octubre 08, 2013

Fearsome

Hay un elemento de asombro al descubrir el miedo más grande que llevas por dentro. Eso tan irracional que ha condicionado tantas veces las cosas que decidiste hacer.

Es una imagen de uno mismo, a oscuras, respirando despacio para no empañar la ventana. Viendo la calle iluminada y vacía. Mirando cada taxi que pasaba, esperando que uno de esos girara hacia el oriente y parara en la portería. Esperando que mamá llegase a casa y todo estuviese bien esta noche.

Porque en el momento de esa imagen, como en muchos otros iguales a ese, me sentía solo y temía que ella no regresara para terminar con esa soledad. Que me quedara completamente solo hasta que me muriera como mi hermano, porque no tenía forma ni motivo para salir de esa casa. Me quedaba entonces en la ventana, todas las noches.

De día, ese miedo a la soledad se convirtió en exigencias inalcanzables que, al buscar ser lo suficientemente bueno, garantizaran el que no me quedase solo. «Si soy muy bueno, no se van a alejar de mí». Si soy realmente bueno en algo, me van a querer y respetar. No alcanzar algo en este modelo significa entonces quedarse solo sin remedio. Fracasar en el propósito subyacente.

Después de mucho tiempo se hizo explícito que no es necesario quedarse allí y esperar. En la ventana. Ya es posible salir y hacer las cosas por uno mismo, compartir con el mundo y vivir en paz con uno mismo. Hacer las cosas y dejar en paz a los recuerdos que sólo eso son.

Es posible que ser menos «perfecto» no signifique que los demás se vayan a alejar de mí. Sería mucho más simple que eso. Tal vez ya no tenga que esperar tanto y tanto de mí. Tal vez todo esté precisamente en las pequeñas cosas. Salir a la calle, no quedarme esperando, y vivir las pequeñas cosas; que sea eso todo lo que se necesita para compartir con otras personas en la vida. Y no esperar tras la ventana, en la penumbra.

¿Y si en realidad no soy un fracaso?

*

Cuando dejo de confiar en alguien, todo lo que dice se hace sujeto de duda. Pierde sentido compartir cualquier cosa porque no sabes ya si lo que te dicen es cierto o es sólo una mentira piadosa o un intento por construir una realidad pintada sobre cartones, en colores pastel, con sol radiante y nubes de algodón.

Perder la confianza equivale a matar cualquier complicidad que pueda existir. Y sin complicidad no hay vínculo profundo que sea posible. Ya no se entiende entonces que un desconocido te haga daño y simplemente lo evitas.

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No me gusta que me hagan sentir rabia. Me desgasta, me hace sentir agotado. Espero poder perdonar pronto.

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