Consent



El consentimiento es un concepto poderoso y básico en las interacciones humanas. Parte de no asumir que las decisiones de una parte son igualmente válidas para todos los demás, procura conocer esas otras visiones antes de llevar a cabo cualquier cosa y da a otras perspectivas un lugar en el mundo.

¿Qué tan interiorizada puede estar esta idea novedosa? Imaginen que están en una reunión con delegados de una universidad sueca. Ustedes, muy latinos, departen y se toman el vinito y los tentempiés mientras hablan de sus planes en la universidad sueca. Al final, llega la señora sueca y se despide de cada uno, preguntando si está bien darles un abrazo. Como podrán imaginar, fue inesperado ver que la señora me preguntaba si estaba bien darme un abrazo. Lo preguntó como la cosa más natural del mundo mientras que yo sentía que mi opinión era importante y que mi espacio personal merecía respeto.

*

En el pasado distante sigue estando un recuerdo en particular. Una noche, mi pareja en aquel entonces tuvo sexo conmigo sin mi consentimiento, mientras yo estaba inconsciente, dormido.

Fue después de un día largo, en el que caminamos por horas bajo el sol, hicimos mil cosas y fuimos a muchos lugares. En la noche nos encontramos con unas amigas y nos tomamos un par de cervezas en un bar. Volvimos a casa de su familia pasada la medianoche y yo caí en un sueño profundo ni bien me había recostado en la cama. Lo siguiente que recuerdo son dos rayos de consciencia, de uno o dos segundos cada uno, en los que me veo debajo de ella mientras me quita el pantalón, me hace sexo oral y me monta. No le interesa despertarme, asegurarse de que yo participe activamente; sólo me usa para su placer.

El no recordar bien qué pasó es el primer problema que enfrenté y he enfrentado desde la mañana siguiente a ese episodio. No saber qué más había pasado ni cómo llegaron esas imágenes a mi cabeza. ¿Será que lo soñé? Recién en la tarde del dia siguiente, tantas horas después, ella atinó a preguntar si mi ensimismamiento tenía que ver con lo que había pasado anoche. Que tampoco quiso mencionarlo o describirlo. Y yo seguía sin saber qué nombre ponerle a lo que había pasado, cómo pensar al respecto.

Sólo hasta que le pregunté Qué pasaría si hubiese pasado lo mismo, sólo que invirtiendo los papeles, sólo ahí vio las cosas de otra forma y abrió un poco los ojos. Cambió el tono. Comenzaron las dudas. Me ayudó a través de su miedo, a entender que en realidad sí era algo grave, tal vez más de lo que yo creía.

Las dudas y el problema básico de la disonancia cognitiva (dos cosas radicalmente opuestas viniendo de la misma persona, ambas ciertas) hicieron que terminara el noviazgo con ella una semana después. Lo siguiente, igual de importante, fue el buscar ayuda en mi red de apoyo. Hablar, escuchar y tratar de entender a través de los demás. Atreverme a hablar de esto como violación y entenderlo como tal. Entender las emociones y las ideas que me pasaban por la cabeza a partir de ello. Pasar por el sentirme culpable, por el buscar lo que había hecho mal para que esto pasara.

Porque ella no era así. Si lo hizo es porque hice algo mal. Seguro.

Ella siempre se presentó a sí misma como feminista. Comunicó ideas feministas que nos educaron a todos los que los leímos. Cuestionó a aquellos que eran machistas en público y se enfrentó con quienes le restaban importancia a sus ideas o a sus protestas. Y sin embargo, eso no la llevó a cuestionarse cuando decidió por mí y me quitó el poder del consentimiento. No debatió ni se cuestionó a sí misma, sólo escuché que se dijo algo similar a "lo siento pero no" mientras me bajaba los pantalones, tal vez diciéndose que no iba a dejar pasar sus ganas de tener sexo.

Esa noche no fui merecedor de respeto. Se supone que el consentimiento es contínuo y consciente, pero esa vez no fue así. Lo que normalmente servía como fuente de confianza en esa persona no cambió nada y no modificó sus acciones. Nada de lo que alguien crea, piense o diga es un certificado que garantiza saber cómo serán sus decisiones futuras.

Nunca entendí de dónde salió esa versión de ella, tan diferente a todo lo demás. Una versión que tampoco supo explicarse a si misma y que tampoco pudo ofrecer la certeza de la no repetición. Sus excusas pasaron por decir que Se sintió como siempre, que Ella tomaba la iniciativa, por cosas que nada tenían que ver con el problema como tal. Con el tiempo entendí que no me corresponde entender y por ello ha sido más fácil dejar atrás. Tampoco me interesa debatir sobre la legitimidad de su feminismo, de sus palabras, porque no me corresponde. Lo que sí podría hacer es prevenir a otros sobre lo peligroso que es estar con ella, pero eso implicaría estar pendiente de su vida y eso francamente no me interesa.

¿Será que en algún momento, mientras escribe sus diatribas feministas, se pregunta el porqué de sus acciones esa noche? Nunca lo sabré, supongo.

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Cuando he hablado con M. sobre esto (y en general, sobre cualquier cosa que esté medianamente conectada a la historia de aquella chica), ella me hace notar que hay cierto tipo de bloqueo en mí. Que bloqueo toda esa historia y el vínculo mismo, como si dejara en un desván todos los recuerdos asociados debidamente cubiertos por sábanas o empacados en cajas; nunca lo hice conscientemente pero encuentro verdad en ese comentario porque hay cosas que simplemente no recuerdo sin un esfuerzo prolongado.

Tal vez es que no encuentro la forma de ponerme en su lugar y sentir empatía, considerar las emociones que la afectaban en aquel entonces (que pensé conocer lo suficiente en su momento) y que han podido guiar sus decisiones. Así cómo me pasó antes con aquella exnovia en otra vida, esa que dejó tantas marcas imborrables, a quien simplemente dejé como una colección de recuerdos que no entiendo y que hace tiempo dejaron de ser mi problema. Posiblemente sea este el lío: la imposibilidad de convivir con estas cosas que inconscientemente bloqueo o ignoro.

Escribo esto, entonces, tratando de leerme a mí mismo y de encontrar esa pizca de paz que hace falta para no mirar de reojo hacia atrás, con temor de reencontrarme con aquello que me ha causado tanto temor cada vez que doy un paso adentrándome en el futuro.

Al final, todo siempre será cuestión de fe, de tener fe en otros y de cómo algunas veces la fe también se agota o se esfuma sin remedio.

Unconscious people don't want tea

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