mayo 27, 2014

On the waves



Paola nos hablaba con verdad de lo que significa y da a entender esa canción El rey de Vicente Fernández.

Sin embargo, si yo pensara en una de ese señor que tuviese algún significado para mí, sería otra y por un motivo no trivial.

El recuerdo que llega más rápido cuando me hablan de Vicente es el de un viaje en lancha. Una mañana en la que iba desde Capurganá hacia alguna playa cercana. Unos veinte minutos cruzando las olas. Yo iba embriagado por el mareol que me tomé ávido antes de que el oleaje jugara a revolverme la panza.

Mientras llevaba la cabeza, adormecida, entre las rodillas, eventualmente miraba hacia adelante y veía al tipo que nos servía de guía, un paisa con calvicie pronunciada que exageraba sus treinta y tantos años. Él se sentaba calmado en la proa de la lancha, con una de las piernas flexionada hacia adelante, formando una escuadra perfecta en la que apoyaba su brazo.

El tipo miraba al horizonte mientras lo salpicaba el agua salada. Imperturbable, parecía soñar despierto. De pronto sólo estaba recordando. Sin más, comenzó a cantar. Una historia de botellas que se consumen, de canciones que pedían ser cantadas, de morir en las cantinas, de caminos inevitables.

Esa canción se volvió otra cara del eterno retorno, de lo inevitable y de lo cíclico que pueda haber en la vida. Como las mareas, como el sol siempre yendo hacia el poniente. De los ritos de paso y de la resignación que a veces cubre los actos de cada uno. De los roles de género, tal vez, y de las expectativas creadas.

Pero nuestro amigo el guía seguro no pensaba en nada de esto. Que suficiente se tiene con los recuerdos propios. Esos son autocontenidos.


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