septiembre 15, 2009

Agonía

Cada día el calor es más agobiante. Pareciera que alguien jugara a subir la temperatura de la olla, lentamente, de forma prácticamente inperceptible para todos -salvo algún espíritu sensible-. El ahogo es cada vez más frecuente, la ansiedad constante producto de la respiración entrecortada y el sudor escaso anunciando la deshidratación.

Se ve venir el sopor, la pesadez del aire que tal vez se haga más húmedo debido al agua que pasa de los ríos a las nubes y a las corrientes de aire en general. Es posible que la humedad llegue a límites insoportables y se haga necesario aislarse del exterior... y al mismo tiempo no habrá agua suficiente para aliviar la sensación de calor, de fastidio constante. Como un eterno domingo en la mañana, acostados sobre una playa infinita dondequiera que vayamos. Sólo que sin olas arropando aquello que encuentran en su camino. Sólo el calor, ese maldito calor.

Es probable que, poco a poco, perdamos el conocimiento tras una crisis seguida por un desmayo repentino. Nada demasiado doloroso; quizás un poco prolongado respecto de lo que podría considerarse deseable en condiciones semejantes. Juntos todos y cada uno, tapizando poco a poco las calles y los jardines. Hundiéndose algunos en fuentes de mármol amarillento, arrastrándose otros hacia lagos secos y ríos pedregosos que suspiran por el esplendor del pasado. Todos llegando inexorablemente al fin de su existencia como seres vivos. Ninguno convirtiéndose en abono de algo más. La vida dejaría de ser el ciclo que conocemos para aventurarse, abriéndose paso a través de la bruma y la aridez, hacia nuevos e inexplorados horizontes.

Es aquí cuando, aún soñando, recuerdo lo insignificante que es un ser humano parado sobre esta tierra, salvo para otros como él.

2 comentarios:

Olavia Kite dijo...

Heatstroke.

Me gustó mucho, mucho, mucho.

Pepa Papanatas dijo...

Pinche sol cuasiinfernal :( No mentiras, exageración mía. Pero que maluco que haga tanto calor.