mayo 18, 2016

Trinity

Un grupo de westerns que no había explorado casi es el que tiene a Bud Spencer y Terrence Hill como protagonistas. Esa pareja que muchos conocimos en comedias extrañas con temas variopintos (¿alguien recuerda el Súper policía en Miami?), que aún vive y siguen siendo grandes amigos.

Dice por ahí que Spencer fue nadador profesional antes de ser actor, lo cual tiene sentido si uno ve el metro noventa de altura que tiene; no tanto si uno lo ve con su panza en crecimiento a través de los años y las películas. También puede leer uno que Hill es de ascendencia italiana y alemana, que mide metro ochenta e igual se ve chaparro junto al voluminoso Spencer.

Los vi en Dio perdona... Io no! (1967), una película con una historia estándar de trenes robados, oro, engaño y duelos a muerte. Es una gran pareja donde cada uno ofrece un personaje complementario e igual cada uno es interesante por su cuenta. Hill bien pudo haber sido un tremendo villano, sólo necesitaba dejar a un lado los chistes y los comentarios burlones para lograrlo. Decidió ser un bandolero pícaro con honor y supongo que eso definió el resto de su carrera como actor. Spencer parece ser el Weissmuller del lejano oeste, capaz de proezas sin igual y con fuerza suficiente para dormir gente con una sola bofetada.

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El otro día vi The man with the golden arm (1955) y todavía no sé qué pensar. Las tomas son buenísimas (hasta mueven cosas durante la toma para que la cámara pueda seguir al sujeto), la historia es un novelón venezolano, la actuación de Sinatra bien puede resultar exagerada o realista para quien la ve. Mención especial para la música que, bien pensada, siempre dice lo que pasa y lo que va a pasar; es del estilo de la época.

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