abril 06, 2017

Fucó

El domingo tuve mi sesión anual de ir a leer en la Asamblea de copropietarios. Ese espacio en el que se comprueba cómo las personas están dispuestas a renunciar a cualquier cosa con tal de sentirse seguras, aisladas de los malhechores y de sus vecinos.
Siempre hay un numeral, el último, en el que se da vía libre a los vecinos para hacer proposiciones y quejas varias (a ver si así sí les atienden). Es el favorito de quienes no quieren compartir ascensor con los perros, de los que denuncian a los vecinos que fuman marihuana y hacen rituales satánicos, de los que quieren que se cree un nuevo comité de alguna cosa. Lo de los rituales satánicos es en serio: hace dos años añadieron al Manual de Convivencia que estaba prohibido el consumo de sustancias alucinógenas y la realización de ritos satánicos en el conjunto.

El momento particularmente surreal de la asamblea del domingo pasado fue protagonizado por Foucault. Justo en el momento en el que la administradora informaba sobre la instalación de nuevas cámaras de seguridad, mi vecina de asiento comenzó a leer sus fotocopias de Foucault. El clásico Vigilar y castigar. Todo esto en el mismo conjunto que ya ha pedido registrar las huellas digitales y dar un montón de datos personales para saber quiénes entran a los edificios. Y son las mismas personas las que proponen y pagan para hacer realidad todas estas implementaciones de cosas que les mantendrán a salvo. A costa de su dinero y su privacidad, claro.

Que para qué quieren los vecinos que los vean todo el tiempo, se pregunta uno. Pues para castigar al que daña los botones del ascensor, para castigar al que raya la pared con el escudo de millos, para señalar al que saca la basura a la hora que no es y para el que la deja botada en el ascensor durante la noche. Para culpar a los demás sin lugar a duda. Ya hay un poco de sistemas de acceso que han reducido los hurtos a cero, por lo que ahora todos quieren que la vigilancia les resuelva sus problemas de convivencia.

Porque, una vez se sacan los ladrones de la historia, los problemas siempre pasan por ver que todos los demás son unos hijueputas. Ellos.