marzo 30, 2017

Bebop

Tengo una vida que discurre entre ascensores sin espejo y escaleras con un número impar de escalones. ¿El piso se cuenta como un escalón? Como los ascensores no tienen espejo, terminó viéndome a mí mismo en las videoconferencias, me quedo mirando mi imagen hecha pixeles, con el mismo pelo muy negro y los brazos largos.

Cuando uso pantalones que quedan más ceñidos me siento como Spike Spiegel y salgo a buscar algo para ganarme una recompensa. Termino comprándome algo rico de comer y me siento a ver pasar la gente.

Como en los buses. Como en los restaurantes. Recorro las caras y me quedo viendo un poco al tipo que le habla a alguien de la orden de embargo y de la orden de secuestro de bienes, un poco a la muchacha que habla con su vecino de mesa sobre las protestas que hubo ayer.

Porque andar en bicicleta me ha aislado de los grandes problemas que aquejan a la mayoría. No supe que los buses estaban detenidos hasta que una compañera de oficina llegó pasadas las diez treinta, agotada y frustrada. Me entero de las cosas por las historias que cuentan otros.

Porque mi historia vive en el blog y en la memoria que no me abandona. Además, yo hice curso rápido de nostalgia desde bien pequeño.

3 comentarios:

Unknown dijo...

No te mueras como Spike Spiegel

Carbet dijo...

Esta es una historia, no es nada.
Hoy volvíamos del trabajo (y yo de la universidad) con mi madre en el carro. En la radio sonaba https://www.youtube.com/watch?v=xLgQ6AHZXAU y empecé a hacer ruiditos de desaprobación, de incredulidad. Mi madre, que ponía mucha atención al trancón me volvió a ver tratando de entender por qué hacía esos ruidos. No llevaba celular en las manos, sino que observa hacia ninguna parte. Le expliqué que la historia era tétrica, que pobre hombre. Ella se extraño y me dijo que nunca escuchaba las historias de las canciones.

Me armé ipsofacto una playlist de canciones que me gustan por sus historias. Casi todas crueles y tristes. Le conté entonces a mi madre que en mi temprana infancia cogía los discos de mi padre y los repetía una y otra vez. Los canté tantas veces, siempre muy conmovida.

Al final, al llegar a casa, le dije que mi papá me había echo el daño. Que yo no podía escuchar esas canciones sin ponerle atención a sus letras, que de ahí se alimentó mucho de mi sentimiento de nostalgia temprana... y bueno, te vine a escribir esto porque leí el post y me gustó. Y en la última línea me sentí identificada.

Andrés Salcedo dijo...

@Carbet Es una gran historia y me identifico. Hago caras y todo eso cuando estoy en lo de procesar la historia de alguna canción, sólo que con las canciones no lo hago como tan consciente (ahora que lo dijiste, seguro le pondré más atención).

@Anónimo Intentaré intentarlo.