abril 15, 2014

Stopped

Pro tip: Cuando todo duele mucho y todos los recuerdos se llenan, de repente, de desconfianza y dudas, salgan y busquen esos recuerdos que no dependen de alguien. Esos recuerdos que detengan la caída y que den un piso firme para continuar con su camino. Recuerdos que no aviven el dolor presente.

No importa la hora, el lugar. Vayan a por ellos, alcáncenlos, díganles que les pertenecen. Son sus recuerdos y se quedarán con ustedes. Ustedes elegirán cuándo usarlos pero siempre deberán estar ahí, a la mano.

Poderoso punto terapéutico, les cuento.

abril 10, 2014

Verbrennt


Justice is balance. You burned my house and left me for dead. Consider us even.

abril 09, 2014

Pontífice

Quisiera estar más cerca.

Trazar un túnel, ir bajo tierra, engañar a la montaña y hacerme camino.

Levantar vuelo, jugar con el viento hasta que me deje volar.

Levar ancla, soltar amarras y usar velas enormes que me lleven por sobre las flechas en la carta de vientos.

Tender un puente, hacerme pontífice y crear un camino entre estas dos tierras.

Dar el paso que hace falta para llegar.

***

Corolario. ¿Por qué carajos no lo intentas tú?

abril 08, 2014

Reflection


A veces, la imagen que ven los demás de uno mismo sí refleja todo eso que uno cree, son partes constituyentes. Los quereres, los gustos, la felicidad, los amigos, los percances y sus cicatrices, la búsqueda de todo aquello que nos dé placer.

Como la foto que encabeza este post. Gran parte de lo que podría usarse para describirme puede alcanzarse a través de esa imagen, sin pecar de simpleza o de reduccionismos innecesarios.

It has shown me that everything is illuminated in the light of the past. It is always along the side of us, on the inside, looking out. Like you say, inside out. (...) in this way, I will always be along the side of your life. And you will always be along the side of mine. (source)

Along the side, yet outside. Forever outside.

Adenda. Cuando mamá vio esta foto, dijo de inmediato que quisiera tenerla impresa. Que hace rato no me veía reir.

abril 07, 2014

Dribble


Una pregunta que se me ocurrió, me podrían hacer.

- Usted habla mucho de jugar fútbol y nunca ha comentado las jugadas que más recuerda. ¿Cuáles son las que más le han gustado?

Los primeros recuerdos buenos son del colegio. Los patios interiores estaban rodeados por columnatas que ofrecían numerosos arcos contiguos. Muchos partidos se jugaban allí de forma simultánea y era importante salir rápido a recreo para tomar el arco preferido.
A partir de cuarto de primaria, usábamos balones de verdad. Mi especialidad eran los goles de media y larga distancia, vaselinas eternas que siempre daban en el mismo punto de la columna antes de entrar. Una muy bonita que entró justo antes de sonar el timbre para volver a clase.

*

En la Universidad fueron pocos los goles en las descuidadas canchas de fútbol. Sin embargo, hubo varios muy bonitos cuando jugábamos 5-a-side sobre césped (conocido como microcésped pero jugado con arcos de fútbol sala).
El primero memorable fue una recepción de espaldas, en la mitad de la cancha. Parada con el muslo, media vuelta eludiendo la marca, un drible rápido con los dos piés (uno-dos) para eludir dos defensas y una definición sutil al segundo palo mientras el portero se barría con los taches por delante. Cuando me di cuenta de lo que había hecho, hice una venia y sonreí. En ese partido tuve además una asistencia de gol e igual quedamos 3-3.

Después de fracturarme un dedo y dejar de jugar por mes y medio, el primer partido fue en octavos de final contra unos ingenieros químicos. El primer balón que recibí fue en tres cuartos de cancha, fue ese first touch que uno siempre quiere hacer y que te la deja lista para pegarle. Fue con el pié derecho y, sin pensar, con ese mismo la puse contra el palo derecho del arquero. Una definición rasante al punto de que nadie pudo ver si había entrado hasta que, de banderita, fue a dar al costado opuesto. Celebré con un "todo bien" cortesía de mi pulgar recién liberado.

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Por invitación de un amigo, terminé jugando en el torneo de exalumnos del San Carlos. No, no estudié allá. En uno de esos partidos de fútbol de verdad, salió una de las jugadas más raras.

Yo jugaba de cinco (a pesar de los 55 kilogramos, sí) y corté un pase justo en la medialuna del área. Para salir y eludir al que venía de frente, le hice un ocho largo. Laaaargo. Al acercarme de nuevo al balón, ya casi en media cancha, venía otro de frente. Pues va el segundo ocho, tirado esta vez hacia la banda derecha. Seguí corriendo, esta vez justo sobre la línea de lateral y en tres cuartos de cancha. Alcancé a ver que venía corriendo el lateral y toqué sutilmente el balón con la punta del pie para alejarlo medio metro hacia el centro. Entre el balón y yo pasó raudo en barrida aquel pobre infeliz. Tercer ocho en tres toques.
Quedé ubicado para arrancar en diagonal desde la derecha, aunque ya iba corto de aire después de correr toda la cancha. Cuando me acercaba al área, un defensa desesperado me jaló la camiseta hasta que me hizo perder el equilibrio. Di medio giro y caí de espaldas, dándome un golpe en la cabeza contra el piso.

Yo creo que eso fue conmoción cerebral. No lo sé. Estuve ahí en el piso unos segundos, sé que el defensa dijo "no le hice nada, profe" y luego reaccioné. Todos en mi equipo celebraron mi jugada y volví a mi posición con un trote suave.

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En los partidos de los jueves en la noche, he hecho algunas jugadas bellas. Goles de taco dando la espalda al arco, definiciones vehementes con el borde interno del pie derecho a un ángulo por sobre la cabeza de algún defensor optimista. Asistencias a un toque que salen como globitos sobre el último defensor y habilitan al que llega de frente al arco, corridas de extremo a extremo en las que hago dos paredes y asisto al que llega por un costado.

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En Medellín me salió el no-gol más bonito. Un pase desde mi arco, engaño con el hombro que voy hacia adentro, recibo el pase de espaldas al arco, apenas tocándolo para que me pase por afuera, hacia la izquierda, me volteo y acomodo el cuerpo para pegarle con derecha al segundo palo.

Pegó, como en el colegio, en aquel rincón del palo debajo del horizontal. Sólo que esta vez rebotó rebelde y salió, pegando en el arquero que, sin saberlo, la rechazó finalmente hacia la línea de fondo. Nunca me he reído tanto de un tiro de esquina.

abril 02, 2014

Ranthought - 20140402

Después de ver Her de Spike Jonze, quedé con dos ideas en mente.
- El mundo que rodea a nuestro protagonista no termina de ser utópico o distópico.
Los colores son apacibles, el vestuario se limita en los hombres a tonos ocre y pastel y texturas que se antojan confortables. La tecnología no es invasiva. E igual, las personas eligen aislarse aunque no se muestra de forma dramática, las ferias con algodón de azúcar y juegos aún existen. Tal vez la idea es no distraerse con el contexto.
- No mostrar una imagen limita los pensamientos.
No se trata de pensar si le conviene salir con ella, si tal vez no es tan bonita, si hace caras mientras le dice que lo ama. Hace más efectivo el paso por esa lista de ideas relevantes: Lo que importa al crear una relación de dependencia, hasta dónde es importante sentirse especial, lo que se espera recibir, la necesidad de crear complicidad. Esas cosas que importan a la hora de no sentirse "solo".

*
Si lograron traer de regreso al Apollo XIII, todo tiene solución. Todo.

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Sigo aprendiendo a tomar fotos. Pronto llegará el día de pasarse a RAW. Por ahora, las subo a Flickr sin editar (cuando reciba otro pago de alguna cosa, compraré Lightroom y subiré muchas más).

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El carro nuevo se llama Flamini. Como Mathieu. Es francés, no pica y es irresponsable.

marzo 19, 2014

Crack

Cuando Aristizábal hizo aquel gol de escorpión contra Chile, recuerdo que yo estaba en una terminal de buses en Medellín, esperando un bus que me iba a llevar de regreso a Bogotá.

Cuando René Higuita hizo aquel escorpión en Wembley, yo iba en el bus del colegio camino a casa. La recepción del televisor a bordo era pésima y sólo hasta que llegué pude ver lo que había hecho aquel loco.

Cuando Zidane metió aquella volea al ángulo del arco del Leverkusen en la final de la Champions League, estaba en casa de mi mejor amigo. Llevé dos amigos más para que viéramos juntos el partido. Escapé a mi clase de Mito y Arte Rupestres Amazónicos (que igual no hubo porque se fueron todos a una charla de Chomsky).

Cuando Luis Suárez metió la mano para impedir un gol seguro de Ghana, yo estaba almorzando en El Corral del park way, en Bogotá. Me tomé una hora más para ver el tiempo extra y los penales. Valió la pena.

La historia existe para uno en tanto se puede meter en algún lugar de esa línea de tiempo que uno tiene por memoria. Uno mismo pierde a veces el hilo de la historia y hace falta quebrarse dedos de la mano para que no estén igual que hace veinte años. Que crujan a veces y nos recuerden que todo lo que está en la cabeza realmente sucedió. Que uno no quiso y dejó de querer en vano.

Que ya llegamos hasta aquí y tenemos la opcio´n de llegar a cualquier otro lugar que nos plazca.

(Y el dedo vuelve a crujir al hacer clic para publicar esta entrada)

febrero 27, 2014

Crispetas

Cuando no tenía muchos años, pasaba mucho tiempo en una calle de la ciudad. La calle 72, entre la carrera séptima y la avenida Caracas.

Mamá trabaja en uno de esos edificios y, ya que trabajaba en el área de informática, sus horarios se parecían mucho a mis horarios de trabajo de los últimos años. No había niñera ni tía que me cuidase algunas veces, así que mamá me llevaba para no dejarme solo en casa. Otros informáticos me buscaban juegos y computadores libres para sentarme a jugar.
Cuando ya sabía leer y escribir, bien podía terminar revisando listados que después supe, eran saldos bancarios e intereses causados de grandes empresas públicas y privadas. Desde pequeño aprendí a guardar secretos.

Cuando tenía más años, a veces elegía ir con mamá para usar alguno de los computadores libres, más rápidos que el de casa. Para algún trabajo que tenía que hacer, tal vez. También lo hice varias veces sólo para salir de casa. Podía ir y quedarme un rato en el centro comercial Granahorrar, mirar los cientos de billetes de todos los países en las casas de cambio y comer algo en el Burger Station del segundo piso. Si era un sábado, podíamos pasar con má a ver cosas en el Jeans and Jackets del primer piso y eventualmente saldría con algún saco nuevo. En ese entonces, lo veo desde el futuro lejano, el proveedor oficial era Diesel, no Shetland.

Cuando cumplía años, papá me llevaba al Iserra que quedaba junto a la iglesia para que eligiese lo que quería de cumpleaños. De ahí salió un bello Ferrari 348 TS a escala que años después me robarían una noche que se entraron al apartamento. Todavía conservo muchos micro machines, por si alguien está interesado en comprarlos. Me gustaría que alguien más los disfrute.

Cuando volvíamos a casa, pasábamos frente al cine de la 72 con 15, ese que ahora es hogar de muchas canchas de fútbol cinco. Junto a la entrada había un local que vendía crispetas dulces de colores y raspao con leche condensada. Ahora que lo recuerdo, frente a la Pedagógica había varios carritos que vendían papas fritas y churros. Eran ricos.

En la esquina nororiental de la 72 con carrera novena había una casa blanca en la que quedaba un costoso restaurante llamado La academia de golf. También había un Dunkin donuts. Cuando pusieron uno de los primeros McDonalds reemplazando al restaurante, se aseguraron de mantener las donuts y el café. Eso aseguraba que mamá llegara a casa con caja de doce donuts ocasionalmente.

En la esquina opuesta, la suroccidental, no recuerdo qué había inicialmente. Sé que llegó el Foto Japón y allí se quedó. Los almacenes que quedaban unas casas al occidente en la misma acera de la calle 72, terminaron cerrando o diversificando. En casa conservamos muchos sobres de esos lugares en los que mandábamos revelar las fotos de los viajes.

Recuerdo estar allí cuando estalló alguna bomba en la 72 con séptima. El polvo cayendo del cielorraso. No saber en cuál de los muchos edificios pudo haber estallado. Eran esas épocas.

La librería Panamericana siempre estuvo. Antes era más pequeño el edificio, claro. Pero en los recuerdos siempre ha estado ahí. Igual que la cigarrería de la 72 con 10, junto al centro comercial. Ahí donde se consigue buen sandwich de jamón y de cordero. Muchas cervezas.
La zapatería con su pequeña puerta de entrada sobre la carrera décima, entre 72 y 73. Allá iban todos los oficinistas a arreglar, con mayor o menor urgencia, tacones y tapas de sus zapatos oficiniles.

Donde queda ahora Fridays era un estacionamiento. La sede de la universidad Santo Tomás era una gran casona de dos pisos y no el gigantesco edificio que se encuentra ahora en la calle 73 con carrera novena. Sobre la calle 71 no había tantos restaurantes como ahora. Memos era un carro de hamburguesas. Sopas de mamá y postres de la abuela llegó muchísimo más adelante.

De los sitios que considero propios en esta ciudad, esa calle es quizás de las más importantes. Muchos recuerdos en unas pocas calles, resisten la paranoia colectiva del presente.

febrero 14, 2014

Deriva

Le declaré el amor a una isla.

Es una isla desconocida, no está en mapa alguno. Nadie ha oído hablar de ella y por eso mismo permanece desconocida.

Para llegar a ella, sólo necesito levar anclas, soltar amarras, salir del puerto y dejarme llevar. Siempre y cada vez, la deriva me lleva a la isla desconocida.

Porque tal vez eso sea el amor. Confiar en que siempre se llega, sin importar los caminos y las rutas que todos siguen.

La fidelidad sería entonces, creer que siempre voy a encontrarla cuando viaje, a la deriva, buscándola. No es creer que es mejor si aparece en un mapa, con mi nombre y mi bandera.

enero 12, 2014

Minimal

Hay que agradecer incluso la oportunidad de pelear.

Cuando se pelea por algo que se considera justo, se define algo hacia lo que tenemos sentido de pertenencia.

A veces, cuando se ha caído en un lugar muy, muy profundo, el que aparezca un combate justo da la posibilidad de defender eso mínimo que se tiene de sí mismo sin importar el momento. Por medio de esa pelea uno llega a encontrarse nuevamente. Casi como una nación dispersa que se une alrededor de una causa común, así se reconcilian ideas dispares y llegan a darse su justo lugar dentro de uno con tal de defender lo que está en peligro de ser destruido desde afuera.

Algo que pudo haberme hundido más me dio la posibilidad de encontrarme. De encontrar un lugar firme a partir del cual volver a andar por la vida. Andar mejor.

Gracias.