noviembre 19, 2012

Older me

Tras hablar con los viejos, a uno le queda la impresión que la imagen de héroe ha cambiado con los años.

Ellos nos contaban cómo seguían con fascinación a aquellos superhombres de antaño con sus proezas dignas de admiración. El que llegó por primera vez al polo sur, el que escaló el primer ocho mil, el que cruzó el África inhóspita. Eran "logros del espíritu humano" que quedaban registrados en las enciclopedias y son recordados aún hoy como ejemplos. De voluntad férrea, de ambición o simplemente de disciplina pero a fin de cuentas ejemplos para aquel que quisiera inspirarse en ellos.

El amigo Andrés se trepaba en su juventud a los farallones de Cali para ayudar en los improvisados rescates de los frecuentes accidentes aéreos, llevando cerro abajo los restos de aviones y pasajeros. Se aventuraba porque lo inspiraban sus héroes. Herzog y Lachenal, aquellos que sufrieron amputaciones en el vagón de un tren por conquistar un ocho mil. Hillary. Amundsen (que hace exactamente cien años anunciaba cómo habían logrado llegar al Polo Sur). Aún los ecos de Leónidas en Termópilas resuenan cuando de mostrar algo ejemplificante se trata.

Hoy en día los héroes resultan efímeros cuando no cuestionables. El deportista que hace historia (hasta que otro le supera el año siguiente). El que hace historia y luego ofrece disculpas porque no respetó las reglas convenidas y todo fue una mentira. El que es héroe un domingo y al siguiente es villano. El que parece héroe pero resulta ser sólo un empleado más, buscando una mejor paga (como cualquiera de nosotros). Por el que se quejan los padres porque no es un dechado de virtudes y un ejemplo aceptable para sus hijos. Como si tuviese que serlo, aun cuando las grandes marcas deportivas vendan otra cosa.
La ciencia tampoco ayuda mucho, pues la gran especialización de cada campo reduce el interés que cualquier neófito pueda tener en lo que sea que haya hecho un ganador del Nobel. Ya nadie muere por la ciencia, no hay sacrificios épicos visibles al público (aparte del hambre que aguantan los grad students y todo eso).

Tal vez, la última línea de defensa para la idea de héroe es aquel que "se parece lo suficiente a uno", aquel que permite la identificación de quienes se ven a sí mismos viviendo a través de esa persona. Un heroe-next-door, tal vez. El que ha sido como uno hasta que es como uno quisiera ser. Aunque esa imagen no siempre lleva a la inspiración y al ejemplo que motiva, sino que lleva a creer que la diferencia es "ese poquito de suerte que yo no tuve" o "el no haber nacido en tal y cual lugar". Muchos simplemente viven las experiencias ajenas, ahora más que antes en medio de las redes y conexiones persistentes, porque lo virtual cada vez se separa menos de lo tangible y para qué esforzarse.

Tener un héroe posiblemente tenga que ver con creer que es posible hacer que las cosas estén mejor en el futuro.