a su propia personalidad. Que se identificaban con algún rasgo en particular.

Desde hoy creo que con los equipos de fútbol pasa exactamente lo mismo.

Master of

Cuando era pequeño imaginaba que ganaba algún premio para ñoños. Junto a mi mejor amigo haríamos algo tan absolutamente genial que los otros ñoños lo reconocerían como tal.

Pasaron los años y la imaginación transformó esa visión en algo más modesto. Una vida feliz en la academia construyendo cosas divertidas o útiles.

Luego vino el pregrado. El amigo estudió una ciencia exacta, yo una ingeniería. La idea de continuar en la academia persistía, en parte por costumbre y en parte porque no quería vivir lo que vi que mamá vivió: Años de cubículos, de 8 a 5, de lunes a viernes. Porque creía que había más espacio para hacer cosas nuevas, diferentes.

Justo antes de terminar el pregrado, llegaron al hogar los problemas reales, tan reales que tuve que enfrentarlos yo. Dejar a un lado la academia, el título y todo eso por la necesidad de resolver los problemas reales. Después se abriría el espacio para terminar lo pendiente y recoger el póster aquel en el que aceptan que sea ingeniero, sin dejar…

Nash

Alguien decía en alguna clase que "Todo se redistribuye, a las buenas o a las malas". Bajo esa premisa, no temo dar propinas o ayudar a quien dice necesitarlo.

En el equilibrio de Nash dicen que hay una ganancia máxima individual al actuar cada uno suponiendo que los demás actual de forma racional, realizando la mejor elección posible. En juegos cooperativos, sin embargo, se encuentra que hay una ganancia máxima conjunta disponible al cooperar todos para obtenerla.
Hoy vi a dos personas saltar un torniquete en la estación de bus y sólo pude pensar en la ganancia máxima conjunta.

Valley

La primera vez que pensé en morirme fue el día que sepultaron al hermano.

La segunda fue en plena guerra del golfo, cuando uno no entendía qué tan grave podía ser y a veces creía que toda esa cantidad de balas y misiles podían caer por error donde uno estaba. No podía ser más extraña la sensación porque justo por esa época yo andaba en el que era, tal vez, el lugar más plácido del mundo.

En la finca de los tíos pasaba los días a la orilla de la carretera, viendo pasar buses «subiendo y bajando», esperando a quienes se habían ido monte arriba a cambiar las vacas de potrero, caminando entre pastales, cultivos y gallinas. Cuando tenía suerte, iba a caballo junto a algún tío hasta la casa de un vecino, prestando atención a la forma en que se movían las orejas del animal. Nunca aprendí a montar a caballo por mi cuenta.

Cuando crecí lo suficiente para que me ofrecieran cerveza en las tardes, me sentaba junto a tíos y primos en un gran tronco recostado junto a la casa, justo a la vera del ca…