junio 06, 2015

Emerging

Bicycle tied up next to Spree canal

Algo que seguro estudian mucho los que trabajan con gente es la forma como las personas reaccionan a nuevas normas. No sé si en todos esos cursos lo estudian, no sé si en las ciencias del espíritu ya tienen muchas cosas escritas al respecto. Sólo escribo desde lo que he visto y es interesante ver cómo cambian las decisiones de las personas adaptándose a nuevas reglas.

Cuando eliminaron la norma del contraflujo en la carrera séptima aquí en Bogotá, lo que muchos preveíamos era un atasco dos veces mayor se convirtió en un escenario más ordenado, con menos lugar para ser creativos. De seis carriles hacia el norte atiborrados de oficinistas haciendo desorden pasamos a dos de oficinistas y uno exclusivo para buses (usado además por taxis, qué le hacemos). Salvo algún espíritu creativo haciendo doble fila en la subida de la calle 85 a la avenida circunvalar, las cosas fluyen medianamente bien. A menos que haya ocurrido alguna migración masiva de oficinistas hacia el sur de la ciudad (que seguro no la hubo), queda creer que las personas adaptaron su comportamiento a la nueva norma y el resultado ha sido más cómodo para todos los que pasamos por esa avenida al final de la tarde (sin hablar del efecto que tuvo en el tráfico de otras calles y avenidas, que fue notorio cuando menos).

De la misma forma, el que se haya definido un carril por sentido como de uso exclusivo para buses tuvo como propiedad emergente dar un carril a quienes van en bicicleta. Nadie lo dijo y nadie lo esperaba. Simplemente las personas comenzaron a usar ese espacio porque lo consideraron seguro y ahora es común ver buses pasando con cuidado junto a las bicicletas a cualquier hora del día. También como iniciativa propia (porque no hubo ninguna presión pública), he visto empleados de las empresas en el SITP, parados en algunos paraderos a lo largo de la carrera séptima, sosteniendo carteles en los que recuerdan a los conductores la distancia segura entre bicicletas y buses, 1.5 metros (junto a otros carteles con recordatorios, lo que deja ver una política definida que guía esta tarea).

No es agradable ver que haya accidentes resultado de esas nuevas interacciones, pero en el gran esquema es bonito ver que las cosas mejoran de formas inesperadas. Eso debería servir como aliciente para tomar -sin miedo- más decisiones que procuren beneficiar muchas personas, crear espacios para convivir un poco mejor. También debería servir para detener las críticas vacías y buscar entender cómo funcionan las cosas. Por último, debería servir para creer que las iniciativas de quienes viven acá pueden crear cosas buenas sin esperar a que una ley los guíe.

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