octubre 21, 2014

Magnum

Un tipo cualquiera que no tuviese como fenotipo un pipí pequeño. Que por puro azar viviese en Colombia.
Uno de sus primeros problemas habría sido, con seguridad, enfrentarse a la ropa interior regalada por padres, tíos y hermanos. Las cajas de calzoncillos Magnum por tres o cinco unidades. Esas que proveían un corte a modo de bragueta tan inútil como incómodo -porque nunca se sacaba el pipí por allí para orinar, que al no ser un pipí pequeño esa tarea era incómoda y requería desabotonar el pantalón, derrotando el propósito mismo de esa bragueta interior-.
Y era incómodo porque podía jugarle una mala pasada en situaciones inesperadas. Si de casualidad el pipí se extraviara en algún pliegue por allí o en la peligrosa orilla inferior, podía terminar teniendo una inesperada erección dolorosa en un ángulo antinatural. (Inesperada, sí. A todos, pipí pequeño o no, les pasa)
Súmenle que, para este tipo que no tenía el pipí pequeño, estos engendros en el punto medio entre una tanga y un bóxer nunca son capaces de proveer el soporte necesario. Puede sonar divertido, pero si la punta del pipí sobresale por encima del borde superior de esos calzoncillos slips (y lo hace), los jeans y otros materiales suelen ser poco amables con una zona tan sensible. Si se hace algún deporte, estos slips terminan dejando escurrir por un lado el pipí y se hace imposible correr o saltar con un pipí que va de un lado a otro.
Una gran decisión en la vida de este sujeto seguro fue el explorar el mercado para encontrar el soporte necesario, sin necesidad de aditamentos engorrosos. Un bóxer de algodón que no sea holgado, que mantenga todo en su lugar. Esa es la primera sensación de libertad para el tipo que no tenía el pipí pequeño.

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