marzo 06, 2006

Tiranía del Lector 3: The sands of time

The sands of time now reveal another sign. Carter goes down on his knees and reads in the stone, below the sand, the following:


Propongo: Nelson encuentra la versión de bolsillo del libro completo de las verdades eternas.
ggg



A pesar de todo y con grandes expectativas, un joven se embarcó hacia Gelsenkirchen tratando de encontrar nuevos caminos y visitar nuevas montañas -inspirado en Dickens, claro-. Viendo que necesitaba un libro de rutas (previendo que viajaría tanto como el bolsillo lo permitiera) y un par de periódicos que lo actualizaran en la vida de la región, buscó alguna librería o biblioteca, como la virgilio en donde tan bien la pasaba. O bueno, al menos con libros.
Y bien, después de pasear y comer algo (después de contestar preguntas de la policía local sobre un tal [wi] - [rra] - [letz]), finalmente dió con una librería que aún desde cierta distancia dejaba percibir un aroma a papel envejecido, a historia preservada. Estaba oculta entre una droguería -Apotheke Ewald- y el Supermarkt Jager. Y sin embargo, alguien que no buscara nada en particular necesariamente debería fijarse en ella sin duda. Ahora bien, aunque estaba interesado en leer un par de periódicos y comprar un libro para guiarse en los caminos alemanes, en el fondo estaba interesado en conocer cosas del mundo que le cabía en la cabeza pero no había pasado por sus sentidos externos. Tras considerar lo anterior (es decir, en menos de un segundo), este joven entró a buscar lo que creía necesitar, esperando -cual presentimiento- encontrar cualquier otra cosa.
Hegel, Cioran (el pobrecito Cioran...), Homero, Virgilio, Voltaire burlándose del pobrecito Leibnitz, Cassirer y cómo no, el prolífico don Anónimo. Y entre tantas palabras que esperan a ser redescubiertas -porque la memoria olvida-, tal como lo hizo aquel recursivo Buendía con hisopos de algodón, redescubrió algo que, como se dijo antes, no esperaba encontrar.
¿Qué podría ser? ¿Qué podría sorprender al joven nómada? A pesar de lo inusual que pueda parecer, y de lo pretencioso que se ve, nuestro protagonista retiró el polvo y la tierra germánica depositada sobre unas letras que brillaban débilmente, y leyó para sí, con una sonrisa entre prevenida y burlona: "Compendio de verdades perennes en la vida del hombre, tomadas de la experiencia de varios hombres ilustres dedicados al conocimiento, las artes y las ciencias más diversas". Como no, un título muy a la usanza de épocas antiguas. Y aún así, este lector casual se esperaba ríos de tinta dedicados a sandeces cual Lobsang Rampa, Hilda Strauss y similares. Pero bueno, ya había entrado a la librería a encontrarse con algo diferente; tal vez lo diferente estaba ante sus ojos. Y estaba en español.

Abrió el libro, que carecía de datos sobre autor, ISBN, lugar y fecha de impresión,... en efecto, tenía en sus manos un incunable, o al menos una buena falsificación. Lo que seguía continuó con la sorpresa.

"Nada es verdadero, todo está permitido".
"Mañana todo habrá terminado".
"Ama a tu prójimo como a ti mismo".
"Conócete a ti mismo".
"Gavo sucks!".
"Las cosas no afectan al lma pues son externas e inconmovibles, nuestra alteración procede sólo del juicio que formamos en nosotros mismos".
"Conoce, hombre soberbio, qué paradoja eres para ti mismo".
"Trahit sua quemque voluptas".
"Le présent est chargé du passé, et gros de l'avenir".
"Quid sit futurum cras fuge quaerere".
"Los regalos se deben entregar".
"Dios no nos envía la desesperación para darnos muerte, sino para despertar en nosotros nueva vida".
"Verba volant, scripta manent".
"Similus similaris curantur".
"Si quieres que tu surco sea profundo, ata tu arado al carro de una estrella".
"Churin churin fun flais".

Y así, cada página contenía sólo una frase, como dejando espacio alrededor a las ideas que genera cada una mientras es leída y releída. El joven continúo hojeando y ojeando, sin comprometerse demasiado con su prudencia característica. Entonces, cuando se aproximaba al final del libro, y después de recorrer siglos de historia humana condensados en conclusiones que al menos para alguien fueron importantes, se encontró con el aporte que el misterioso editor hizo al compendio. Como epílogo o colofón, estaban dos páginas manuscritas que dejaban leer lo siguiente:

"Amigo lector, si te has identificado con algo de lo que has encontrado en este libro, significa que te has unido al menos en espíritu, a alguna de las corrientes que han arrastrado masas hacia cualquiera de los puntos cardinales, siguiendo la luz que alguien prometía, terrenal o no. En consecuencia, quisiera advertirte que cada una de estas frases es sólo una historia descrita en pocas palabras, cual mitos, que busca describir lugares comunes a muchas personas. Pero sólo son eso, historias. Luego, de leer a seguir ciegamente, está sólo tu propia voluntad."

Pasó la página y encontró otro manuscrito, mucho más breve, que rezaba:


¡No sea pendejo!



-Vea pues -se dijo-, hasta irónico resultó el libro-.
Resultó ser una burla a la historia registrada de la cultura occidental. Y después de pensarlo bien, todos los libritos que sólo se quedan en darnos frases, buscando que los problemas propios de cada existencia tuvieran una solución común, todos ellos, se burlan de nuestra vida y de lo que en nuestra memoria reposa.

-Deberíamos apropiarnos -pensaba- de aquello que otros han construido, pero haciéndolo realmente nuestro, en vez de promulgarlo como una verdad absoluta simplemente porque a nosotros nos gusta (o nos ha sido útil)-.
Y sí, cada quien vive un momento similar alguna vez en su vida, creyendo que ha encontrado esa verdad absoluta en edición de bolsillo, esperando que su luz pueda iluminar a otros, así no lo necesiten. Es un pensamiento muy parecido al que concebían los europeos cuando se sentían iluminados por la luz de la razón, despreciando todo lo demás. Los absolutos son sólo nombres diferentes para lo que siempre se ha conocido como rebaño. Y como siempre, las ovejas son las únicas que nunca se enteran, hasta que se vuelven chuletas y sacos.

Detrás de la última página, casi que sin intención de ser vista, había una nota que decía "Traducción, edición e impresión: Nelson Álvarez. Año de Nuestro Señor de 1690. Badajoz". Ahora, todo tenía sentido. O al menos, eso creen muchos sin conocer el teorema de Bell. Y por favor, no sean tan pendejos!

Thanks to Gavo for this suggestion, despite the fact he sucks! =P
I hope all of you've enjoyed this one. I shall return.

Bis bald!!

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