noviembre 18, 2016

Gap

Dejar ir. Aceptar que los demás deciden por sí mismos, entender que no se controla nada y que no se tiene derecho adquirido a la presencia de nadie. Aceptar la distancia interpuesta y el silencio. Aceptar que las condiciones no las fija uno sino alguien más y lo único que queda es guardar silencio hasta que le digan lo contrario.

Hacer el duelo de los vínculos profundos que pasan a ser vacío. Ver el contraste entre alguien que traía sonidos, acordes, y el silencio que queda después. Levantarse igual, seguir haciendo cosas. Recordar que los vínculos profundos son consecuencia y no causa del ser. Pensar en lo que se hizo sin creer que hay alguien esperando escuchar lo que se piensa.

Hacer las cosas pensando que el silencio será infinito. Tener el corazón abierto para cuando resulte tener un final. Escuchar. Tic, tac, toc, tic. Crujidos. Martillazos. Arañazos.

Escribir un diccionario con ese idioma, ahora muerto, que se hablaba entre dos personas y ahora nadie usa. Dibujar un mapa falso del tesoro que, en algún vericueto, esconda el lugar donde se dejan los recuerdos que se quieren atesorar. Veinte pasos en una dirección, giro a la izquierda, noventa y tres pasos más, busque la caverna que parece un gato peludo y entre por la pata izquierda.

Salir a la calle, correr, conseguir lulada o jugo de maracuyá, seguir corriendo. Cuando el cielo se vea verde significa que es hora de volver a casa. Caminando. Comiendo helado.

Revisar que la leche no se haya cortado, que las manzanas no se han dañado y que el jamón todavía es comestible. Probar alguna receta. Improvisar. Comerse los fracasos con té verde. Ojalá frío.

Hablar con la gente de uno. Hablar. Darse abrazos. Mandarse abrazos, contarse historias, ver la calle en compañía. Saber de la gente de uno. Cuidar la gente de uno.

Honrar el recuerdo de las cosas que estan en uno y son uno mismo junto a uno. Aprender. Seguir siendo. Intentar otra vez, ajustar el ángulo de los alerones hasta que salga algo diferente. Planear.

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