La ropa en tallas, en tiendas, exhibida para pasar a comprarla, es un invento de unos cien años. Antes de eso, cada quien se hacía su ropa o le pagaba a alguien para que la hiciera (si le sobraba el dinero para pagarle a alguien). De ahí que enseñaran a bordar, coser y todo eso. Eran habilidades prácticas (que, por supuesto, le delegaban a las mujeres entonces). La ropa pasó de irse haciendo a medida de cada quién, a ser un algo que resolvías yendo a un almacén y probando cuál de los tamaños ofrecidos funcionaba mejor.
Cuál tamaño le quedaba mejor. De los tres o cuatro disponibles. Qué tallita busca y se la traigo.
Ya el resto fue cosa de publicidad (engañosa por definición) diciendo que era lo mejor, lo más moderno, lo más cómodo, lo más bonito. Se invirtió la cosa: el que sale a comprar hecho es mejor (vive mejor) que el que hace su ropa. Paga por la conveniencia y no se la pasa bordando y cosiendo.
Y ahí depositamos un montón de estupideces sobre lo que representa eso que usamos para taparnos las tetas, el culo y todo lo que no quieren que veas. Más y más aspiraciones, representaciones y sentidos de pertenencia falsos. Todo ahí, entrelazado con las puntadas (que dieron sin dedal las máquinas frías).
Vaya usted y busque ropa en un almacén hoy día. Las telas son baratas, las costuras son mediocres, los acabados son lamentables, la durabilidad es mínima. Pero el precio, ¡el precio!, ese sí se mantiene igual. O peor. O depende de si te vendes en el norte global como tienda de ropa para usar un par de veces, o como tienda de lujo europea/gringa en el sur global (y la calidad es la misma, es decir, vendes a precio de oro un trapo que se deshace unos meses después).
Entonces, sin conveniencia, sin atractivo, más caro... con razón la ropa china es tan popular para los que tienen menos presupuesto. Es la única oferta que mantiene la promesa de ser más barata y conveniente porque a qué hora salgo de mi trabajo esclavizante a hacerle ropa a la familia.
Y para el resto, para los que nos queda dinero disponible -la minoría-, ¿por qué seguimos comprando en esas tiendas si no nos ofrecen ningún diferencial? Tal vez por costumbre. Y esa costumbre se aterriza un poco recorriendo la ciudad y viendo cuánto cuesta una camisa, un pantalón o unos zapatos hechos en el país, incluso en la ciudad.
Si uno busca ropa "de diario", hay numerosas opciones que cuestan menos y gustan/duran/sirven más, o que cuestan lo mismo y son de muchísima mejor calidad. El dinero de la compra paga salarios acá cerca y no es para pagarle a niños del sudeste asiático y sus deditos expertos en ensamblar ropa cara. Si uno busca ropa a la medida, un sastre cobra menos que un vestido caro de esos de diseñador que sólo le quedan al 1% del 1% (o a los que están en dieta de ozempic), y le va a quedar muchísimo mejor porque es a la medida, caray.
El ocaso del consumismo desbordado no tiene ningún sentido. Por ninguna parte. Apoye a su creador / sastre / costurero de confianza.
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