septiembre 16, 2018

G-nope

Gnome no logra dejar de ser un asco desde que decidió crear la versión 3 y botar a la basura cualquier idea de usabilidad.

Veo que todo sigue como estaba cuando abandoné Gnome, hace ya ocho años. Qué desperdicio, todo ese código sin servir para lo que se supone que debería servir.

Seguiré lejos de ese adefesio.

septiembre 13, 2018

septiembre 12, 2018

Vote

En Colombia muchos votan con rabia o con enojo. Con ganas de ganarle a los que no piensan igual para presumir la victoria, más por identificación con un colectivo que por una identificación con un programa de gobierno.

En Europa son cada vez menos los jóvenes y jóvenes adultos que votan (de pronto prefieren tirar piedra que legitimar partidos políticos). Y es esa apatía la que deja las decisiones en manos de los más viejos, que usualmente poco entienden de los nuevos canales y procesos, las nuevas tecnologías y las normas de facto.

Rupert Murdoch parece estar dando sus últimas peleas por seguir teniendo un negocio sostenible sin cambiarlo en lo más mínimo. Y Europa, al menos por ahora, cede a sus pretensiones. Hay que ver cómo los estados de la Unión transforman ese chorro de babas en legislación efectiva y cómo los grandes Walled Gardens responden a ello. ¿Cambiará la búsqueda de Google para no ofrecer vínculos a contenidos que les van a cobrar por ofrecer ese vínculo? ¿Cómo controlará FB el que sus usuarios compartan vínculos a contenidos externos a la plataforma?

Veremos.

septiembre 11, 2018

Fritz

No todas las películas de Fritz Lang son la guasamondá ni son maravillosas.

Me senté a ver Doktor Mabuse der Spieler (1922) y me resultó imposible de seguir. No sé si sea más fácil de ver después de leer el libro del que sale el personaje, pero yo no logré identificar a los personajes tras cincuenta minutos de esforzada observación.

Por otra parte, no deja de sorprender que Tom Cruise siga aprendiendo, ya viejo, a hacer nuevas maromas para poder entretener al público. Es todo un Jackie Chan moderno.

septiembre 10, 2018

Countries, Nations

La experiencia de país normalmente varía de persona a persona, por lo que me resulta extraño pensar, como tratan de vender los publicistas y los políticos (que tampoco son muy distintos los unos de los otros), que el país es ésto o aquello. Que no somos lo que muestran en esta serie o en esa otra; que la gente es así y asá, que las riquezas están acá y acullá. Que las cosas buenas están y son muchas.

La experiencia de país es muy personal y si acaso tendrá en común lo que pasa por lo cultural, que normalmente es transversal. A menos que uno interactúe con personas pobres y adineradas, lo que hace que eso que creíamos transversal cambie también. No hay una única interfaz de país.

Esas situaciones o experiencias que se presumen unificadoras, en realidad sólo resaltan más las diferencias. La selección nacional de fútbol, por ejemplo, sólo sirve para promover unas ideas que en la realidad no existen; se vive una falsa unidad entre personas que igual, unos tragos más adelante, bien pueden terminar en una riña o que al día siguiente se van a enzarzar en cualquier tipo de enfrentamiento (diga usted, a los codazos mientras intentan entrar al mismo bus). Nos venden la idea de ser un país bello y bueno, lleno de gente que se pone la camiseta y es vivo reflejo de todo lo bueno que proyectan unos deportistas; la realidad, bien distinta, pasa por unos cuantos atletas de alto rendimiento que hicieron las cosas sin saltarse pasos, sin torcer las normas, con disciplina y dedicación, que es lo que normalmente no se usa en el cotidiano colombiano. Es por eso que lo que todos -periodistas e hinchas- rescatan de los partidos son precisamente los resultados a la vez que ponen el trabajo o la preparación en un segundo plano, supeditándolos a opiniones y cotilleos de esos que prefiguraron el clickbait en la era de la radio y la TV.

Todas las experiencias de país son entonces, igualmente válidas. Lo que me pase a mí nada tiene que ver con lo que sufre o goza el otro. No estoy loco por querer cambiar mi rutina al considerar inviables las opciones que tengo aquí; nada tiene de irracional el que otros se sientan a gusto en una u otra ciudad. Lo que se vive a diario es una construcción colectiva y una negociación permanente (de espacios, de recursos, de roles, de ideas) que funciona mejor para unos que para otros. A cada uno le corresponde simplemente gestionar su propio proceso de negociación y el espacio en el que mejor le funcione.

Es por todo esto que resulta necio cuestionar la experiencia de país que unos u otros puedan tener. Por eso es importante atender a quienes han vivido y viven la violencia, de la más cruda a la más sutil y normalizada. Ya estuvo bueno de minimizar las experiencias ajenas para ensalzar un estúpido sentido de pertenencia a algún colectivo inútil que poco se preocupa por el bienestar de quienes lo conforman.