septiembre 19, 2016

Dinosaur

Este es un país más bien pobre. No es que nos sobren un montón de cosas; lo que sobra es agua y comida e igual nos cuesta un montón hacerla llegar a quienes los necesitan. Me gusta creer a veces que es un lugar en el que se podrían probar muchas cosas porque hay muchas cosas por hacer. No hay que cambiar todo radicalmente para incluir algo nuevo; hay vacíos evidentes esperando soluciones.

Cuando salgo y trabajo y hago cosas e interactúo con El mundo real, no dejo de pensar que estamos contínuamente pensando con El modelo viejo de hacer las cosas. El modelo que se está muriendo en todas partes. El que igual se debe morir antes que nos muramos nosotros. Como se sigue importando la forma de hacer las cosas para no desperdiciar el poco dinero que tenemos, nos quedamos siempre cortos, vivimos unos eternos dos centavos para el peso que se traducen siempre en decisiones salomónicas para ofrecer lo menos malo a tantos como sea posible.

Como el pensionado pobre que no puede arriesgar una moneda, así andamos nosotros sometidos a tratar lo que mejor funcione y que podamos pagar con lo que hay en el bolsillo. Cual hincha de fútbol nostálgico, todos hablan de las bonanzas del pasado como si fuesen el lugar común y no la excepción. La economía del país es inestable, como lo es la mentalidad colectiva del país. Esquizofrénicas ambas.

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Es raro que hablen de la bicicleta como un transporte totalmente limpio. Es más limpio que un automóvil pero no es cero emisiones. Producir las corazas requiere petróleo, hay que ver cómo se producen las pinturas y cómo es el negocio de armar los marcos de acero y aluminio, vaya uno a saber si los manubrios y sillines no están hechos de polímeros derivados del petróleo.

Todavía no hemos resuelto nada, estamos lejísimos de eso.

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