julio 24, 2014

Demonstration

NIN

Toda la vida he creído que la música es parte esencial de la vida. Está siempre presente, siempre dejamos que nos acompañe. Mis hermanos, muchos años antes, lo vivían a su manera grabando canciones de la radio y llenando un cajón con discos de vinilo. Ahora la presencia de la música en la vida es diferente, es físicamente más cercana a la omnipresencia.
Hacer saber a otros que uno está escuchando algo se hace importante.

Algunos lo incluían en su blog, en cada uno de sus posts. Creo que había un plugin en Winamp que permitía sacar lo que uno estuviese oyendo mientras escribía, con algún formato bonito. Quedaba en el portapapeles y sólo restaba pegarlo. La música podía tener o no relación con el texto. Tal vez sólo daba un mood o un fondo a las palabras.

Luego, con la mensajería instantánea llegó la opción de actualizar regularmente la información de nuestro usuario para que incluyera lo que estábamos oyendo. MSN, Yahoo! y Google Talk se volvían ventana para contarle a los demás lo que nos gustaba escuchar. Si nos preguntaban por algo que veían, había tema de conversación automático.

Cuando las conexiones se hicieron un poco más veloces y baratas, aparecieron sitios para escuchar música en un stream de audio. Prometían aprender de tus gustos y ofrecerte cosas nuevas mezcladas con cosas que ya te gustaban mucho. Uno de esos, Last.fm, permitía además conservar la historia de todo lo que escucharas desde tu PC. Actualmente todos, incluso Spotify en su ubicuidad para cuanto dispositivo se nos ocurra, le delega a Last.fm la tarea de conservar esa historia.

Lo que escuchamos hace parte de lo que queremos que los demás vean como representación de nosotros mismos. La música realmente hace parte de nosotros.

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