agosto 23, 2007

Costos

Es particularmente común que cada persona se levante con la actitud de "hoy voy a hacer lo que me haga feliz y ya; sin modas, lugares comunes ni grupos en los que no encajo. Voy a ser como quiero ser y ya... claro, sin hacerle daño a nadie... sí, voy a mentir, y qué... voy a decir las cosas cuando yo quiera, porque eso me hará feliz".

Es extraño ver que la idea de Adam Smith, aplicada a los sentimientos y las relaciones interpersonales es igual de extraña a los ojos y a la razón. Es más, resulta particularmente inaceptable que los demás deban aceptarme porque yo estoy siendo como quiero ser y eso me hace una persona sincera... lo cual me hace aún más feliz. Siempre hay una responsabilidad social y un costo asociado a cada decisión que se toma como ser inserto en una comunidad. Ser parte de la misma implica, aparte de tener derechos, tener responsabilidades sobre los propios actos. Luego, no resulta en absoluto contradictorio querer ser alguien diferente (mejor, supongo) y poder hacerlo, siendo que se vive de acuerdo a una escala de valores y se piensa éticamente a partir de ella cuando de actuar se trata.

No hay nada más asqueroso que una persona honesta, dijo el filósofo hace ya un tiempo. Y sí, quien sea honesto con los demás tiende a dar asco y a producir desconfianza porque siempre habrá cómo justificar hasta lo más asocial que quiera hacerse.

Ciertamente, produce más desconfianza quien aplica este modelo de libertad que aquel cuyas limitaciones se conocen, y es algo que no es simple cuestión de miedo a lo desconocido; es la no aceptación de la irresponsabilidad social como una forma válida de convivencia.

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