febrero 11, 2015

Carta a Uldarico Peña

Saludos,

espero que esté usted bien. Que el día sin carro haya sido un buen día. Es importante que lo haya sido, pues todas las personas a las que representa estaban sirviendo a una ciudad que los necesitaba más de lo habitual.
Es en días como ese, en los que cobran más protagonismo en la vida de la ciudad, que se hace más importante revisar las cosas que podrían mejorar. Porque, como todos aquí, usted y el gremio al que representa también pueden mejorar muchas cosas.

Sería bueno que comenzaran por respetar las normas de tránsito. Esas que están consignadas en el Código de Tránsito. Usted sabe bien de qué hablo: no ir en contravía, no hacer doble fila en un giro a la izquierda (porque obstruye el tráfico que no va a girar), no volarse semáforos en rojo, no transitar por las bermas y ciclorrutas. Algo básico. Equivale a comenzar aceptando ese acuerdo colectivo que hicimos para definir cómo vamos a comportarnos cuando vamos por la calle.
Que los conductores de taxis sólo se rían cuando se les señalan sus infracciones da cuenta del desdén que tienen por quienes comparten las calles con ellos. Muchas veces es mejor llegar a salvo que ahorrarse dos minutos. Es más, estoy seguro que el dinero gastado en reparaciones por choques y comparendos supera lo que teóricamente ganan "ahorrando tiempo" al saltarse normas de forma sistemática. Porque ellos, ustedes, justifican su comportamiento en los quinientos kilómetros que recorren al día; suponen que la experiencia les permite hacer las cosas a su antojo. Es un empirismo peligroso.

Y ya que estamos en acuerdos colectivos, también sería muy útil que sus agremiados no sean violentos. No ejerzan violencia. Usted me dirá que sólo responden a lo que una ciudad violenta les ofrece. Yo le responderé que ese comportamiento no resuelve nada, no cambia a la ciudad, los hace más vulnerables (porque evadir la confrontación inútil siempre será más sabio que encararla) y además atemoriza a quienes sólo queremos usar su servicio. El gremio de taxistas no debe ser una fuerza paramilitar que anda por ahí impartiendo justicia. Dejen de romper espejos, de cerrar a otros carros, de llamarse por la frecuencia de radio como si de una mafia se tratase.

(En este punto estoy seguro que usted, don Uldarico, me traerá datos sobre cuánto han ayudado a la Policía como gremio. Se lo agradezco pero prefiero que se ocupen primero en ofrecer un servicio respetuoso de sus usuarios. Después vemos lo de ayudarnos a estar seguros entre todos)

Entiendo, entendemos que ser conductor de taxi en esta ciudad es muchas veces un escampadero, una salida casi que informal a la falta de oportunidades. No hace falta conocer la ciudad (para elegir la mejor ruta) ni presentar prueba alguna para ser conductor de taxi. Muchas veces, lo que se ve es que las empresas que agrupan taxis sólo están interesadas en recibir sus pagos mensuales, sin que importe mucho cómo hace cada taxista para recoger el dinero correspondiente. Más de una vez nos hemos topado con un conductor al que se le apaga el carro cada tres o cuatro cuadras (¿tendrá al menos la licencia? ¿ustedes revisan esto?) o el que no conoce la ciudad y no sabe cómo llevarnos. Parte de ofrecer un mejor servicio sería entonces capacitar a los nuevos taxistas, ayudarles a ser mejores en lo que hacen. Las empresas de taxis deberían hacer algo más que ocupar una frecuencia del espectro y tener un conmutador telefónico.

Como estamos hablando de lo que podrían hacer las empresas, se me ocurre que podrían pensar en usar carros que sean seguros para los conductores y los pasajeros. Más de una vez, los resultados de un accidente son peores de lo esperado porque, pensando en reducir costos antes que en prestar un buen servicio, los dueños de los taxis y las empresas que los agrupan han elegido carros baratos. Vehículos que carecen de muchas de las medidas de seguridad activas y pasivas que vienen de fábrica en cualquier otro carro. Los importadores han aprovechado esto y han alimentado esa necesidad trayendo vehículos nimios, que seguramente son muy económicos en el mantenimiento pero que le aseguran a todos sus pasajeros heridas graves en cualquier colisión. Aún así, la responsabilidad es de quienes compran y usan estos carros. De nuevo, los usuarios entendemos que tampoco les importa nada diferente al producido.
El Estado carece de voluntad suficiente, pero yo esperaría que algún día esto sea regulado y sólo se permita prestar este servicio en vehículos que garanticen la seguridad de quienes los usan.

Cada cierto tiempo, usted don Uldarico, sale en televisión y radio pidiendo que el Gobierno distrital fije una tarifa justa para el cobro del servicio de taxi. En la última década han acudido varias veces a bloqueos y demás protestas que, de nuevo, ignoran las necesidades de quienes vivimos con ustedes en la ciudad. Han puesto a otro montón de asalariados a caminar por horas para llegar a su casa. Eventualmente consiguen lo que buscan porque entienden que tienen poder suficiente para presionar a los demás. De nuevo, pasa por la forma que tienen ustedes de ejercer violencia sobre otros, creyendo que tienen el derecho de hacerlo.
Sin embargo, son incapaces de respetar esos mismos acuerdos; a diario muchos lidian con taxímetros adulterados, con conductores creativos que usan aplicaciones de taxímetros en el celular o que simplemente cobran lo que les parece. ¿Para qué discutir tanto por una tarifa que al final no usan? ¿Por qué las empresas de taxis no controlan los taxis y los taxímetros? ¿Por qué nos toca usar a la Policía para eso? ¿Por qué roban? Porque cobrar de más es robar y muchos conocemos de cerca casos en los que el taxista termina golpeando a alguien que no le paga completo argumentando que les está robando su trabajo (y estaría de acuerdo en la premisa mas no en la golpiza). Entonces, ¿importan las tarifas o no?

Puede que para usted, don Uldarico, lo que es más visible son las negociaciones con el Gobierno y con los negocios de otros mercados como autopartes y combustibles, relacionados con su gremio. Pero lo que ve cada uno de nosotros, cada día, es la actitud y el comportamiento de un taxista anónimo (así la placa en la silla tenga un nombre) que sólo nos deja pensando cómo ustedes han sido incapaces de hacer algo mejor de sí mismos.
Así pues, espero que algún día no muy lejano nosotros, ciudadanos como ustedes, podamos definir cómo deben los taxistas hacer su trabajo. Porque estoy seguro que así debe ser y no al revés, como ahora.

Que tenga un buen día.

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