febrero 09, 2017

Chain

Paso a registrar acá el primer incidente de Margaret la bicicleta. Se rompió la cadena mientras volvía ayer a casa bajo el sol de la tarde. Afortunadamente fue a sólo cinco calles de mi casa, que caminé sin prisa y con las manos untadas de grasa y mugre (por recoger la cadena rota para examinarla después).

Sé que esa cadena había recibido ya dos golpes. Uno en el día sin carro, cuando un buen hombre decidió contestar su celular y para ello se orilló sin avisar, cerrándome y haciendo que terminara contra un andén bolardudo de Peñalosa. Otro, cuando calculé mal la pendiente de un andén y un filo golpeó la cadena y el piñón más grandes.

El síntoma claro (a tener en cuenta para la próxima) es el salto abrupto durante el pedaleo, como si la cadena se saltara un diente. La cadena -o al menos su eslabón más débil- tuvo una muerte dulce sin ruidos estrafalarios o caras compungidas. Sólo una pérdida de potencia y un silencio que delata el fin del roce de metal con metal. Yacía yerta en el asfalto y sólo espero aprender un poco más al ver el desgaste al que la sometí por mil cien kilómetros (que es el estimado de lo que he recorrido estos meses). Margaret es una bicicleta noble, sin duda.

Hoy en la mañana vi con envidia a los que iban en sus bicicletas por las calles. Noto que hay rastros de grasa que no quitaron tras la lavada de manos exhaustiva de ayer y me da más envidia. Noto que los muslos me quedan más ajustados en los pantalones que llevo hoy y me río.

2 comentarios:

Arturo Sanjuán dijo...

Se debe estar poniendo rico y apretadito. 😻

Andrés Salcedo dijo...

@Arturo Viera que sí me siento como más guapo, más a menudo.