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Por ejemplo, está el canadiense William Austin Morgan, presidente de Hydromet Environmental, una empresa que, como podría ocurrir en cualquier capítulo de Los Simpsons, recogía material tóxico y prometía deshacerse de él, pero sin tener planta de tratamiento ni método de reciclaje. En vez de eso, entre 1995 y 1998, Morgan y su equipo enviaron cerca de 2.000 toneladas de arsénico, plomo, cianuro y cadmio, entre otros, a bodegas y vertederos comunes. Después de que se comprobó su culpabilidad, Morgan escapó y se cree que está escondido en Canadá. Su pena superaría los cinco años de cárcel más una multa de 250.000 dólares.

Otras de estas 'joyitas' son Carlos y Allesandro Giordano, padre e hijo italianos acusados de importar de ese país y vender en Estados Unidos más de 20 carros Alfa Romeo que no cumplían los estándares de seguridad y emisiones de gases. Además, declararon en falso y fueron acusados por fraude, por lo cual serían encarcelados cinco años y deberían pagar cinco millones de dólares.

Tomado de Semana.com

Es curioso ver que resulta peor para esta escala perversa de valores, enquistada al norte del trópico de cáncer -y en algunos círculos de poder más al sur-, el vender carros "chiviados" o de manufactura defectuosa que vertir de forma inescrupulosa materiales altamente tóxicos para cualquier ser vivo.

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