octubre 17, 2012

Terrario

Llovía. Caían gotas de agua, una tras otra, cada una junto a las otras.

Luego llovía greda, un barro diluido que embarraba todo lo que encontraba en su caída. Todo se vestía de un gris cercano al marrón, uniforme y somnífero.

Poco después comenzó a llover petróleo. La ciudad se disfrazó repentinamente de pozo petrolero, cubriendo a edificios y transeuntes con una capa grasosa, brillante y que difractaba la luz de formas curiosas, creando un raro contraste junto a la greda.

Al rato llovía mierda. Emplastos verdosos, cilindros marrones, tantas formas diferentes como han habido para el mítico ovni. Caían haciendo un ruido sordo y apagado, matizado por el chapoteo sobre el agua o el petróleo.

Cerca de una hora después llovió tierra. Al agua le llovía tierra. Una fina capa que crecía centímetro a centímetro hacia el cielo del que provenía.

Luego, de la nada, un hombre apareció por generación espontánea. Y otro. Y otro más. Hombres y mujeres que luego se darían a la tarea de arar la tierra, moldear la greda, sacarse la mierda y jugar con el petróleo.

Hasta que Dios volteara la pecera de nuevo.

octubre 16, 2012

Big shoes

¿En qué momento vendieron al por mayor la idea según la cual es válido opinar o sugerir sobre una situación, decisión o problema ajeno, poniendo al otro en el lugar de uno y no al revés?

Muchachos, la empatía no es conmutativa. Toca ponerse en el lugar del otro antes de abrir la boca.

Tiranía del lector Redux

J-82 by alfabravo_team

J-82, a photo by alfabravo_team on Flickr.
Hagamos un ejercicio interesante.

Si usted cree que puedo ayudarle en algo, cualquier cosa en la que la distancia física o el tiempo no sean un impedimento, hágalo saber en los comentarios y me daré a la tarea de ayudarle. Sin cobro alguno. Sin pedir algo a cambio.

Me comprometo a ofrecer un esfuerzo real y sincero por ayudarle en su tarea. Sin embargo, hay algunas breves condiciones que deben cumplirse:

- No haré daño a alguien más en su lugar.
- No me haré daño a mí mismo.
- Me reservo el derecho de rechazar solicitudes pueriles.

Una vez dicho esto, tenga a bien dejar su solicitud de ayuda en los comentarios. ¡Espero poder ayudarle!

P.D. Lo olvidaba. También puede enviar sus solicitudes de ayuda al correo alfabravoteam en gmail. Por si prefiere no publicar nada (aunque seguro le preguntaré si puedo comentar algo más adelante).

octubre 11, 2012

Exercise 1

Un juego de vudú fallido. Edberg se movía grácil sobre la pista sin que el sol inclemente lo afectara. A kilómetros de distancia, alguien miraba fijamente la pantalla de su televisor y maldecía aquel brillo fosfatado que le mostraba sin lugar a dudas, cómo sus alfileres de todos los tamaños no cumplían con su propósito. Alfileres enormes con plumas de aves exóticas atados en uno de sus extremos. Velas y velones, una cabeza de gallo en medio de un diminuto charco de sangre, una foto donde Edberg aparecía sonriente. Quien había apostado a Wilander quería tener todo a su favor y había pagado por ello una buena cantidad de dinero a este oscuro personaje. ¿Habría alguna contra a su poderosa magia? Sí, seguro era eso. Alguien protegía a ese hombre contra la magia negra. Los magos suecos seguro eran muy poderosos, muy altos, de tez blanca y largo pelo rubio. Seguro usarían capas blancas con un encendido rojo carmesí en el forro. Sí, este era sin duda un trabajo muy difícil.

***

Un recogebolas con diarrea. El pobre joven se retorcía de dolor mientras las pelotas iban de un lado a otro de la cancha. Tenía suerte de estar encargado de entregar las pelotas para el saque, por lo que podía mantener las piernas juntas y el vientre apretado. Los jugadores tenían la posibilidad de detener el juego e ir al baño. Él, en cambio, debía soportar tanto como pudiese. Se sentía inflado como un koala y tal vez los demás lo veían como uno. Tal vez, si fuera koala, no estaría allí soportando aquel malestar en medio del calor sofocante. Si fuera koala, estaría a la sombra, masticando hojas de eucalipto y atrayendo turistas. Por ahora debía concentrarse en no manchar la cancha con los restos del desayuno. ¿Por qué tenían que jugar tan bien estos dos? Si alguno fuese lo suficientemente malo, el partido acabaría en paliza y se podría ir rápidamente a pasar el resto del día sentado en el sanitario. Menos mal Wilander perdió en tres sets. De no ser así, otros habrían sido los titulares del día siguiente.

***

Un espectador que pensaba en suicidarse después de ver el partido, encerrado en su hotel. A sus ojos, sería bello y poético el dedicar la tarde a ver una final de tenis y la noche a morirse. Esperaba ver un gran juego que le recordara su niñez, en la que las tardes se llenaron de entrenamientos y sobreesfuerzos. Él, tenista frustrado, nunca había logrado entrar al circuito tras huir de maltratos y golpes que su entrenador prodigaba, a él y a todos los desdichados arrastrados allí por sus padres. Había bebido algo de vino en la mañana, lo que le tenía allí al sol con algo de mareo pero sin malestar. Sin euforia. Sólo una placidez inagotable. Hasta reía viendo a uno de los jóvenes recogebolas haciendo gestos de incomodidad entre punto y punto. Parecía sufrir de cólicos pero desde la distancia a la que estaba, no podía saber nada más. Un dolor anónimo.
Todo iba bien hasta que Wilander dejó a Edberg ganar en tres sets. Ahora debía buscar algo que hacer mientras llegaba la noche y con ella, el momento de morirse. Porque nada había salido como esperaba, ni siquiera el último plan de su vida.

***

Un niño viendo el partido por televisión, que decidió luego aprender sueco. Porque tal vez, si aprendía ese idioma que sonaba tan raro a los oídos, podría ser famoso y lo entrevistarían para que hablara como esos dos señores. Y su mamá lo dejaría tener el pelo largo.

***

Historias ocultas del partido final en el Abierto de Australia de 1985. Rama individual masculina. Stefan Edberg contra Mats Wilander (1).

octubre 09, 2012

Guía

Cosas que, después de la experiencia o de un análisis profundo, considero que no debería hacer.
  • Practicar halterofilia. Ajá, la flacura.
  • Comer coliflor. El olor mientras se cocina lo hace un ejercicio impracticable.
  • Vivir en Bosa. Porque sólo Luly goza en Bosa.
  • Estudiar otra cosa a nivel de pregrado (undergraduate). Eso era doble programa o nada. Tocó abandonar la idea de estudiar Física.
  • Vivir con papá. Ya aprendí lo que tenía que aprender.
  • Practicar últimate. ¿A qué hora creyeron que eso era deporte?
  • Jugar fútbol como defensa central. Sí he aprendido a jugar en diferentes puestos a través de los años, pero está claro que de central no tengo cómo jugar.
  • Dejar un coqueteo irresoluto. Eso es pura tortura del Ministerio del Amor, pero autoinfligida.
  • Dejar de escribir en el blog por más de una semana. Es absolutamente indispensable empujarse a pensar en algo más allá de la rutina. Así sea en uno mismo.
  • Permitir que la timidez me detenga cuando me preocupo por alguien. Ya resulta lo suficientemente injusto el que sea una persona tímida e introvertida y que, a la vez, me preocupe por los demás.
  • Dejar de salir en mi bicicleta (o en otra que compre en el futuro). La bicicleta es la libertad.
  • Ahorrar en comida. La comida es la vida. La buena vida.
  • One-night stand. Sólo me gusta si hay confianza y para la confianza hace falta tiempo. Como nota al pie, no me gusta el olor de alguien que no me importa, encima mío. Qué se le hace. No nací pa ser perro.
  • Tener mascotas con alas. Los pájaros nacen para volar, no llego a entender aún para qué los puede uno tener en una jaula o en un patio. Y ya murieron dos pericos a mi cuidado. Déjenme esa tristeza quieta, mejor.
  • Desistir de mejorar mi relación con la teoría musical. Algún día, la guitarra y yo seremos buenos amigos. O al menos nos llevaremos lo suficientemente bien para que yo pueda pasar un tiempo con ella sin sentir frustración.
  • Volver a aislarme del mundo. Máscaras, corazas y silencios. Sólo algunos de los últimos persisten cuando la timidez aflora; los demás están guardados en algún cajón después de ver que exponerse al mundo es la mejor forma de vivir. De paso le ayudamos a lo de seguir escribiendo.
  • Dejar de hablar con los amigos. En algún momento de la vida, dejé que el trabajo me aislara de las personas que quiero y que más me importan. Recordar lo importante que es el no permitir que suceda de nuevo.
  • Odiar. Ni me dura ni me sirve para algo. A mí sólo me aleja la desconfianza.
  • Quitarle la tilde a sólo solamente porque los nazis gramaticales lo permiten -y exigen-.
  • Permitir que se evapore el vocabulario alemán que aún subsiste en la memoria. No reconstruirlo como si fuera Dresden.
  • Creer que los improbables son imposibles. Suficientes imposibles ha visto uno hacerse reales como para insistir en ello. Hasta el electrón cruzó alguna vez el muro de potencial.
  • Pensar en vencer la timidez. Esa, al igual que el desamor y otras tantas cosas, nunca se va. Hay que aprender a vivir con ella para que no sea impedimento al hacer las cosas importantes en la vida. La timidez es el azafrán o la canela. Le cambia el sabor a las cosas.
Y ya. Luego se me ocurrirá algo más que añadir a la lista.

octubre 04, 2012

Punch-out

Restful, a photo by alfabravo_team on Flickr.

Normalmente rehuyo la confrontación física. No me interesa resolver nada a golpes. Lo que no significa que haya dejado de hacerlo alguna vez.

Recuerdo muy vagamente que era víctima de algún bravucón en la ruta del jardín infantil. Moretones y rasguños eran el menú diario que me servía a mí y a otros desafortunados que se sentaban cerca. Alguna mañana desperté mucho menos paciente de lo habitual y, camino al jardín, le di un buen sopapo pleno a la nariz apenas intentó alguno de sus juegos habituales. Sangre. El bravucón sangraba y lloraba al ver su sangre por ahí. Según cuenta mi mamá, la directora del jardín defendió mi puñetazo con sutileza, recordándole al papá de aquel niño lo que su hijo ya había causado. Mi mamá sólo sonrió cuando le contaron lo que había pasado.

En el colegio, aun cuando era ñoño declarado y consumado, nunca fui víctima de chanzas pachunas o de algún golpe casual. Por algún extraño motivo era un ñoño respetado. Es más, yo participaba de las bromas más sutiles como meter a algún enano (en sentido figurado) a una caneca o al cumpleañero de turno en los lavamanos (que parecían abrevadero, por eso servían bien al propósito de empapar a algún infeliz), siempre después de alguna persecución por los pasillos. Más allá de eso, me abstenía de participar o denunciar cualquier cosa. Entortugada de maletas con escupitajos (y cosas peores), peleas programadas con días de anticipación en el Parque del Brasil, peleas rudas e inesperadas en pleno salón de clase. Nunca se enteraron por mí. Tal vez, el único golpe franco e intencional que recibí fue un buen recto al hígado que me dió un cabrón mientras jugábamos fútbol en el patio, creo que en séptimo. Que dejé sin cobrar. Siempre que lo pensaba, lo veía como algo totalmente innecesario.

He pasado por un par de intentos de robo, mediocres, que no llegaron a ser exitosos (para el ladrón). Uno de esos, saliendo de la oficina y caminando por la calle 92 con 15, en Bogotá. En medio del separador, un tipo me agarró del saco y, simulando que llevaba alguna navaja, me pedía el celular. Creo que ese había sido casualmente un muy mal día para mí, por lo que terminé empujándolo e insultándolo. El tipo abrió los ojos, dio media vuelta y se fue caminando hacia cualquier parte con mucha prisa.

Al final, todo eso sale en forma de muchas malas palabras jugando videojuegos, en los que soy muy competitivo. Jugando Rummy con mi hermana era igual pero creo que ya se me pasó. Bueno, eso y que, a pesar de los escasos sesenta kilogramos, siempre voy con tanta fuerza como puedo al disputar un balón mientras juego fútbol. "Flaquito pero de tuétano duro", dice mi mamá. El Caricias (pura ironía) o Patabravo, dicen los amigos y rivales. Al final, resulto ser un tipo pacífico si lo comparamos con el promedio nacional.

octubre 02, 2012

Enlightenment

Pelirroja by alfabravo_team

Pelirroja, a photo by alfabravo_team on Flickr.
Si no encuentro algo que me motive a salir temprano, correr y esforzarme, me voy a terminar matando.

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