octubre 09, 2012

Guía

Cosas que, después de la experiencia o de un análisis profundo, considero que no debería hacer.
  • Practicar halterofilia. Ajá, la flacura.
  • Comer coliflor. El olor mientras se cocina lo hace un ejercicio impracticable.
  • Vivir en Bosa. Porque sólo Luly goza en Bosa.
  • Estudiar otra cosa a nivel de pregrado (undergraduate). Eso era doble programa o nada. Tocó abandonar la idea de estudiar Física.
  • Vivir con papá. Ya aprendí lo que tenía que aprender.
  • Practicar últimate. ¿A qué hora creyeron que eso era deporte?
  • Jugar fútbol como defensa central. Sí he aprendido a jugar en diferentes puestos a través de los años, pero está claro que de central no tengo cómo jugar.
  • Dejar un coqueteo irresoluto. Eso es pura tortura del Ministerio del Amor, pero autoinfligida.
  • Dejar de escribir en el blog por más de una semana. Es absolutamente indispensable empujarse a pensar en algo más allá de la rutina. Así sea en uno mismo.
  • Permitir que la timidez me detenga cuando me preocupo por alguien. Ya resulta lo suficientemente injusto el que sea una persona tímida e introvertida y que, a la vez, me preocupe por los demás.
  • Dejar de salir en mi bicicleta (o en otra que compre en el futuro). La bicicleta es la libertad.
  • Ahorrar en comida. La comida es la vida. La buena vida.
  • One-night stand. Sólo me gusta si hay confianza y para la confianza hace falta tiempo. Como nota al pie, no me gusta el olor de alguien que no me importa, encima mío. Qué se le hace. No nací pa ser perro.
  • Tener mascotas con alas. Los pájaros nacen para volar, no llego a entender aún para qué los puede uno tener en una jaula o en un patio. Y ya murieron dos pericos a mi cuidado. Déjenme esa tristeza quieta, mejor.
  • Desistir de mejorar mi relación con la teoría musical. Algún día, la guitarra y yo seremos buenos amigos. O al menos nos llevaremos lo suficientemente bien para que yo pueda pasar un tiempo con ella sin sentir frustración.
  • Volver a aislarme del mundo. Máscaras, corazas y silencios. Sólo algunos de los últimos persisten cuando la timidez aflora; los demás están guardados en algún cajón después de ver que exponerse al mundo es la mejor forma de vivir. De paso le ayudamos a lo de seguir escribiendo.
  • Dejar de hablar con los amigos. En algún momento de la vida, dejé que el trabajo me aislara de las personas que quiero y que más me importan. Recordar lo importante que es el no permitir que suceda de nuevo.
  • Odiar. Ni me dura ni me sirve para algo. A mí sólo me aleja la desconfianza.
  • Quitarle la tilde a sólo solamente porque los nazis gramaticales lo permiten -y exigen-.
  • Permitir que se evapore el vocabulario alemán que aún subsiste en la memoria. No reconstruirlo como si fuera Dresden.
  • Creer que los improbables son imposibles. Suficientes imposibles ha visto uno hacerse reales como para insistir en ello. Hasta el electrón cruzó alguna vez el muro de potencial.
  • Pensar en vencer la timidez. Esa, al igual que el desamor y otras tantas cosas, nunca se va. Hay que aprender a vivir con ella para que no sea impedimento al hacer las cosas importantes en la vida. La timidez es el azafrán o la canela. Le cambia el sabor a las cosas.
Y ya. Luego se me ocurrirá algo más que añadir a la lista.

3 comentarios:

Juan dijo...

Debió haber escrito "Quitarle la tilde a sólo, sólo porque..." y habría probado su punto :)
Oiga, y muy mal que no quiera ser defensa central, con ese talento pa repartir autoridad que se carga :P
Saludos
JC

Andrés Salcedo dijo...

No me gusta repetir y no me gusta que me repitan cosas. Por eso pruebo mi punto con sutileza.
Para ser defensa central me falta estatura y fortaleza en el cabeceo. Por eso prefiero jugar de 5 o 6 ayudando (y repartiendo autoridad).

Olavia Kite dijo...

Reconstruirlo como si fuera Dresden. Qué bonita imagen para un idioma olvidado.