julio 31, 2012

Cycle

Era el día de la última clase. Del examen final. De la última excusa en el semestre para pasar tiempo con A. Tal vez, la última opción en un buen tiempo de buscar un espacio diferente en el que cual compartir algo más.

Llegué temprano al salón, a esperar y mirar hacia la puerta una y otra vez mientras simulaba que conversaba con otros. Con el estómago revuelto por la ansiedad. Y sí, en ese momento la puerta que estaba antes vacía, ahora enmarcaba la presencia de A., con el pelo castaño alisado, la chaqueta de jean oscuro y creería que un buso negro. Por eso sospecho que supo lo que me afectó o afectaría verla con el pelo arreglado. Y su perfume. Ese se convirtió de repente en el único olor que podía identificar.

Aunque, bueno, eso tampoco era difícil de predecir.

Lo siguiente fue estar, ser, completamente idiota por la siguiente hora o algo menos que eso. Y escribir garabatos apenas identificables como frases en algo que parecía alto alemán. Garrapateaba. A toda velocidad. Porque el examen era sólo el obstáculo, mientras que el objetivo real era salir primero que ella. No dejarla ir.

Sospecho que desde ese día le molesta verme. Volviendo al recuerdo, sé que nos levantamos al mismo tiempo a entregar el papel ese y ella logró salir primero. Yo esperé (im)pacientemente hasta que logré salir y ver que, aunque había otros hablando de las preguntas y sus respuestas, ella ya se había ido. Sí, salí a buscarla. No, no la encontré.

¿Qué haría ahora que no tenía más que los encuentros casuales en algún edificio de Ingeniería para buscarla? No lo sabía y me sentía inútil. Por ahora, el ciclo estaba cerrado, o al menos eso creía.

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