febrero 04, 2015

Negotiator

Desierto

¿Recuerdan la película El negociador con Kevin Spacey y Samuel Jackson? Ambos son negociadores de la policía, uno (Jackson como Lt. Danny Roman) toma rehenes en su oficina para ganar tiempo y hacer su propia investigación sobre la muerte de su compañero. Mientras tanto, hace llamar a otro negociador desconocido por todos, de otro distrito (Spacey como Lt. Chris Sabian) para que negocie la liberación de los rehenes.

Hay buenos diálogos y la trama de la historia va andando con sobresaltos y matices. Uno de estos diálogos entre negociadores, en el que Roman y Sabian hablan para tratar de saber lo que el otro piensa, trae una secuencia en la que Roman comparte su gusto por los westerns, especialmente Shane. Sabian responde con algo de burla diciendo que es curioso que elija el western en el que el héroe muere al final. Discuten sobre lo que pasa en la última escena. Cae muerto sobre el caballo o sólo se deja caer (slumped).

El recuerdo de esta película me llevó a ver Shane. Demás que gustar de los westerns y no verla es como pecado. Son dos horas de una historia de la que, en teoría, ya sabía el final. Alan Ladd se esfuerza por mezclar el espíritu de un pistolero eficiente con esa búsqueda de paz que sólo tiene el que ha visto muchos muertos. El niño que hace de coprotagonista es frustrante como debe ser para muchos un bebé llorando en un avión; el tono de voz es muy agudo, el tono es forzado y sin embargo, se ve una admiración creíble por Shane. Así son los niños con sus héroes.
Fue una grata sorpresa encontrar a Jack Palance con su pelo negro y su sonrisa socarrona como el enemigo a vencer. No se llega a saber mucho sobre los compinches/matones de Ryker, sólo están ahí y hacen lo que un matón hace mejor. El mismo Ryker es plano y simple durante una hora y cuarenta minutos; es en los últimos veinte que llegamos a saber qué piensa o siente cuando jode a los demás, lo que lo motiva.

La fotografía es realmente buena (hasta donde sé, ganó premios por ello), aunque usan las tomas "de noche" hechas de día con filtros (un estándar de la época, no es algo malo en sí) y la falta de costumbre causa incomodidad. Todo está saturado y por eso mismo es agradable de ver (así suene raro). La música que acompaña las escenas destruye algunos momentos y es torpe, distrayendo cuando trata de guiar hacia alguna emoción dominante.

Y bueno, tampoco sé con certeza si Shane se muere al final o no. Igual, nosotros en Latinoamérica ya tenemos a Vicente Fernández muriendo al final, casi siempre (creo que sólo en una no se muere).

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