octubre 03, 2016

Democracy

La desconfianza es muy grande. La necesidad de victoria y rendición persiste. La división marcada entre sectores y grupos de personas, tan evidente en los últimos catorce años, fue ingenuamente ignorada por muchos esta vez.
Se viene un tiempo de cálculos políticos milimétricos en la repartición del poder, cálculos que nada tienen que ver con las víctimas ni con los ciudadanos de a pie. Protagonismos, cesiones que harán parte de otros sapos a digerir. Ya se habla de cuidados a la inversión privada y otras frases que hacen pensar en la muerte anunciada de este otro intento de reforma agraria. Otro más en el panteón. Ya llegan frases sobre la necesidad de incluir en la negociación los valores de la familia. De pronto son esos valores que también excluyen y dejan por fuera a muchos. Era mucho pedir.

Igual, un acuerdo que no resulte conveniente, válido o útil para la mitad de las personas que viven acá es un acuerdo que no sirve. Finalmente, esas personas también viven acá. Lo que dijimos el otro día sobre lo que sería vivir en paz necesariamente ha de incluirles también. Hemos de ponernos de acuerdo en lo que, en promedio, significa la justicia para todos nosotros. Qué es justo, qué es negociable y qué no. El Gobierno se agarró de un manojo de prerrogativas y no fueron suficientes para que la comunidad le rodeara; igual, para eso se elige el Gobierno y no podría culparles de haberlo hecho de esa forma. No me incomoda una negociación silenciosa porque sigo creyendo que sólo así sobrevivió a los extremos y a la desinformación como campo minado.

Por mis convicciones, desconfío profundamente de quienes, amparados en la voz del No que hoy se manifestó, sólo buscan mantener los privilegios y el poder a costa de la vida y el sufrimiento de los que, desde su nacimiento, se vieron enfrentados a la falta de oportunidades reales. A los que mantienen muchas vacas o muchas cañas de azúcar en terrenos inconmensurables, más de una vez arrebatados a la fuerza y protegidos con fusiles bien pagos. A los que no quieren permitir voces políticas disidentes. A los que no les interesa ninguna política social que trastoque los ejercicios de compensación política en cargos y normas.

La naturaleza de lo que sea que se negocie (si es que se logra) seguramente cambiará. Por ahora el balón, los reflectores y los micrófonos están del lado de los que se pronunciaron hoy como la mayoría. Espero que hagan algo diferente a llevarse el balón a la casa (o pincharlo). Yo sigo por acá tratando de ver cómo hacemos para resolver el entuerto. Entre todos, quiero decir.

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Salí de la casa de mi má hoy en la noche y pillé un grupo de peláos, algunos fumándose un porro, hablando entre ellos de Santos, Uribe y Pastrana. De las tomas guerrilleras que sólo vieron por YouTube (gran diferencia, porque nosotros las vimos por televisión e igual de lejos). De cómo antes se daban mucha bala. Sigo creyendo que es un buen momento en el que todos hablan, hablamos, conversamos. Sigamos hablando.

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No los culpo. Hay personas en las que no confío todavía porque obviamente no dejarán de ser unos hijueputas y todo eso.

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Muchos votos nulos y no marcados para un papel tan sencillo. Sería interesante un análisis de esos tarjetones.

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