octubre 21, 2008

Madurez

Pasan los días y cada día un pequeño afán trae; pasan las horas, y en ellas , silenciosas, viajan enseñansas ocultas en el aire, en el viento, en tu aliento....
Ha sido un año maravalloso y dulce, oscuro en momentos, fuerte, sobresaliente, remarcable, bañado en sangre, en espíritu, en ser valiente. Cada paso ha costado esfuerzo, sentido, aliento. La energía ha flaquedo a veces, pero, ¿a quién no le flaquea el ánimo? El corazón aún no es inmutable, aún desfallece.



Hace un año creía conocer la vida pero no había visto su cara, hace un año creía saber de mí, de mi ira, de mis sentidos, de mis medidas, pero nada era como parece, nada en su momento permanece.
¿Qué hacer cuando las bases faltan, cuando la arena que realmente cimentaba la casa se ablanda y se dilata? Nada es realmente una solución, nada es realmente un problema, ya no sé si hay pecado o limpieza, castigo o certeza, pero lo que con seguridad observo es mi recuerdo cada vez más lejos que, al tiempo, hace parte de mi. Sin él no tendría la identidad que ahora tengo, con él debo batallar todos los intentos. Mas para batallar he nacido y aún en el mas recio momento, espero levantar mis manos y suplicando al tiempo, desgarrado pero no vencido, destrozado pero altivo, comprender con mi corazón lo que con mi cerebro no comprendo.

Feliz veo ahora como las verdades del pasado yacen laceradas por el paso de unos días, 411 para ser precisos, como uno para ser exactos, como un suspiro para ser concisos.
Fuertes han sido las experiencias, pasando desde unos ojos tibios que semejaban un verano intenso, seguidos por la presencia de la más dulce de las voces seduciendo mis lamentos, mis sentidos, mis vacíos, mis sinceros agujeros. -"Ahí estabas tú"-, ha dicho mi alma una y otra vez mientras mi cuerpo temblaba de sorpresa ante tu presencia, y luego recia como la tempestad aparecía la muerte con su caminar. Dos y una vida se llevo, la de mi abuela que ahora en paz descansa de sus propias cadenas y la de sus cadenas, que ahora libres se retuercen en desesperados lamentos de insuficiencia.





Der Kaiser des Alfabravo

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