octubre 01, 2016

Definition

En mi hogar se lee y se responden preguntas sobre el Acuerdo de Paz. El Acuerdo. ESE Acuerdo.

Una de las frases que más a menudo surge en las conversaciones al respecto es la definición de paz. El acuerdo no es de paz ni traerá la paz. Eso que negociaron no es la paz. La paz es otra cosa, tras lo cual proceden a describir su visión de la paz.

Tiendo a estar de acuerdo con el argumento, me veo a mí mismo renegando de lo etéreo que es definir la paz, casi tanto como definir lo que es el alma o lo que es el arte. Etéreo y por eso mismo poco pragmático. Sin embargo, me gustó la idea de divagar sobre lo que representaría para mí vivir en paz (así como prefiero preguntarme sobre la naturaleza del espíritu humano o cuál es la función del arte).

Por ahí escribí que vivir en paz se me parece mucho a poder tomar prestado un paraguas en el restaurante, en el hotel o en la oficina porque salgo a la calle durante la lluvia, sabiendo que lo devolveré para que alguien más lo use luego. Porque asumo que los otros tienen la misma necesidad que yo de no llegar hechos un desastre a su destino o prefieren no tiritar de frío mientras secan la ropa puesta. Vivir en paz ha de ser un ejercicio cotidiano, de negociación constante, en el que cada día debemos negociar, acordar los términos de convivencia y quitarnos de encima, de alrededor, los motivos por los que no nos permitimos ver a los otros como semejantes -que no iguales porque iguales no somos y menos mal-. No más negro, indio, ñero, pobre, gomelo, paraco. No más necesidades de exclusión y de reducción del otro a un escalón inferior, a otro piso, a otro espacio.

Por eso mismo, me suena que vivir en paz es aceptar que los demás, si lo deciden por sí mismos de forma individual y voluntaria, son capaces de aprender y cambiar, de interactuar diferente con el resto de la comunidad. Entender que restringir unas libertades individuales para quienes no lo logran es un medio y no un fin del castigo. Que encarcelar es dar un espacio en el que la comunidad interviene para dar herramientas nuevas y enseñarle a quienes hacen daño que hay otras formas de interactuar y convivir. Que encarcelar por el mero fin de encarcelar y aislar no cambia nada, no cambia el pasado ni alivia tristezas ni educa a quien podría aprender algo; que el fin de una comunidad no debería ser el tener miedo sino el hacer de sí misma un grupo cada vez mejor y más próspero de personas y por eso mismo es menester recuperar la presunción de buena fe y la capacidad de creer en que el otro puede aprender -si lo quiere y hace algo por ello, ya lo dije-.

Si hay gente que voluntariamente cambia su conducta sin necesidad de estar en una celda, ¿qué fin cumple entonces la celda que tantos piden para esa gente? Se siente como un fin egoista, muy personal. Como un deseo, un ansia y una expectativa de ver a alguien con uniforme de preso para sentirse ganador, victorioso, superior. Otra vez superior en tanto alguien tiene menos libertades que yo y ese es mi deseo. Para mí, el vivir en paz, como el perdón y la reconciliación, es un proceso contínuo, prolongado y lleno de dificultades. Nada de lo que esté en un papel cambia eso. Si lo sabremos los colombianos de a pie, que día a día vemos como muchos aquí desconocen de forma rutinaria lo que dicen los papeles normativos y viven de acuerdo a la intuición y a las normas de facto, a lo comúnmente aceptado. Por eso mismo acepto, como colombiano de ciudad, que El Acuerdo no incluya el tener en una cárcel a un montón de personas a menos que incumplan El Acuerdo.

Por último, me queda la idea de competencia. De la necesidad de ganar. De ser más sagaz que los otros como victoria. Porque vivir en paz también significa no necesitar ganar siempre y aceptarlo. No tener que llegar primero, no vivir siempre en los términos que uno desearía. Negociar. Acordar. Ceder. Y si algo quedó claro desde el momento que las partes comenzaron a negociar El Acuerdo es que nadie ganó y ambas partes aceptaron (creería que como condición esencial para escuchar al otro) que aparentemente no iba a haber victoria (o al menos, no pasaría de ser pírrica, desafiante sobre las cenizas del país y sus habitantes).

Algo que aprendí en las clases sobre negociación (empresarial, orientada a trabajar dentro de El Sistema) es que el primer paso siempre es la construcción de confianza. Por eso mismo acepto que la desconfianza es natural en las partes que negociaron El Acuerdo (y me ilusiono pensando que el Gobierno me representa así en el fondo crea otra cosa). Por eso mismo entiendo que nadie se está rindiendo y que simplemente estamos acordando en qué términos podemos vivir todos en un mismo espacio y en una misma comunidad.

Por eso elijo ir mañana y votar por el Sí en el plebiscito, confiando y esperando que lo poco o mucho que yo pueda hacer junto a otros tantos ciudadanos, permita construir confianza y estar más cerca de eso que creo es vivir en paz.


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