marzo 22, 2013

Anónimo

Desde que existe la posibilidad de interactuar con otras personas en línea, existe una tendencia a crear  espacios para compartir información personal que normalmente no se comentaría con extraños. El equivalente a sentarse en un lugar poco concurrido para poder hablar de las situaciones y pensamientos que persisten como situaciones irresolutas o como «curiosidades que no encajan en lo que la gene conoce de uno».

Comienzo por decir que mi interacción con Usenet fue muy reducida. Y como uno no habla de lo que no conoce, pues le dejo esa tarea a quien quiera comentar al respecto.
Lo que sí sé es que seguramente en los canales de IRC, estos espacios para el coqueteo o para las conversaciones aparentemente triviales ya existieron y tal vez aún existan. Más adelante surgieron las salas de chat, interfaces amigables para los mismos canales IRC (al punto que yo mismo usé un cliente para IRC con configuraciones iniciales listas para conectarse a ciertas salas como LatinChat). Se convirtieron en lugares concurridos donde cualquiera llegaba a pasar el tiempo y buscar con quien conversar. Los servicios de mensajería instantánea abrieron por su parte el espacio para interacciones más fluidas, un poco menos anónimas pero que igual cumplían con el propósito de abrir espacio a conversaciones casuales. Servían como salas privadas en las que se invitaban desconocidos que lograban llamar la atención. Las personas creaban múltiples cuentas para albergar a grupos diferentes de usuarios, para separar las personas cercanas de "las de mentiras".

La interacción con personas desconocidas se redujo cuando el protagonismo pasó a las redes sociales. Luego recuperó vigencia cuando se hizo popular el uso de weblogs (que en muchos lugares sólo cobraron protagonismo en el momento en el que los medios masivos los vincularon a sus procesos habituales de generación de contenido). Y finalmente recuperó el lugar perdido con el microblogging y la generación de contenido en tiempo real. Salvo que dispongamos otra cosa, cualquier persona en el mundo nos puede leer: El día que visité el Emirates Stadium recibí saludos desde Bogotá, Santiago, Malaysia, Ciudad del Cabo y Moscú.

Finalmente todos llegan a que, si se pasa el tiempo suficiente en un lugar y este se hace muy concurrido, se piensa un poco más en la imagen que se ha construido y proyectado a los lectores regulares, por lo que el espacio otrora reservado a pocos hoy resulta muy ruidoso para exponerse y nuevamente comienza la búsqueda de nuevos canales para continuar con "las conversaciones importantes" en las que se es un poco más uno mismo y un poco menos lo que los demás esperan.
Algunos hablan de volver al weblog, otros de usar nuevas redes como Heello, unos cuantos abandonan todo esto. Nadie tiene una respuesta que le sirva a todos.

(A este post le falta algo pero no sé qué. Si alguien sabe, que lo complemente en los comentarios)

4 comentarios:

Nelson Castillo dijo...

Creo que falta el tiempo. Con el tiempo las personas cambian y las necesidades de comunicación también.

Estoy de acuerdo con el comentario sobre las redes sociales. En general no me parece agradable comunicarme en ese espacio ruidoso.

Andrés Salcedo dijo...

Es cierto, Nelson. Las necesidades de las personas cambian porque ellos también lo hacen. Ahí será interesante ver si la oferta de servicios llegará a segmentarse alguna vez cuando los primeros en usar Internet nos hagamos viejos y se creen nuevas cosas sólo para jóvenes de la época. Como con la comida y todo lo demás.

Ana dijo...

Lo que falta es que un sociólogo coja todo eso y lo analice bien... ¿no? Que somos gregarios, que buscamos a los otros, pero que no tantos, que cómo nos exponemos, que qué tanto nos exponemos, que las relaciones que por ahí creamos, las que descuidamos por andar cuidando esas... A mí me parece que esto no lo hemos terminado de entender... la necesidad de comunicar en mi caso es inmensa, yo no me sé quedar callada y además cuando digo las cosas siento que me libero de ellas y, a veces incluso, se me quitan los dolores de no haberlas dicho... en fin... yo tengo de todo.

Andrés Salcedo dijo...

Ana, yo creo que aquí lo que se presenta es la posibilidad de cubrir necesidades. Tal vez con mayor flexibilidad en el medio y la oportunidad. Y Esas necesidades, aunque siempre han estado, jamás hemos llegado a entenderlas bien.

El compartir la vida es una actividad de alto riesgo y así debería estar consignado en el Código de Procedimiento Civil o algo así.