septiembre 13, 2012

Cold

La relación con la exnovia siempre ha sido peculiar. Incluso cuando comenzó a ser la novia, ya en aquel entonces el contexto y las condiciones hacían de todo algo muy extraño. Visto con incredulidad o extrañeza por la gente alrededor. grandes riesgos, problemas apenas evidentes, dificultades que se veían insalvables. E igual seguimos juntos porque había confianza. Y fue duradero, contra todo pronóstico.

Hoy en día los comentarios son similares. Que con la exnovia no se habla, que si no se olvida es porque  no se ha terminado del todo la cosa. O es que todavía te gusta, es que vas a volver con ella. Y así, todos dejan su preocupación particular sobre lo conveniente que pueda ser el seguir interactuando con la exnovia. Un pecado capital a los ojos de la sabiduría popular, esa misma que le apacigua las penas al corazón roto rellenándolo con odio -a veces injustificado- como quien rellena con cemento fresco el andén resquebrajado para endurecerlo.

La soledad presente no ha dejado responder la pregunta que muchos hacen, el saber si seguir viéndose con la exnovia puede afectar el que me vea con alguien más. En parte, creería que no depende de mí sino de la confianza que tenga -y se tenga- quien salga conmigo (1) e igual es probable que tanto la exnovia como yo agrandemos la distancia para evitar herir susceptibilidades. Yo ya aprendí a convivir, en gran medida, con esta memoria que no deja ir nada y que me tiene de ida y vuelta entre el pasado vaporoso y el presente incierto y que por eso mismo, sabe que el presente tiene motivos y que recordar también garantiza el tener claro que así se está mejor.

Además, si sólo hay dos personas en todo el mundo que lo conocen a uno de verdad, ¿para qué desperdiciar la posibilidad de compartir con ella si no le nace a uno odiarla?

(1) Ya de por sí soy difícil de llevar y eso. Qué más da.

6 comentarios:

Nelson Castillo dijo...

A largo plazo es bueno ser amigo de una exnovia. Por lo menos, que exista la posibilidad de hablar. No ser enemigos.

Andrés Salcedo dijo...

Súmele, Nelson, que a mí no me gusta andar cargando rencores o tener una lista de gente con la que me toca mostrarle mala actitud.

Ana dijo...

Quería compartirte mi entrada sobre el asunto, pero la volví a leer y, además de que me parece demasiado rosadita, las cosas han cambiado. Esa entrada la escribí cuando mi ex y yo llevábamos 4 años de haber terminado, ahora van 7 y además desde hace dos o tres trabajamos juntos, soy su jefe. Fuimos novios durante 7 años, nos quisimos bonito, nos dejamos de querer bonito, tuvimos una buena relación después de terminar y una relación laboral que es igual al noviazgo que teníamos. Entonces a veces lo quiero matar y la mayoría del tiempo adoro que trabaje conmigo. Del amor o el deseo no queda nada. Pero nada es nada. Yo lo veo y no entiendo cómo fue que lo amé tanto... no porque sea maluco o una mala persona, ni nada de eso, pero creo que los dos nos volvimos dos personas que jamás se meterían una con la otra. Cambiamos los dos de manera fundamental. Tanto que hoy podemos trabajar y tener discusiones y todo lo que tiene que ver con eso sin que ninguno sienta que esa relación que tuvimos esté ahí presente haciéndonos caras. Nada. Tan raro. Yo no sé si eso le pase a todo el mundo, no sé si será un caso raro... yo lo que creo es que a veces pasa el tiempo como si fuera una tormenta y no deja ni rastros.

Andrés Salcedo dijo...

Hola, Ana. Gracias por comentar.

Yo creo que, cuando algo dura el tiempo suficiente -así sea una mera amistá- uno tiene la posibilidad de ver a las personas ser alguien diferente, poco o mucho, de quien se conoció inicialmente.

La pregunta recurrente es "¿seguimos yendo por un camino medianamente cercano, como pa compartir la vida?". Lo malo es que, a veces, el hábito y la certeza de encontrar a alguien por ahí cerca manipula la respuesta que uno se da a sí mismo.

Lo otro es que cada cosa desaparece a una velocidad diferente, creería yo. Lo que llaman amor, el deseo, el aprecio, la confianza. Cada una decae (si es que lo hace) a su propio ritmo y por eso hay tanto enredo.

Eso creo yo, pero yo de estas cosas siempre he dicho que no sé mucho.

Ana dijo...

Ufff... me encantó esa imagen de los componentes decayendo cada uno a su paso. Yo diría que en las relaciones largas decae primero el deseo, pero en las corticas es lo último... ¿no es muy injusto? Cuando a uno le va bien, como siento que es tu caso y el mío, la confianza no decae como nunca. Y el amor siempre cambia. Yo creo que yo quiero a Jose y siempre lo voy a querer, pero distinto.

Andrés Salcedo dijo...

Uno ve tantos problemas por ahí y no entiende cómo es que no deja de querer o de confiar.

Sobre el orden de las cosas, creo que cambia para cada uno porque depende de cómo se haya construido todo. O de qué fue lo que se dañó en el camino.

Como sea, pensar en lo injusto que pueda ser no es relevante. Quererse con alguien no es cuestión de merecimientos.